lunes, 7 de mayo de 2007

La poesía de David González. Creatura 16.

La mejor forma de tomar consideración de lo que una obra literaria, un escritor, un poeta representa, se puede y se debe tomar con el paso del tiempo. Pocas obras se consagran a la primera, en su tiempo, necesitan de la revisión de profesores, investigadores, apasionados aunque tardíos lectores. De ahí que la crítica universitaria pose su mirada tan poco en la literatura más actual y sea la crítica periodística (si es que realmente existe una crítica periodística y no una mera maquinaria publicitaria) la que refleje el transcurrir de la última literatura. Es leída, es considerada, pero la opinión final, excepto prominentes excepciones, la dará el tiempo. Pese a ello y a todas las dificultades que esta y otras circunstancias nos imponen vamos a tratar de acercarnos a la poesía de uno de estos actuales poetas.
David González (San Andrés de Tacones, Gijón, 1964) es hombre de complicada biografía. Vive su infancia y su adolescencia en barrios marginales de la zona de Gijón, marcados por la pobreza, la necesidad y el gran auge del consumo de droga que se produce en los setenta y los ochenta. Diferentes avatares llevan al poeta a la cárcel. Tal vez sea el de la cárcel un tópico literario. Bécquer, Miguel Hernández, Cervantes, José García Nieto ya pasaron por allí, si bien el caso de David González no viene sino a desmentir este tópico: no es la cárcel una experiencia literaria, sino un aldabonazo que lo despierta a la literatura. En los casos citados anteriormente la cárcel viene al escritor cuando este ya es escritor y tiene conciencia de tal. En el poeta que nos ocupa la cárcel con su “reposo” y su obligada introspección llevan al poeta definitivamente a la poesía.
Es complicado separar en él su obra de su biografía, pues su obra se nutre especialmente de su biografía: su infancia picaresca, su adolescencia nebulosa, su paso por la cárcel y su posterior conciencia poética.
Su misma biografía de marginado lleva al poeta a tomar una especial conciencia de la vida y su devenir. Para él la vida no es un problema filosófico, ni epistemológico, no se trata de qué es la vida o de cómo comprender la vida. Tampoco es la vida un problema amoroso, su problema no son las relaciones personales. Su problema está circunscrito a su mismo nacimiento, a su infancia, a su experiencia vital: es un problema social. Su condición de paria de la sociedad le lleva a una visión crítica, dolida y escéptica de esa sociedad que lo ha llevado al margen, que lo ha desechado. “Mi primera peseta la gané/ nadando entre borra, raba, brea/ y cagayones.” Nos dice el poeta en uno de los poemas iniciales de su último libro. Evidentemente se despiertan recuerdos de su infancia, de su lucha primera por la vida y por lo injusto de esa vida que hace que unos, los no presentes en el poema, ganen su primer dinero sin esfuerzo, en su cuna, mientras otros, los del poema, deben nadar entre
desperdicios para ganarse una vida mísera, una mísera peseta. Así construye David González su poesía, a base de su biografía, de su lucha con la vida, vida mísera o triste o en ocasiones ni lo uno ni lo otro, simplemente vida:
“La tira de esparadrapo/ en la garganta de Inés Toledo,/ poeta. Laringe estrecha con las cuerdas/ vocales recompuestas, me dice./ Para que no me ahogue, me explica.”
Ese mismo hecho de circunscribirse a lo real y a lo propio del autor resta, en ocasiones, interés a este tipo de poesía. Si el autor consigue dar forma a sus vivencias y a su experiencia conseguirá una poesía de gran toque humano. Pero puede ocurrir por el contrario que esa poesía quede reducida a un largo fluir de episodios que por su propio carácter personal se vuelvan incomprensibles al lector, es decir que sean tan netamente personales y estén tan fuertemente contextualizados que si se sacan de ese contexto y no se ha vivido la situación quede la poesía reducida a la incapacidad.
Es sumamente difícil no caer en ese efecto cuando la poesía gravita en torno a la vida del poeta, cuando la poesía cuenta sobre todo la propia vida del poeta. En ocasiones le ocurre a la de David González. Nos encontramos con poemas de un corte tan personal, e íntimo que su comprensión, a pesar de ser clara y concisa, no llega al receptor como un poema en sí, sino más como una confesión que carece de interés al ser el poeta un personaje alejado de la vida del lector, al vivir el receptor en un contexto lejano al del poema.
Esta realidad, recurrente en toda la llamada “poesía de la experiencia” que recorre la literatura española desde finales de los setenta, podemos encontrarlo también en poetas de mayor fama y alejados del contexto social como Francisco Díaz de Castro o Luis García Montero.
Formalmente la poesía de David González cuenta con los grandes, y tal vez los mejores, argumentos de la poesía moderna. Es una poesía narrativa, antirretórica, antipoética en muchas ocasiones. Es una poesía clara con una gran carga comunicativa, que busca al lector por el lado más claro, que busca que ese lector entienda todo lo que se le dice y no tenga que interpretar y hacer extrañas cábalas hasta llegar a un posible significado de lo señalado en el poema. Dice lo que dice, significa lo que significa. Paradigma de esta forma de hacer poesía es el poema Metamorfosis: “sobre la almohada,/ en su lado de la cama,/ lo que a primera vista/ parece ser/ el pétalo de una rosa/ se revela, luego/ visto más de cerca,/ como un simple trozo,/ de cinta aislante.”
Si bien la poesía de David González se mueve en estos cauces formales, encontramos, en ocasiones, verdaderas gotas de poesía en la forma más clásica de la palabra: “La cara es el espejismo del alma.”
Es, pues, la de David González una poesía de experiencia, social, narrativa y que recorre el camino que más aciertos ha dejado la poesía española en su historia: el de la búsqueda de la verdad.
Dedicado a José Paulino Ayuso, profesor y maestro, por su antología y su bondad.

1 comentario:

juan francisco dijo...

Rubén, que tal andas. Hacia mucho que no pasaba por tu blog, pero es que como lo actualizas cuando publicas algo en creatura, pues hay que esperar un mes. Dale más vidilla y cuelga mas artículos. Un saludo