viernes, 9 de marzo de 2007

Yo no soy underground. Creatura nº 13.

Yo no soy underground.
- ¡Tenemos que ser más undergroud!– Me despertó mi primo con su grito. Había vuelto a dormirme en otra de las reuniones de redacción. Él me había llevado a aquella revista más que nada por pena y porque mi madre le había insistido tanto que ni él ni yo pudimos negarnos. Así empecé a trabajar en esa revista que por lo que gritaba ahora mi primo debía ser de otra forma distinta a lo que era. O más de lo que era. No lo sé. Tal vez tenga cierto retraso mental, pero tardo bastante en enterarme de las cosas cuando los otros me las dicen. Por otra parte las palabras de mi primo habían tenido gran acogida entre la redacción y pensé que estaba en lo cierto, que teníamos que ser más eso que él había dicho, fuera lo que fuera.
Lo primero que hice fue enterarme de lo que había dicho, así que me fui hacia Sara que es la que me cuenta las cosas de forma que yo las entienda. También es mi novia. Tal vez por eso me explica las cosas. Tal vez así aprovecha para hacer lo que ella quiere de mí. No lo sé.
- Tu primo quiere que seamos más underground.
- ¿Más qué?
- Más UN-DER-GRO-UND.
- Vale. Lo tengo. Deletréamelo.
Y me lo deletreó. Cuando no me entero bien de las cosas aunque Sara me las explique acabo por apuntarlas y luego me busco la vida por mi cuenta.
- No te has enterado, ¿verdad?

La asquerosa me conocía bien.
- No, no mucho, pero tranquila, que ya me enteraré, ya sabes que sólo me hace falta un diccionario o algo así.
- Vale, tú mismo, si ves que no sacas nada me lo dices. Anda dame un beso.
Le di un beso administrativo y mecánico porque estaba pensando en eso que mi primo había dicho.
La verdad es que él era un tío muy listo. Ya desde pequeño era el primero de la clase y mi madre siempre me decía que tenía que ser como él era:
- A ver si te fijas en José Manuel y eres más como él.
- ¿Más bajito?
- No, hijo, ¿cómo vas a ser más bajito si sólo mides 1,80?
- Pero soy más alto que él.
- Él mide 1,90.
- ¿Y eso no es menos que lo mío?
- No, hijo, no. Anda ve con él y a ver si se te pega algo.
Efectivamente se me pegaron muchas cosas de él. En primer lugar me pegó varias enfermedades, mononucleosis infecciosa incluida, aunque nunca me enteré bien de cómo me infecté precisamente de esa. Además me pegó un deje raro en el hablar que nos hace parecer andaluces de Jaén aceituneros altivos. También me pegó la afición por la música clásica checa, razón por la cual puedo hablar con cualquiera de Dvórak sin temor a hacer el ridículo que hago cuando intento hablar de otras cosas como la reglamentación del tráfico en las ciudades de más de quince mil habitantes. También me pegó la afición por el fútbol y, cosa rara, por el ciclismo y digo cosa rara porque nunca he sido capaz de montar en bici, impedido por un problema crónico de equilibrio que también me impide practicar el sexo encima de los árboles, aunque bueno, tampoco a Sara le entusiasma la idea. Su inteligencia en cambio no se me pegó. Nunca saqué más de un bien en ninguna asignatura del instituto, ni ningún notable en mi carrera de filología y no como él que se licenció con matrícula en Geografía. Por eso es capaz de saber cual es la capital del Chad sin tener que mirarlo en internet.
Está bastante claro que mi primo es mi ídolo, bueno él y Lee Alexander, aunque este por razones distintas. Por eso me tomé en serio eso de que debía ser más underground, fuera lo que fuera, y me puse a investigar.
Lo primero que averigüé es que underground significa debajo de la tierra, pero me di cuenta de que por ahí no iba a sacar nada, ya que él no iba a querer que fuésemos o estuviésemos debajo de la tierra como los morloks o los topos. Después descubrí que Underground es el nombre que recibe el metro en Inglaterra y Estados Unidos. Muy lógico, pensé, si va por debajo de la tierra, llamarle por debajo de la tierra y no como aquí que se llama Metropolitano, sin saber por qué o por qué no y que parece el nombre de un niño raro “¿Cómo te llamas bonito?- Metropolitano como mi tío Joaquín.” También descarté que mi primo nos pidiera que fuésemos más como el metro, porque ninguno de nosotros tenía raíles. O eso creo.
Después encontré la definición que parecía la buena: forma de cultura moderna que huye de lo tradicional, con formas y expresiones artísticas propias. Como éramos una revista de albañilería artística pensé que lo quería mi primo era eso. Pero no sabía cómo conseguirlo, así que fui a verle a su despacho:
- ¿Qué quieres? - No sé cómo ser underground.
- Claro, tú eres un tipo tradicional, con tu novia de toda la vida, tu María Moliner en la estantería, tus discos de Ella, Sarah y Concha Piquer…
- ¿Eso quiere decir que a los underground no os gustan los diccionarios, ni la copla, ni mi novia?
- Tu novia no le gusta a nadie. Y lo otro menos.
- ¿Por qué?
- No lo sé, pero eso es muy burgués. No nos gusta lo burgués, lo clásico, lo tradicional.
- ¿Y qué os gusta?
- Se supone que no nos gusta nada, aunque ya sabes que a mí me gusta mucho Kate Moss.
Entonces cerré la puerta de un portazo y comprendí que mi primo era mi superior en todos los aspectos menos en ese de Kate Moss. También comprendí que no soy ni podré ser underground, que yo ya era todo lo que podía ser en la vida: gilipollas.

3 comentarios:

kebrantaversos dijo...

este es muy muy bueno ruben, creo que el mejor que has publicado hasta ahora.

Rubén Bravo dijo...

Gracias, Ramón. No sé si este es el mejor, pero la verdad es que gusta, aunque tal vez sea demasiado abrupto.

Julio Vegas dijo...

A mi tambiém me gustó mucho!