viernes, 25 de julio de 2008
EL HOMBRE QUE UNA VEZ LEYÓ UN LIBRO. CREATURA Nº 30. DELIRIO VANO È QUESTO!
Había una vez un hombre que vivía solo en su casa. Como el resto de los hombres nuestro hombre se dedicaba a ver fútbol, escuchar canciones ruidosas, buscar sexo y esas otras cosas que hacen los hombres y que vosotros que sois más listos que yo ya sabéis.
De vez en cuando nuestro hombre leía un periódico. No uno de verdad sino uno de esos que sólo hablan de amor y sentimientos: un periódico deportivo. Cogía el Marca y se podía estar con él toda la mañana, mirando las fotos de Raúl González Blanco (El que nunca hace nada), mirando las fotos de Guti o mirando otras fotos amorosas. A veces incluso leía los artículos de opinión y hasta las crónicas de los partidos.
Sucedió que un día nuestro hombre, que ya es hora de que lo sepáis era alto y feo como un edificio moderno, estaba aburrido sin saber qué hacer. Se había ido la luz y no le funcionaba la tele, ni el ordenador ni otros proporcionadores de porno. Las revistas de mujeres desnudas se las había regalado a la Iglesia para los pobres que también necesitan aliviar su situación. Se puso nuestro hombre a buscar cosas que hacer: rellenó treinta y tres crucigramas (copiando siempre las soluciones), miró todos los cuadros que tenía en casa (tres) y todas las
fotos (quince) y al final muerto del aburrimiento se puso a buscar entre las cosas que tenía de una novia o similar (con similar digo que tal vez no fuera una novia novia sino una novia novio) que se fue un día a comprar tabaco y no volvió. Entre esas cosas encontró nuestro buen hombre un libro. Sólo uno. Al principio lo abrió sólo para mirar las fotos, que eran bastantes, pero luego empezó a leerlo y a leerlo y a leerlo. Sin darse cuenta habían pasado tres horas, había vuelto la luz y había leído diez páginas. El libro aquel le estaba encantando a nuestro hombre. No entendía mucho de lo que decía porque parecía estar escrito a mala leche, para que no se entendiera bien a la primera y hubiera que comprarlo otra vez para volver a leerlo y ver si te enterabas de lo que pasaba de verdad. El libro estaba escrito por un tal Antonio Gala y trataba de una mujer que se enamora y lo deja todo por amor. Nuestro hombre deseaba ser ese hombre fuerte y duro por el que la mujer deja todo lo que conoce. Pero él no era de esos hombres en la vida real. En la otra sí, en la de los libros, y así se fue aficionando a leer. Tres meses más tarde ya había comprado una estantería que ocupaba gran parte de lo que ahora él llamaba su despacho. Antes era el cuarto del perro que ahora dormía donde podía. La estantería era grande y parecía aún más grande con los cuatro libros que había en ella.
Tres de esos libros esperaban a que terminara el primero que había empezado. Cuando le cogió el ritmo era capaz de leer veinte páginas en un día, un libro en mes y medio. Así leía y leía y leía. Fue aprendiendo cosas. En África la gente era negra porque los negros eran más simpáticos y así podían bailar toda la noche sin cansarse. Por eso ganaban siempre las olimpiadas. También aprendió que las mujeres siempre quieren que les regalen flores y que les toquen con delicadeza los tobillos. Llegó un punto en el que había leído ya veinte libros. Estaba hecho todo un experto. Iba a la librería – papelería del barrio y se pasaba allí cuartos de hora enteros eligiendo su posible nueva victima. Así le gustaba llamar a él a los libros que leía. En la papelería había una dependienta muy guapa que media metro ochenta y tenía unas manos gigantescas. Ella se enamoró de él. Pero él estaba a otras cosas. Lo que él quería más que ninguna otra cosa era leer. Pero las insinuaciones de la papelera le llevaron a fijarse en otra cosa. En la papelería vendían bolígrafos y cuadernos. Él podía comprar uno y empezar a escribir. Sólo tenía que contar cosas como las contaban los otros que tampoco eran tan buenos. Bueno algunos sí, pero los otros eran malísimos y no tenían ni idea de cómo se debe de verdad escribir. Compró el cuaderno y un boli bic y se puso a escribir febrilmente. A los cuatro meses ya tenía tres novelas y
un volumen de cuentos preparados para ser publicados. Lo que no entendía era por qué las editoriales se los devolvían siempre. Su afición a la lectura y a la escritura le llevó a descubrir las bibliotecas. Pero no le gustaban porque estaban llenas de bibliotecarios que decían muchas cosas sobre autores que él sabía de buena tinta que eran unos mamarrachos. Así que seguía con su librería – papelería y su cuaderno y su boli bic. A veces se iba al parque a leer o a escribir. Le relajaba. Allí se le acercaba gente y le preguntaba qué leía o qué escribía. Él contestaba dependiendo de si preguntaba una mujer o un hombre. A los hombres les despedía con cajas destempladas o templadas no sabemos muy bien cómo usaba él las cajas. A las mujeres trataba de impresionarlas con su erudición. Pero sólo conseguía eso. No conseguía llevárselas a la cama. Como todo está relacionado empezó a leer revistas literarias. Aunque en ellas solían escribir filólogos. Los filólogos son tipos siniestros que viven de lo que escriben los demás porque ellos no saben escribir. Unos fracasados. Enviaba cartas a esas revistas y siempre recibía buenas repuestas. Se fue creciendo. Le publicaron algunas cartas. Y fue tan feliz que, como a Remedios la Bella, un día el viento se lo llevó.
A Juan Pablo, José, Leandro y Juan Ignacio.
jueves, 26 de junio de 2008
PACO DE LUCÍA ENTRE DOS AGUAS. CREATURA Nº 30. BIZARRO. EL SONAJERO.
Pero si hay algo de Paco de Lucía que trascenderá en el tiempo es Entre dos Aguas. Perteneciente al disco Fuente y Caudal de 1971, la canción es un auténtico éxito desde el principio. Primero su bajo intenso después, su ya clásico punteo y luego su ritmo de rumba de pellizco, tan fácil y tan
majestuoso a la vez. Más tarde entran los timbales y la composición crece y se vuelve la canción más triste o la más alegre del mundo. Porque la canción varía contigo, crece contigo y te hace distinto dependiendo del momento. No sabemos qué pensaría Paco cuando la estaba componiendo, pero ha resultado, así como el que no quiere la cosa, la composición más grande la música española en los últimos 40 años.
Por último una curiosidad. Un tiempo antes de que naciera Entre dos Aguas el grupo las Grecas cantaba “Te estoy amando locamente…” ¿No recuerda mucho ese ritmo de rumba al que después encontramos en Entre dos Aguas?
Rumba de pellizco, dos compases:
La m, Si m, La m, Si 7ª.
CALVIN Y HOBBES. CREATURA Nº 30. BIZARRO PASADO VANO É QUESTO!
CAlvin and hobbes
Por Macho Omega.
EL AUTOR.
Bill Waterson nació en 1958 en Washintong D.C. Estudió Ciencias Políticas. Comenzó trabajando de caricaturista político pero como no destaca en ese ámbito pronto lo dejó. Más tarde comenzó una corta carrera como publicista. Pero se aburría y decidió dejarlo todo para dedicarse a su gran pasión: dibujar. Creó entonces los personajes de Calvin & Hobbes que le han dado fama mundial. En 1995 y con 38 años Waterson anunció su jubilación y no ha vuelto a publicar nuevos libros ni viñetas. Hay mucho misterio en torno a este hombre de aspecto de oficinista.
Esta es prácticamente la única foto que se tiene de él. No suele conceder entrevistas ni salir de su ámbito privado. No le gusta la fama y la popularidad. De hecho pese a ser uno de los autores más leídos y vendidos siempre se ha negado a que con sus personajes se cree merchandising: no hay camisetas, tazas ni ningún otro objeto que tenga que ver con Calvin & Hobbes o lo que es lo mismo, los que hay son falsos. Se cuenta que durante un tiempo se dedicaba a firmar furtivamente en los libros que encontraba en algunas librería y que después eran adquiridos por alguien al azar que se sorprendía ante el autógrafo de Watersson, pero cuando se enteró de que algunos de esos libros eran vendidos por sumas muy altas en pujas de internet dejó de hacerlo.
LOS PERSONAJES.
Calvin & Hobbes son los personajes principales de esta en principio tira cómica que después creció y se vio convertida en albumes y libros. Calvin es un niño pequeño que va a la escuela y que tiene mucha imaginación. Hobbes es su tigre de peluche que cobra vida cuando los dos están solos gracias a la portentosa imaginación de Calvin. Calvin toma su nombre de Calvino y Hobbes del filósofo de su mismo nombre. Este hecho es una clara declaración de intenciones por parte del autor que hace que ambos personajes reflexionen, desde su punto de vista cómico e infantil sobre los principales asuntos que ocupan la vida humana. Así llegan ambos a conclusiones sorprendentes y siempre lúcidas y divertidas, sin olvidar, por supuesto que Calvin no es más que un niño y que siempre observa el mundo desde ese lado infantil e ingenuo de los niños, buscando siempre explicaciones propias a su personal racionalización de la vida.
Aparte de Calvin y Hobbes las historias cuentan con otros personajes como: Sussie, la vecina de Calvin y su contrario, siempre viva e inteligente, hábil y avispada. También encontramos a los padres de Calvin, que miran el mundo desde el otro punto de vista y dan el contrapunto a las explicaciones y teorías y aventuras de Calvin.
En la tira cómica hay otros personajes que no son más que el alter ego de Calvin, cuando dormido o fantanseando en casa o en el colegio se dedica a explorar otros mundos y luchar contra extraterrestres
que son en realidad los deberes o la verdura, como en el Quijote los gigantes son molinos). Así encontramos al capitán Spiff o a Estupendo Man, superhéroe, o Bala Rastreadora, detective al estilo Bogart. Así vemos como el mundo se recrea en la cabeza de Calvin a su propio estilo y con sus técnicas infantiles.
EL ÉXITO.
Desde el mismo momento de su publicación el estilo entre infantil, absurdo y filosófico de la tira causó un gran impacto e hizo que el autor obtuviera un gran éxito. Ha vendido millones de libros de sus personajes y sus tiras, pese a no publicarse desde hace más de diez años, siguen publicándose en periódicos de todo el mundo (en España se publican en el País los domingos). La gran calidad de las historias llevó a Waterson a ganar varios premios.
La tira cómica y los libros son el trabajo de diez años, pero sólo de diez años (la primera data de 1985) pero aún así han bastado para que el autor sea uno de los referentes principales del caricaturismo y el cómic de los últimos años. Y cómo no, han creado escuela, sólo basta con ojear alguno de los periódicos o suplementos infantiles de los domingos para ver cómo Calvin & Hobbes andan todavía por ahí.
Así que ya sabéis si compráis el periódico un domingo o si visitáis la sección infantil de una librería buscad a Calvin y Hobbes, no defraudan.
sábado, 31 de mayo de 2008
PERSPECTIVA. CREATURA Nº 29.
Todo en la literatura es perspectiva. De hecho todo en la vida puede resultar un problema de perspectiva, de punto de visto, de lugar desde el que mirar. Malentiendo a Einstein dicen muchos: “Todo es relativo”. Es lo mismo que intentamos decir. Todo depende del lugar desde el que miremos.
En literatura el punto de vista lo es todo. En la vida también. “El ser definitivo del mundo no es materia, ni alma, no está en cosa alguna determinada, sino una perspectiva…” dice Julián Marías.
Todo depende del lugar desde el que se mira, que es también el lugar desde el que se cuenta. Ya lo explicó Woody Allen en Melinda y Melinda película que narra dos veces la mima historia, una vista desde el punto de vista de un autor dramático, otra desde el punto de vista de autor cómico.
Así, la vida, la literatura que viene a ser lo mismo, no es más que la perspectiva que vamos tomando de ella.
La literatura será trágica, cómica, humana, cruel o absurda dependiendo de la perspectiva desde la que mire el narrador.
A esto sólo hay que añadir una cosa: el “yo”. Todo quedará siempre deformado irremisiblemente por el “yo”. Al menos a la hora de la creación. En la recreación (o lectura) interviene también el tú que reinterpreta la información del narrador a su manera. Pero de momento dejemos eso a un lado y centrémonos sólo en el narrador.
Dice Wenceslao Fernández Flórez que el humorismo, el humor, es una forma de vida. O lo que es mismo una perspectiva desde la que mirar el mundo. También lo dice Miguel Mihura: “El humorismo es reírse cuando encuentras a tu mujer en la cama con otro” viene a decirnos el bueno de Mihura. Por lo tanto el humor no depende tanto de la recepción, sino de la intención del emisor, del punto de vista donde el emisor decide colocarse para interpretar el mundo.
Así, hay grandes autores de dramas y grandes cómicos. Autores que lo ven todo como una novela policíaca y otros que no ven más que novelas de aventuras. Los partidarios de la teoría de la conspiración ven misterios y engaños por todas partes.
Esto se ajusta perfectamente a la teoría básica de la novela, el teatro, el cine o cualquier otro arte que devenga en la narración de unos hechos concretos, mas, qué sucede con la poesía, con la pintura, con ese otro arte que no pretende tanto narrar cuanto expresar una idea, un sentimiento, captar un instante, que no es narrativa de por sí.
Si el “yo” modifica totalmente la narración de un hecho, la poesía, arte personal, arte del “yo” por por excelencia, es evidente que se encontrará absolutamente mediatizada por la presencia continua de ese “yo” a la hora de expresar.
“Yo no puedo darte más, no soy más de lo que soy”. Dice Pedro Salinas, o: yo sólo soy yo.
José Antonio Muñoz Rojas (al que hemos de dedicar al menos un artículo en el futuro) es el que mejor ha contado esa experiencia del poeta, imbuido en sí mismo, con una perspectiva única del mundo para contar lo que le sucede:
Si cuando pienso en la isla desierta
No estuviera pensando en mí mismo,
Si cuando me siento en una piedra en lo alto,
No estuviera pensando en mí mismo,
Si cuando me visto, me desnudo o me afeito
No estuviera pensando en mí mismo,
No estuviera ahuyentando fantasmas
De mí mismo
Los muchos fantasmas del yomismo
Que soy,
Si me desenterrara y me rayerra
De este yomismo que soy,
Quizá sería un hombre libre.
O lo que es lo mismo, el poeta no puede salirse de sí mismo, no puede ser más que él mismo ni expresarse fuera de su ámbito, no puede descamisarse del que es en realidad, ni para escribir ni para pasear por el campo. Por eso la poesía siempre tendrá ese sesgo de perspectiva única: el “yo” del poeta del que no puede librarse. Es evidente que sobre esto podemos señalar excepciones, sobre todo en la poesía vanguardista y en la narrativa, pero va quedando claro lo que pretendemos decir: el escritor escribe desde una perspectiva ajena: humor, drama, misterio, angustia y desde otra propia: el “yo” de la que más o menos puede librarse a la hora de trazar una narración, pero de la que parece no poder limpiarse a la hora de escribir un poema.
Así, todos escribimos desde nuestra experiencia vital y desde nuestra intuición humana. Unos tendemos al drama, otros al compromiso social, otros al alma torturada, etc.Todo esto deviene al fin en un fracaso. Si todo arte es perspectiva y perspectiva del “yo” va dirigida a un “tú” que reinterpreta lo dicho, que lo estropea para algunos, o lo mejora para otros, que lo enajena finalmente, haciendo de todo expresión algo distinto a lo pretendió ser.
A Cristina.
viernes, 11 de abril de 2008
PARANOICO. CREATURA Nº 28.
Era un hombre que siempre miraba hacia atrás. Siempre pensaba que alguien detrás de él le haría daño. En realidad pensaba que todo le quería hacer daño: los niños con sus bicicletas, los conductores de autobús con sus autobuses, las mujeres con sus escotes, los árboles con su polen, los libros con sus hojas afiladas…
Trabaja este hombre en una fábrica de ositos de peluche y allí, en su trabajo estaba más tranquilo ¿a quién no le iban a gustar los ositos de peluche? Es más, ¿qué daño le iban a hacer unos ositos de peluche? Estaba muy orgulloso de sus ositos de peluche, porque los hacía muy blanditos, muy guapos y muy gitanos.
Un día vino una periodista a hacer un reportaje sobre la fábrica de ositos de peluche. Era una reportera muy guapa, aunque un poco bajita. Sería la mujer perfecta si él ya no estuviera casado con otra mujer, que tenía un poco de pinta de oso de peluche. No por el pelo, que no tenía más que en la cabeza y en las cejas, si no más bien porque era blandita y generosa como un osito de peluche. Y un poco fea, como casi todos los ositos de peluche. Lo mejor de esta mujer era que se complementaba muy bien con él, pues ella no le tenía miedo a nada. Era una inconsciente que si no fuera por él hubiera hecho todas esas cosas peligrosas que gusta de hacer la gente del día: puenting, conducir, comer mayonesa en un restaurante, cruzar por un paso de cebra, ser profesora de instituto y demás temeridades.
El caso es que aquella mujer hizo su reportaje y llenó de preguntas a este hombre:
- ¿Cómo hacen las caras de los osos de peluche para que siempre estén riendo?
- ¿De qué van rellenos para que estén tan mullidos?
- ¿Qué comen?
- ¿Fuma usted?
Y demás preguntas. Este hombre quedó muy contento con la visita de la guapa periodista. Y esperó ansioso la publicación del reportaje en uno de los periódicos más importantes del país. El día de antes este hombre estaba tan nervisoso que prácticamente caminaba de espaldas. Se asustaba hasta de que su sombra se cayera en uno de los múltiples socavones que el ayuntamiento de su ciudad había ido abriendo a ver qué encontraban. Lo cierto era que nunca encontraban más que tierra, pero las gentes se arremolinaban en torno al agujero para ver qué saldría de allí. Había quién pensaba que saldría un Morlock, había quién pensaba que saldría un jugador bueno para el Atleti, había quién pensaba que saldría un tesoro y había quién pensaba que saldría Australia de una dichosa vez. Compró el primer periódico que salió aquella mañana, y cuando leyó todo aquello se quedó terriblemente sobrecogido, asustado y enfadado. ¿Cómo podía alguien hablar tan mal de los ositos de peluche? Los ositos de peluche, que gustan a todo el mundo, a grandes y a pequeños y a los de talla mediana y que los enamorados regalan a sus novias y que los amantes regalan a sus suripantas y que, en fin, se regalan continuamente. Cómo podía alguien escribir esas falacias, esas desfachateces (esta palabra la dijo pero no tenía muy claro qué significaba). Tan enfadado estaba que salió corriendo a la calle sin miedo de caerse por la escalera o de tropezar en la acera. ¿Adónde iba? Qué sé yo, sólo soy un simple narrador.
El caso es cuando volvió estaba igual de enfadado. Os preguntaréis distinguidos lectores qué ponía en aquel artículo para que este hombre estuviera tan enfadado. Lo cierto es que no ponía nada del otro mundo, nada demasiado ofensivo, ninguna falta de ortografía, ninguna palabra malsonante, ninguna fotografía obscena, nada, en fin, justificaba a simple vista el enfado de este hombre. Él decía una y otra vez que aquello era un atropello, sin tener en cuenta que los atropellos de verdad los comenten los coches y además tienen pinta de doler un montón, tanto al atropellado como a los coches que se quedan arrugados como una pasa y con manchas de sangre que luego no salen. Se le ocurrió que debía hacer algo, que debía denunciar su problema, que el mundo debía saber que aquello no podía hacérsele a una persona, al menos a una persona como él que conocía la declaración de Derechos Fundamentales de “pe” a “pa”, aunque lo cierto es que se sabía mejor la “pa” que la “pe”. Escribió una carta a la periodista, otra a su periódico, más a los competidores, otra a varias televisiones, varias a la revista “Ositos de Peluche Modernos”, trató de hablar en directo en un programa de radio. Hizo una pancarta y la colgó de su balcón. Decía: “Dignidad para los osos de peluche”. Su psicólogo empezó a preocuparse. La paranoia parecía crecer cada día. Ahora temía más a una palabra y su escritor que a una torcedura de tobillo. El doctor le dobló la medicación para los nervios. Entró en una espiral autodestructiva: empezó a tomar café, a tomar té e incluso a tomar coca cola light. Su mujer no daba crédito. Para más inri comenzó a leer novelas de Antonio Gala. Todo eran malos presagios. Pero un día de repente se calmó. ¿Por qué? Ya te he dicho que sólo soy un narrador, no lo sé todo. Lo que sí he descubierto es la frase que le atormentaba tanto. “Ahora hacen osos de peluche de color verde”.
A Cristina.
viernes, 28 de marzo de 2008
Larry David. Curb your enthusiasm. Creatura Nº 27.
Pero hoy no hablaré de Seinfeld como serie, sino que la utilizaré como punto de referencia para analizar el humor de Larry David y su última producción Curb your enthusiasm o Larry David a secas como se llama en España. La serie se nos presenta en el formato de un falso documental que nos narra la vida “real” de Larry, donde Larry es él mismo, el creador de Seinfeld, no es un personaje de ficción, sino que se supone que se representa a sí mismo. Así, bajo esta falsa apariencia de documental (apariencia en la forma: sonido, calidad de la imagen, movimiento de la cámara) Larry cuenta su falsa vida a través de la constantes que recubren su humor La trama en realidad no existe, la narración es mínima, apenas si cuenta un par de anécdotas o tres por capítulo. A veces esa anécdota se alarga en algunos episodios más, pero no sirve más que de conexión a una serie de incidentes o episodios que suceden en la vida de Larry. En realidad el tema de la serie, como sería finalmente el de Seinfeld, y el de todo el humor de David no es más que la sociedad y sus convenciones. Las conversaciones que con más frecuencia se nos presenta son aquellas en las Larry se pregunta por la razón de tal o cual costumbre social ya establecida: - ¿Hasta que hora puedo llamar a una casa? ¿Por qué hay que hacer un regalo de bodas? ¿Es bueno alabar la belleza de la mujer de un amigo? e ideas similares son las que rodean al humor de Larry David, así como lo hacían en Seinfeld. A partir de ahí, David establece su humor como un ataque a esas convenciones con todas las armas que su ingenio le permite utilizar. La pretensión de David no es acabar con esas convenciones, sino hacerlas notar, señalarlas, llamar la atención sobre ellas, sobre qué son, por qué existen, de dónde nacen y sobre todo por lo poco que de naturales, de absurdo tienen bien miradas todas esas convenciones.
Así, la principal consecuencia que se desprende de esto es la inadaptación social del hombre frente al medio que le rodea (esto, aunque no lo parezca es una constante dentro de la obra de cualquier humorista, o dentro de cualquier obra de humor, véanse sino los casos de La Celestina, El Lazarillo, El Quijote o Tres sombreros de copa entre cientos y cientos). Resulta, pues, que el personaje construido por David es incapaz de adaptarse a esa realidad social convencional que le rodea, bien por su propia torpeza, bien por la cerrazón de esa sociedad, bien por el absurdo de la convención.
Para construir sus relatos absurdos y descabalados utiliza las armas clásicas de cualquier humorista: la ironía, la paradoja, el ataque a los tópicos y a las frases hechas, el humor físico, el humor ingenioso, pero donde se percibe mejor el talento de David es en sus historias de casualidades. Tanto en Seinfeld, como en esta serie la casualidad es uno de los motores del humor: la mujer a la que se dio con la puerta en la nariz un día resulta ser la mujer del médico que nos trata y que por ello no quiere volver a hacerlo o lo hace negligentemente.
Además es conveniente señalar que los personajes creados por David tienen una serie de dificultades añadidas a la del medio hostil en que toda persona se mueve: son pesimistas patológicos, paranoicos, obsesivos, miserables, hipocondríacos, etc. Están siempre bordeando o dentro de la enfermedad mental, leve, ya que ha de producir la carcajada, pero cierta. El ejemplo más palmario es el propio David, que cuenta con todos estos defectos y alguno más, como un ojo clínico para meter la pata y equivocarse. Así, su comportamiento social deja mucho que desear, bien por su afectación de esa enfermedad, bien por su propia condición de miserables que siempre pretenden quedar por encima o porque esperan una recompensa de su mal comportamiento.
Un ejemplo, Larry llega puntual a su cita con el médico pero al pasar el último pide que se cambie el sistema utilizado hasta el momento, que el primero que llega de los citados es el que pasa. Pide que sea el sistema horario el que prevalezca. Pero como a la siguiente cita vuelve a ser el último en pasar a la consulta monta en cólera y vuelve a pedir que se corrija el sistema ya que a él no le va bien.
Bien mirado los personajes de David y los de Seinfeld tienen todos los ingredientes de la comedia clásica: Charlot, los Marx, etc. Son torpes, pícaros, ingeniosos, aunque, a diferencia de estos nunca son tiernos.
El resultado es finalmente una serie de humor atípica y de gran calidad humorística.
Larry David se emite en TNT y en LaSexta.
martes, 12 de febrero de 2008
Los zapatos rojos de Marisol. Creatura Nº 26.
Los zapatos rojos de Marisol.
Marisol, rubia a veces, morena a veces, pelo rizado a veces, liso a veces, tenía unos zapatos rojos que se ponía siempre que podía, lo que no quiere decir que se los pusiera siempre.
Ya de niña Marisol le había cogido cariño a unos zapatos rojos. Fue después de ver como la pequeña Dorita taconeaba con los suyos para volver a la granja de sus tíos. Así que Marisol se pasaba los días dándose taconazos a ver si así conseguía ser enviada con el espantapájaros o el hombre de hojalata. Al león cobarde no quería verlo ni en pintura porque tenía una pinta como de peluche rarito que en cualquier momento te puede babear o comer un poco el bazo. Pero Marisol, que no era ninguna tonta, se dio cuenta de que sus zapatos no estaban hechizados por ninguna bruja, así que tras unos años de dar taconazos dejó de hacerlo para siempre. También influyó el hecho de que los zapatos no le valían porque ya calzaba un cuarenta y tenía veintidós años.
Marisol, libre ya de sus fantasías, se dedicó a eso que se dedican las mujeres. ¿A qué? Se pregunta usted que es un hombre de tomo y lomo y no sabe de mujeres ni lo que pone en el manual de instrucciones. ¿Pues a qué va a ser, hombre? A hacerse una mujer a base de estudiar, trabajar y buscar un novio, a ser posible rico y religioso que esos eran los buenos porque ni se van con suripantas ni te protestan cuando te compras un bolso de más de cincuenta euros.
Y como el que busca encuentra, resultó que Marisol encontró a ese novio religioso y rico un día que salía del supermercado, que desengañados amigos, es donde de verdad se encuentran los novios y las novias y no en los bares y demás antros donde lo más que se encuentra es una patata frita si llegas temprano y sin hambre.
El novio en cuestión de nombre Rodrigo, aunque conocido por todos como Alberto porque su padre se llamaba Juan, era moreno y aburrido como una película iraní. Alberto iba a la iglesia todos los días, aunque algunos días iba sin ganas y otros iba con un perro pequeño que era muy amigo suyo. Alberto tocaba la guitarra y cantaba esas preciosas canciones que suelen escucharse en todas las iglesias españolas: “Ave María, cuando serás mía.” “Si Tú me dices ven, Señor, lo dejo todo” y la que más éxito tenía “Amor de hombre” que en verdad no era una canción religiosa pero que gustaba mucho al cura y a la sección dura de beatillas que se sentaba en las últimas filas para no perderse detalle de nada. Además de a tocar la guitarra y cantar en misa Alberto se dedicaba a sostener pobres. Tenía tres pobres, todos de muy buena familia, a los que sostenía continuamente, tanto que cuando querían dormirse tenían que convencer a Alberto para poder tumbarse en sus duras y frías camas de plumas suecas. Los pobres eran muy graciosos y le contaban a Alberto unos chistes graciosísimos de loros y él se los contaba a su madre y a Marisol que no se reía nunca porque no le hacían gracias esas cosas de loros.
Marisol y Alberto eran cada día más novios. Iban juntos a la iglesia, sostenían a los pobres entre los dos, aunque más Alberto que Marisol porque Alberto era todo un caballero español, iban a dar catequesis a los muchachos descarriados, les tiraban miguitas de pan a las viejecitas. Todo muy entretenido y eso. Como ya iban haciendo mayores, tenían casi veinticinco años cada uno, pensaron en casarse, más que nada porque el cura y los pobres se lo preguntaban todos los días y ya estaban un poco hartos de contestar, así que un día dijeron:
- Nos casamos el 17 de Mayo.
Y se quedaron tan anchos. Como lo habían dicho tuvieron que empezar a hacer esas cosas que se hacen cuando uno se va a casar: comprarse un tostador, comprase una aspiradora, comprarse una liga que luego corten las amigas, comprarse un montón de lacitos cursis para adornar el coche del hermano de tu padre que es en realidad tu tío y otras cosas aún más aburridas.
Una semana antes de la boda fue la despedida de solteros de cada uno. Marisol fue llevaba por sus amigas a un lugar oscuro donde hombres untados en aceite e incluso en vinagre se contoneaban más o menos sugerentemente según te gusten o no los hombres untados en aceite. A Marisol aquello le gustó, pero tampoco demasiado.
Alberto fue conducido por su grupo de catequesis a un famoso lugar donde mujeres lúbricas y tal vez extranjeras se desnudaban y más. Entre todos se fueron animando, sobre todo los catequistas más favorables al viejo y duro catecismo, y se armó un lío descomunal. Al terminar la noche nadie sabía dónde había ido a parar Alberto.
Tres meses después Marisol recibió una postal desde Lupercia en la que Alberto le explicó que se había ido a vivir allí con una de las chicas de la fiesta, que era protestante, divorciada y madre de tres niños de padres diferentes.
Marisol tenía un berrinche grande como la nariz de Cleopatra. Para ver si se calmaba se fue de compras. Mirando escaparates fue a dar con el de una zapatería que tenía catorce pares de zapatos rojos. Los había de todas las clases, con lentejuelas, con mucho tacón, con poco tacón, de chúpame la punta, de no me chupes la punta y todos los que se puedan imaginar. Marisol los compró todos.Ya en casa se los fue probando e iba chocando los tacones sólo por divertirse y jugar a ser niña. Cuando iba por el par once ¡pum! los zapatos resultaron ser mágicos y la transportaron, no al mundo de Oz, sino al de Coz donde conoció a un hombre que no era de hojalata, a un atrae ardillas y a un perro valiente. Se casó con el hombre no de hojalata y se fueron a vivir a una casa grande en Coz, que en realidad estaba dos calles más allá de la casa donde Marisol siempre había vivido.
Dedicado a Marisol y a sus zapatos de cualquier clase, sobre todo los rojos.