domingo 6 de diciembre de 2009

UNA IDEA CON ÉXITO. CREATURA Nº 46

En el mundo del arte hay ideas que parecen tocadas por el éxito. Ideas que se repiten una y otra vez. Ideas tan buenas que son usadas después por las generaciones siguientes con el mismo o más éxito.
En 1848 nació una de esas ideas exitosas que después ha sido profusamente repetida con una fortuna similar. Alejandro Dumas hijo escribió, a partir de una experiencia personal, la novelita La dama de las Camelias. La obra, una historia sentimental donde el lenguaje y los tópicos del romanticismo son fundamentales, fue un éxito desde el principio. Se agotaban las ediciones y las nuevas se volvían a agotar. Este éxito motivó que pocos años después el autor adaptara la obra al teatro. En 1852 se estrena la versión teatral. Un nuevo éxito. Un fulgurante éxito. La historia de la cortesana “aristócrata” que se enamora de un jovencito y sus penosos y tristes amores entusiasmaba a mujeres y hombres. El lenguaje del romanticismo y los tópicos de la época hacían propicio este éxito. Tenía todos los ingredientes necesarios para que el público la aplaudiera: amor, tristeza, emoción, un nuevo lenguaje en boga en el momento, expectativas que se incumplían continuamente, identificación por parte de la audiencia…
Estos ingredientes hicieron que la idea de Dumas hijo fuera un éxito del momento.
En esa época romántica, algo lejano de París, lugar de acción y de explosión de este éxito, Verdi conoce la historia de la cortesana y el joven y le inspira la creación de una ópera. Este hecho no es novedoso en el músico italiano. Durante la época romántica compondrá obras basadas en varios textos románticos tales como La forza del destino o Il trovatore basadas en obras románticas españolas ( Don Álvaro o la fuerza del sino y El trovador).
Con Francesco Maria Piave como letrista, Verdi compone la mejor ópera de la historia del género, la ópera de las óperas, La traviata. Corre el año de 1853, un año después del estreno de la versión teatral, cinco, sólo cinco, después de la aparición de la novela. Y ya es un exitazo. La ópera es la cima del género, la historia de la cortesana y el jovencito, de sus amores desgraciados se ha convertido en universal, ha saltado de género dos veces, de idioma, se le ha añadido música, se ha cambiado el medio, el lenguaje y aún así sigue siendo un éxito.
Sigamos en el mundo musical. La obra sigue conquistando adeptos. Basándose en la música de otro gran romántico, Chopin, el coreógrafo alemán John Neumeier realiza en 1978 un ballet en el que se desarrollan de nuevo las aventuras de Margarita y Armando o de Violeta y Alfredo y que nuevamente se convierte en un éxito.
Pero la cosa no queda aquí. Un nuevo lenguaje artístico empieza a desarrollarse a comienzos del siglo XX, un lenguaje que aprovechará cualquier idea buena de los otros, que, de alguna forma, puede aglutinarlos todos: es el cine.
Desde 1911 el texto de Dumas ha sido adaptado a la gran pantalla. La fuerza de la historia y su éxito ha atraído a numerosos directores, guionistas, actores de múltiples nacionalidades. La historia sigue interesando, sigue gustando, sigue adaptándose, sigue presentándose como emocionante para el público.
Tanto es así que en 2001 aparece una nueva visión de la obra de Dumas. Baz Lurhman adapta la obra sólo que le cambia el título, ahora pasa a llamarse Moulin Rouge. En la nueva obra se mezclan conceptos. La idea es la misma, un joven llega a París y quiere comerse el mundo. Conoce a una cortesana de la que se enamora. Y ella de él. Pero ella está enferma. Hay que añadir algún lío sentimental (en todas las versiones la historia se complica continuamente). Y el trágico final. Además se le añade música. Pero no la música de Verdi, sino música actual, música pop. Es decir, que se ha adaptado y actualizado la idea. Y esta vuelve a tener un gran éxito. Taquillazos continuos. Pases televisivos con gran audiencia. Y dos Óscars.La idea ha ido dando vueltas, ha ido adaptándose al momento o al arte que la ha requerido. La misma historia ha tenido varias versiones, varios lenguajes y aún así sigue enganchando al público. Es sin duda una idea exitosa esa que tuvo en 1848 Alejandro Dumas. Él contó una historia personal. Pero se convirtió en una historia universal. A él le valió la fama y el dinero. A todos los demás nos ha dejado sus representaciones, sus versiones, su éxito.

sábado 7 de noviembre de 2009

LA RUMOROSA. CREATURA 45

Le cantaban eso de “A la lima y al limón, que no tienes quién te quiera, a la lima y al limón, te vas a quedar soltera, que penita y que dolor, que penita y que dolor, la vecinita de enfrente, solterita se quedó”
Eso mismo le paso a Merceditas, Mercedes, doña Mercedes casi ya.
Todo soltero tiene un vacío que debe llenar: el tiempo. Tiene tiempo de todo, le sobra el tiempo y como nadie le molesta ni le obliga a hacer cosas, el soltero se ve abrumado por el tiempo. Eso lleva al soltero a tener ideas peregrinas. Porque tiene mucho tiempo libre. Y lo usa para pensar. Y se le ocurren muchas ideas. Casi todas malas.
Así le pasaba a Mercedes, que como tenía mucho tiempo libre lo tenía que ocupar en algo y lo ocupaba en inventar historias. Esto estaría bien si las hubiera escrito y se hubiera hecho unas tarjetas en las que pusiera: “Mercedes López. Escritora.” Pero no le gustaba escribir, a ella lo que le gustaba era contar cosas, hablar, hablar, hablar. Se podía pasar el día entero hablando. Si te cogía por la calle y le dabas un poco de carrete estabas perdido. En concreto tu tiempo estaba perdido. Te contaba todas las historias del vecindario, las de su familia, las de tu familia, las tuyas propias.
Por eso la llamaban La Rumorosa, que parece un nombre de zarzuela o de cuplé. Y es un poco de cuplé y de zarzuela había en Mercedes.
Un día veía pasar a una moza con un chiquito por la ventana de su casa y pensaba: “¿No serán novios estos dos?” como al día siguiente volvieran a pasar ya decía: “Confirmado, estos están liados.” Y lo propagaba a los cuatro vientos. Si eran dos solteros daba un poco lo mismo (menos cuando tenían intereses ajenos) e incluso se daba el caso de solteros que oían el rumor de que estaban juntos y se lo creían y salían juntos y se casaban. Y todo eso se lo debían a la Rumorosa. El problema era si uno de los dos estaba casado. También había provocado divorcios la Rumorosa, alguno divorcio agradecido, querido por ambos que no se atrevían, empero, a solicitarlo. Algún ramo anónimo le llegó a la Rumorosa, que feliz y contenta pensaba que tenía por ahí un admirador que la hiciera no ser soltera por nunca jamás.
Sus rumores favoritos eran los de parejas. Se complacía emparejando a la gente aunque fuera en sus historias. Alguna había que tenía en su haber más conquistas que ladrillos la catedral de Toledo. Por eso se granjeaban fama de chicas fáciles. Y cuando un muchacho no conseguía nada con ella decía: “Será perra, conmigo no quiere y con los demás…”
Cuando una mujer pasaba mucho tiempo sola delante de su ventana ella decía: “Esta es una estrecha” y esa fama crecía y crecía. A pesar de trabajar en el famoso club Leo. Pero la muchacha se complacía en ello, como Clark Kent en su doble identidad.
También cabía la otra posibilidad, Mercedes era una imaginativa mujer. Cabía la posibilidad de que fuera lesbiana. Y si siempre llevaba pantalones ya estaba claro: era lesbiana. Alguna probó las mieles del bello sexo sin habérselo nunca propuesto. Y dicen las malas lenguas que le gustó.
La Rumorosa inventaba a más y mejor. Pero nunca lo muy evidente. Si pasaba un chico con mucha pluma, nunca pensaba decir que era esto o lo otro o lo de más allá. Pensaba en que podía inventarle un novio, un marido, un hijo secreto de una vez que tuvo un desliz con una señorita.
Desde su ventana veía la Rumorosa pasar un hombre muchas veces. Y se preguntaba qué hacía aquel hombre siempre por allí, dando vueltas. Solo. No sabía qué pensar qué inventar. Se le pasó por la cabeza inventar que estaba allí por ella. Pero no le parecía creíble.
Un día en el mercado el pollero le dijo: “Mercedes que me han dicho que te has echado novio” ella miró extrañada y sonrío: “Ojalá, Marianín” y luego en los congelados: “Mercedes, quién es novio que te has echado” “No sé quién será pero a ver si lo conozco ya”Y en todos los puestos igual. Empezó a pensar si no era cierto. Si no tendría un novio y ella no lo sabía. Así que cuando vio al hombre aquel paseando ante su ventana se arrancó y le dijo: “¿Qué? ¿Vamos donde siempre?” Y él dijo. “Claro Merceditas donde siempre, pero hoy, antes pasamos por la Iglesia a ver como va lo de nuestra boda”. Pero la historia de la boda de la Rumorosa ya es otra.

domingo 11 de octubre de 2009

LA PERVIVENCIA DE LA IDEA QUIJOTESCA. CREATURA Nº 44

Tal vez la forma más sencilla de definir un clásico es decir que es una obra que por más que pasa el tiempo no pasa de moda, que se puede seguir disfrutando como el primer día, incluso que el tiempo ha ido enriqueciendo sus matices, su calidad.
De entre todas las obras de la literatura española tal vez la que mejor entra en esta definición de clásico sea el Quijote. Añadamos a esto que un clásico es una obra que también tiene una influencia comprobable en el resto de la producción artística de ese u otro arte. Esa pista es la que seguiremos ahora con el Quijote.
El trazo quijotesco se percibe en muchas obras a lo largo de la literatura y el arte mundial. En varias de sus facetas. La creación de una pareja antitética que se complementa y que va variando según varía el otro personaje es tomada después por muchos otros. Tal vez el mejor ejemplo es el del escritor inglés G. K. Chesterton, declarado quijotista, que en sus novelas siempre introduce esta dualidad de personajes, de un personaje que es todo imaginación y de otro que es práctico. La huella que el Quijote deja en Chesterton llega incluso a la composición de una obra llamada La vuelta de Don Quijote.
Esta idea de la pareja de personajes (recordemos que la pareja es el mejor ingrediente para cualquier comedia) no es la única en la que el Quijote ha influido. La principal influencia, y creación pues es original de la obra cervantina, es la de un personaje que asume la ficción como un hecho real, que confunde la realidad con la ficción. Ejemplos recientes de esto podemos encontrar en la que es tal vez la obra cómica más importante de los últimos veinte años, Los Simpsons. Los guionistas de la serie cuentan con Homer un personaje que confunde la realidad con la ficción que ha contemplado en películas o en la televisión. Homer es un personaje quijotesco en el sentido de asumir la ficción como una realidad, de creer que las cosas son como aparecen en la ficción, en sus películas, igual que el Quijote confunde la realidad con lo que aparece en los libros de caballería.
Así la interpretación de la realidad por parte de Homer se asemeja a la del Quijote y si este ve gigantes donde sólo hay molinos, lo mismo le sucederá a Homer cuando contemple en la realidad algo similar a lo que él ha visto. Ejemplos de esto hay muchos durante la serie, pero baste señalar el episodio en el que Homer entra en la universidad. Todo lo que se desarrolla a partir de entonces es una lucha entre la realidad de la universidad y la realidad de Homer que entiende que esa realidad ha de ser la que él conoce de películas sobre universidades como Los albóndigas en remojo, Desmadre a la americana o La revancha de los novatos.
Como no, y siguiendo su inevitable camino de copias, en Padre de Familia encontramos el mismo esquema. Peter y sus amigos creen ser el equipo A y salen a la calle a salvar a la gente del caos que ellos mismos provocan. ¿Algo más parecido a Homer? ¿Algo más parecido al Quijote?
Pero pongamos el énfasis de este breve recorrido por una de las pervivencias del quijotismo en una obra de suma importancia. Una obra que revolucionó los esquemas de su arte, que cambió la forma de pensar y trabajar de aquellos que se dedican al mundo el cómic. Hablamos de Watchmen, la obra que Allan Moore publicó entre 1986 y 1987. En ella vemos como un grupo de personas normales tratan de salvar al mundo asumiendo el cargo de vigilantes. ¿Cómo llegan a eso? Búho Nocturno el primero de estos vigilantes, algo así como superhéroes sin poderes que luchan contra el crimen, lee muchos cómics de héroes y piensa y desea ser uno de ellos. Un día decide que ha llegado el momento de dejar de desear y de pasar a la acción y empieza a salir a patrullar las calles vestido con el traje de un búho. Influido por sus lecturas, impresionado por ellas, decide poner en práctica lo visto, decide ser un héroe. Al igual que Alonso Quijano que de tanto leer libros de caballerías acaba por creerse uno de ellos y sale con una anticuadísima armadura a desfacer entuertos, Hollis Madison se viste como un superhéroe y decide solucionar el crimen en la ciudad.Como vemos la importancia de una obra se ve no sólo en su calidad, en su éxito, sino también y fundamental en la huella que deja en lo porvenir.

viernes 28 de agosto de 2009

EN LA CAMA. CREATURA Nº 43

Como ya habían terminado de hacer lo que tenían que hacer estaban los dos en la cama, quietos y silenciosos sin saber qué decir ni qué hacer. Ya habían conseguido lo que querían y sabían que este tiempo les sobraba. En el bar donde se habían conocido ya se lo habían dicho todo. Qué brazos tienes. Gracias voy al gimnasio. Un guiño, una sonrisa. Todo hecho, todo dicho. Luego a la casa, los besos, la desnudez, los gemidos, el sudor, los líquidos. Y se acabó. Ahora ya no tenían nada que decirse. Ambos buscaban una excusa para quedarse solos, uno para irse, la otra para que se fuera. Ahora mismo ya se molestaban. Qué tío más pesado, por qué demonios no se va ya con su mujer o con su madre, lo que sea que tenga. Qué tía más plasta a ver cuando puedo largarme, que se haga ya la dormida. Ella lo cogió, se hizo la dormida, o la despistada. Él aprovecho para quitarle un cigarro y un billete de diez y se fue. Bueno, antes trató de averiguar cómo se llamaba, pero no lo consiguió. Bueno, pues María mismo, que es universal.
****
Como ya había terminado de hacer lo que tenían que hacer estaban los dos en la cama, quietos, esperando que el otro hablara. La situación era un poco ridícula. Claro que había sido ridícula desde el principio. No te llamas Carmen. No. Pues yo me enamoré de una Carmen, era más fea que tú. Risitas tontas. Toma una copa. Toma un cigarro. No fumo, eso es malo para hacer ejercicio. Qué ejercicio haces. El amor. Será para menos. No, soy un profesional. Habrá que comprobarlo. Claro. Besos y esas cosas. Y luego a la casa de él. No era la casa de un atleta. La nevera estaba llena de refrescos para mezclar con alcohol. El congelador lleno de hielo. En el baño múltiples artículos depilatorios. Muchos perfumes y cremas. Parecía su casa y era la de él. Después del ejercicio, sudor, gemidos, te gusta ¿eh? No digas que no te gusta, besos, abdominales cuidados, cama perfecta, condones de sabores, líquidos, estaban ahora los dos tumbados. ¿Por qué no me dice ya lo bueno que soy? ¿A qué espera? Joder, este tío es un gilipollas. Y no es tan bueno. Me han hecho cosas mucho mejores. Y ya en voz alta, ¿A qué ha gustado, eh? ¿A qué no mentía? Y ella pensando en la compra.
****
Como ya había terminado de hacer lo que tenían que hacer estaban los dos en la cama, quietos, hablando, sin dejar de hablar, eran como dos cotorras. Y encima se reían. Qué buen rollo pensaba él. Qué buen rollo pensaba ella. No habían dejado de hablar desde el principio. Desde que se habían conocido en el bar. De dónde eres. A qué te dedicas. Estás sola. Esas son mis amigas. Son más guapas que tú. Imbécil. No habían dejado de reírse todo el rato. Parecían un poco tontos. Incluso durante los besos, las caricias, los gemidos, les había salido también la risa. Un poco se habían cortado. No lo estaré haciendo tan mal que se está riendo de mí. Y un poco sí era así. Pero eran dos inexpertos. Y lo importante era ahora. Reírse. Hablar. Seguir con los vaciles. El rollito que se traían. Podrían quedar otro día. Seguir hablando, riéndose, mejorando sus técnicas. Él tenía que mejorar muchas cosas. Ella también. La había mentido. No lo hacía tan bien como ella creía. Pero así podría mejorar. No pensaban callarse. Parecía que iban a estar así toda la noche. Que les quedaba mucha cuerda. El vecino pensó que se podían callar de una vez, joder.
****
Como ya habían terminado de hacer lo que tenían que hacer estaban los dos en la cama, quietos. Ella hablaba y hablaba. No había dejado de hablar en todo el rato. Él no había hecho nada en realidad. Sólo había dicho su nombre y había puesto las orejas. Ella había hablado de su ex, de su madre, de su perro, de su trabajo y había dicho justo cuando él ya tenía la excusa perfecta para largarse ¿vamos a mi casa? Y se habían ido a su casa. Allí ella no había dejado de hablar en ningún momento. Temió por las partes importantes de su anatomía, porque ni siquiera con la boca llena parecía que iba a dejar de hablar. Por suerte lo hizo. O más bien se dejaba la boca vacía y hablaba. Era una pesadilla. Describía hasta el placer, palabras todo el rato. Le había desconcentrado. Claro que eso le había hecho aguantar más. Ahora ella seguía hablando ya no sabía bien de qué, tendría que escucharla para ver si cogía algo y decir sí o no o algo. Repescó la excusa para largarse que tenía pensada y la usó. Pero ella seguía hablando y no se dio por enterada. Rezó para que algún día parara. Pero también habló en sueños.

lunes 3 de agosto de 2009

LUIS DURÁN. CREATURA Nº 42

No soy un gran conocedor del noveno arte. Ni está entre el primero de mis intereses. Pero tengo que reconocer que de un tiempo a esta parte ha ido ganando en mi consideración muchos enteros. A la lectura, como muchos otros, llegué con Tintín, Asterix, Spirou (cómo me gustaban las aventuras de Spirou y Fantasio) o Mortadelo. Pero lo que no sabía todavía es que más allá de presentar historias clásicas de aventuras, historias bien dibujadas, divertidas y entretenidas, el cómic podía llegar más allá ser más.
Por casualidad llegué a Luis Durán. Fue una recomendación y me entregué a su lectura. Comparando su obra con lo que conocía del cómic me chocó. No era un cómic como los otros. No tenía color, sus dibujos no eran llamativos. En él no se presentaba la historia de un héroe, de un héroe de los clásicos, de los antiguos, un héroe que se enfrenta a un problema y que gracias a sus cualidades y a su determinación consigue derrotar ese problema, consigue salir vencedor de cualquier circunstancia por dura y complicada que sea. No eran así los héroes que encontré en las obras de Luis Durán. Eran héroes que no querían serlo, héroes solitarios, que no tenían tras sí una colectividad, un grupo humano que salvar, sino simplemente una historia personal. Eran héroes torturados, con problemas de aceptación, de situación en el mundo. Héroes expulsados de la realidad, de la sociedad.
Busquemos ejemplos. En Caminando por las colinas de arena nos encontramos con un héroe. Es un indio americano. Para conseguir ser un hombre y aceptado por la tribu ha de realizar un ritual de paso. Ha de matar a un oso sin armas. Pero como no es héroe, no un héroe consciente de serlo, un héroe poderoso, huye y se exilia de la tribu a la que no podrá volver ya nunca. Este es el héroe típico de Luis Durán. Uno que no lo es. Y como mucho es obligado a serlo. Otro ejemplo, Atravesado por la flecha. Bernard se distingue en el campo de batalla como un gran guerrero. Pero no le gusta su trabajo. La guerra. Es herido. Está muerto sin estarlo. Es atravesado por una flecha que al ser sacada provocará su muerte. Y es ahí donde se convierte en un héroe a pesar suyo. Los demás le toman como ejemplo Un grupo cada vez mayor de gente sigue a Bernard que no les lleva a ningún lado. Que no puede ser su héroe, su jefe, pero que acaba siéndolo pues las circunstancias le obligan a serlo. Y se convierte en la referencia para muchas personas, en la esperanza de un mundo mejor. Bernard sabe que no puede ofrecerles ese mundo y prefiere morir finalmente antes que seguir engañando a la gente.
Estos son los héroes de Luis Durán. Héroes que lo son a sus expensas. Héroes que no buscan ser héroes, empujados por las circunstancias y por el momento a ser lo que no han querido ser, lo que, por otra parte, no tienen más remedio que ser.
Además encontramos que esos héroes que no quieren ser héroes son reflejos de los héroes de los cómics clásicos, de los géneros típicos de los tebeos: caballeros, piratas, indios, etc.
Otra cosa de los tebeos de Durán que sorprende es la facultad del autor de contar historias. Parece como si hubiera comprendido que básicamente el hombre es un ser narrativo, que tiene la necesidad de contarse a sí mismo de contar su historia y la del mundo que lo rodea para así poder entenderlo, conocerlo, saberlo y tal vez transmitirlo a los demás.
En los libros de Durán hay siempre alguien que cuenta una historia. Alguien aparte del narrador. Tienen que contar su vida anterior. O un cuento relacionado con algo vivido. Como si la narración fuera la llave del conocimiento. Podemos incluso encontrar interrupciones en la normal narración de las historias, un aparte para que alguien cuente sus historias. Así sucede en Antoine de las tormentas, donde los cuentos de mamá Irene, interrumpen la narración progresiva de la historia, pero a la vez aportan, con un cambio de historia, de perspectiva, un nuevo punto de vista.Hemos de acabar ya pues se nos queda corto el espacio para seguir hablando de la obra de Luis Durán, de sus cómics, de sus historias, de sus personajes, de sus narradores, de su significación última que va muchas veces más allá de lo narrado. Seguiremos como uno de sus personajes, intentando ser animales narrativos.

miércoles 1 de julio de 2009

COLABORACIÓN BIZARRA. LA HISTORIA JAMÁS CONTADA. LEONCIO VS. LOBEZNO. CREATURA Nº 41

Ahora que ya conocemos su triunfo, hablar de la serie Leoncio no tiene ningún mérito, pero, ¿cómo llegó ese éxito? ¿cómo se convirtió Leoncio en el gran héroe que es? ¿cuál es la historia de su nacimiento? Aunque pocos lo sepan Leoncio no es más que una copia de otro personaje más antiguo. La desaparecida casa de cómics, conocida irónicamente por la “casa de las ideas”, Marvel, creó allá por los años ochenta una serie de cómics basados en héroes dotados de prodigiosos poderes provocados por mutaciones espontaneas de su ADN. Uno de esos héroes era Lobezno. Asociado a un lobo por su aspecto peludo, el héroe de Marvel pasó sin pena ni gloria por la serie X-Men que tampoco fue demasiado exitosa que digamos. La “casa de las ideas” (malas ideas debió tener) cerró a principios de los noventa acuciada por las deudas y la pésima gestión editorial, creativa y económica. Sin embargo de la génesis de sus mutantes y de Lobezno nació la mayor casa editorial comiquera de la historia, la J. Fry. Como todos sabemos el gran éxito de la Fry, tal y como se la conoce, fue Leoncio. Este humano con superpoderes, cura instantánea, rehabilitación, aguante de cualquier dolor, casi inmortalidad, vida larga y tortuosa y torturada, se convirtió desde el principio en la gran baza de la casa que pronto empezó a diseñar y dibujar una serie sólo para él. Al principio Leo, como se le conoce o Hogan su verdadero nombre y con el que los entendidos le asocian, formaba parte de los Mutados, grupo heroico que luchaba contra el mal y contra la superstición que los consideraba poco menos que animales. Pero la personalidad de Hogan era tal y sus posibilidades tan grandes, se le podía dibujar un pasado y hasta un futuro sin fin, puesto que no envejece o no parece envejecer y no muere, que la Fry se lanzó a hacer una serie sólo de nuestro héroe. Allí nos enteramos del duro pasado de Hogan, de la muerte de sus padres, del asesinato de su mujer, de su violenta venganza y de cómo, gracias a su poder de recuperación es sometido a una dura terapia que le convierte en una especie de híbrido de león y humano con una fabulosa melena, un característico rugido (copiado, no lo olvidemos de la Metro) y una garras que le salen de la nada y que son su arma más mortífera y feroz. Además Hogan es un rebelde, un hombre duro, solitario, silencioso, algo así como un nuevo Bogart. ¿Qué fue de Lobezno? ¿Quién lo recuerda? Nadie o casi nadie, sus aventuras son hoy desconocidas. Tal vez sobreviva Lobezno en el espíritu de Leoncio. Tal vez. James Howlett, Logan
Para Jose Luis, creador de grandes éxitos.

INTERNET KILLS THE PORN MAGAZINE. CANALNOSTALGIA BIZARRO. CREATURA Nº 41

Queridos amigos de Canalnostalgia, este mes nos ocupamos de un añorado por muchos elemento de liberación y a la vez un elemento desechado por el tiempo, un invento superado por la imaginación siempre en funcionamiento del hombre moderno, ¡Gloria a la tecnología y el pensamiento digital! Hablamos, queridos míos de mi corazón, de la Revista Porno.
Internet kills the porn magazine
Bender, consumidor de Revistas porno.
“Burger King es una mierda” Porque siendo honestos: ¿Quién negará haber visto, ojeado, hojeado (si es que se podía) una de estas revistas, tan denostadas, que se compraban ocultas con el periódico o la revista intelectual de turno (desde la desaparición del porno cuántas revistas ha vendido Época)? Eran un gran invento, muy útil.
El último representante de esa literatura para leer con una sola mano que tantas alegrías ha dado a tantos. Mujeres lúbricas, en poses fabulosas, con hombres que, no nos engañemos, no importaban un pimiento, hacían las delicias de adolescentes y salidillos en general a lo hora de aliviar sus tensiones. Porque, aunque parezca mentira, la imaginación del pajillero se agota y ahí venía la revista a dar ideas, a mostrar lo que se pensaba, a ayudar a recuperar la perdida potencia.
Guardadas bajo la cama, o escondidas en el fondo de los cajones donde todo el mundo sabía que estaban aunque nadie lo admitiera. “No mires ese cajón que tiene mi hermano ahí el porno”. Y no mirábamos porque aún éramos pequeños, pero más mayores siempre había quién hacía una incursión en esos prohibidos cajones donde mujeres imposibles nos ofrecían todo lo que tenían. ¡Qué hospitalarias mujeres que daban todo por apenas 200 pelas!
Tenían, todos lo sabemos, muchos inconvenientes. Pasar las páginas en esos momentos cruciales no era nada fácil. El hecho de tener que sujetarlas con las manos. Y, por asqueroso que les parezca a muchos y a muchas, sus páginas imposibles de leer porque estaban pegadas.
Por eso la tecnología, que avanza que se las pela y que está dominada, a qué engañarnos por pajilleros pseudoadolescentes, fue arrinconando a la revista porno no en el cajón o en el kiosco, si no directamente en la desaparición lo que ha supuesto por el contrario la proliferación de revistas de caza, motos o confección de flores de papel con papel pinocho.
La revista ha salido de las manos de los adolescentes y los pajilleros (excepto de los nostálgicos o de Bender D. Rodríguez, prodigio de lo digital pero amante del porno analógico) para ser sustituida por internet, ese red global de pornografía (no otra cosa es internet, una forma de universalizar y compartir cualquier perversión que a un tipejo de cualquier lado del mundo se le ocurra y que ya le habrá ocurrido a un japonés antes), que con su muchísima variedad y posibilidades (¡porno en directo, amigos pajilleros!) ha derrotado finalmente al papel. Es verdad que el papel acababa mojado, manchado, pegado y oliendo mal, pero esa posibilidad de tocar a la fabulosa siquiera fuera en papel es difícil de igualar. Lo mismo ha sucedido con el VHS muerto por su incomodidad (adelante atrás todo ese ruido la posibilidad de que se rompa, se enganche) y sustituido por el DVD y su selección de escena y de imagen (por fortuna para los admiradores de Melanie Coste o Nacho Vidal), la revista ha sido sustituida por nuevos formatos, mejores formatos, pero que no tendrán nunca la cualidad y la tangibilidad de la revista. Si bien esa tangibilidad fuera tantas veces tan asquerosa.
Volvamos por un día nuestras fantasías al Lib, al Penthouse, y cambiemos un rato de Canal, dejemos internet y… ¡Squirt, Squirt, Splash!