viernes, 11 de abril de 2008

PARANOICO. CREATURA Nº 28.

Delirio vano è questo!

Era un hombre que siempre miraba hacia atrás. Siempre pensaba que alguien detrás de él le haría daño. En realidad pensaba que todo le quería hacer daño: los niños con sus bicicletas, los conductores de autobús con sus autobuses, las mujeres con sus escotes, los árboles con su polen, los libros con sus hojas afiladas…
Trabaja este hombre en una fábrica de ositos de peluche y allí, en su trabajo estaba más tranquilo ¿a quién no le iban a gustar los ositos de peluche? Es más, ¿qué daño le iban a hacer unos ositos de peluche? Estaba muy orgulloso de sus ositos de peluche, porque los hacía muy blanditos, muy guapos y muy gitanos.
Un día vino una periodista a hacer un reportaje sobre la fábrica de ositos de peluche. Era una reportera muy guapa, aunque un poco bajita. Sería la mujer perfecta si él ya no estuviera casado con otra mujer, que tenía un poco de pinta de oso de peluche. No por el pelo, que no tenía más que en la cabeza y en las cejas, si no más bien porque era blandita y generosa como un osito de peluche. Y un poco fea, como casi todos los ositos de peluche. Lo mejor de esta mujer era que se complementaba muy bien con él, pues ella no le tenía miedo a nada. Era una inconsciente que si no fuera por él hubiera hecho todas esas cosas peligrosas que gusta de hacer la gente del día: puenting, conducir, comer mayonesa en un restaurante, cruzar por un paso de cebra, ser profesora de instituto y demás temeridades.
El caso es que aquella mujer hizo su reportaje y llenó de preguntas a este hombre:
- ¿Cómo hacen las caras de los osos de peluche para que siempre estén riendo?
- ¿De qué van rellenos para que estén tan mullidos?
- ¿Qué comen?
- ¿Fuma usted?
Y demás preguntas. Este hombre quedó muy contento con la visita de la guapa periodista. Y esperó ansioso la publicación del reportaje en uno de los periódicos más importantes del país. El día de antes este hombre estaba tan nervisoso que prácticamente caminaba de espaldas. Se asustaba hasta de que su sombra se cayera en uno de los múltiples socavones que el ayuntamiento de su ciudad había ido abriendo a ver qué encontraban. Lo cierto era que nunca encontraban más que tierra, pero las gentes se arremolinaban en torno al agujero para ver qué saldría de allí. Había quién pensaba que saldría un Morlock, había quién pensaba que saldría un jugador bueno para el Atleti, había quién pensaba que saldría un tesoro y había quién pensaba que saldría Australia de una dichosa vez. Compró el primer periódico que salió aquella mañana, y cuando leyó todo aquello se quedó terriblemente sobrecogido, asustado y enfadado. ¿Cómo podía alguien hablar tan mal de los ositos de peluche? Los ositos de peluche, que gustan a todo el mundo, a grandes y a pequeños y a los de talla mediana y que los enamorados regalan a sus novias y que los amantes regalan a sus suripantas y que, en fin, se regalan continuamente. Cómo podía alguien escribir esas falacias, esas desfachateces (esta palabra la dijo pero no tenía muy claro qué significaba). Tan enfadado estaba que salió corriendo a la calle sin miedo de caerse por la escalera o de tropezar en la acera. ¿Adónde iba? Qué sé yo, sólo soy un simple narrador.
El caso es cuando volvió estaba igual de enfadado. Os preguntaréis distinguidos lectores qué ponía en aquel artículo para que este hombre estuviera tan enfadado. Lo cierto es que no ponía nada del otro mundo, nada demasiado ofensivo, ninguna falta de ortografía, ninguna palabra malsonante, ninguna fotografía obscena, nada, en fin, justificaba a simple vista el enfado de este hombre. Él decía una y otra vez que aquello era un atropello, sin tener en cuenta que los atropellos de verdad los comenten los coches y además tienen pinta de doler un montón, tanto al atropellado como a los coches que se quedan arrugados como una pasa y con manchas de sangre que luego no salen. Se le ocurrió que debía hacer algo, que debía denunciar su problema, que el mundo debía saber que aquello no podía hacérsele a una persona, al menos a una persona como él que conocía la declaración de Derechos Fundamentales de “pe” a “pa”, aunque lo cierto es que se sabía mejor la “pa” que la “pe”. Escribió una carta a la periodista, otra a su periódico, más a los competidores, otra a varias televisiones, varias a la revista “Ositos de Peluche Modernos”, trató de hablar en directo en un programa de radio. Hizo una pancarta y la colgó de su balcón. Decía: “Dignidad para los osos de peluche”. Su psicólogo empezó a preocuparse. La paranoia parecía crecer cada día. Ahora temía más a una palabra y su escritor que a una torcedura de tobillo. El doctor le dobló la medicación para los nervios. Entró en una espiral autodestructiva: empezó a tomar café, a tomar té e incluso a tomar coca cola light. Su mujer no daba crédito. Para más inri comenzó a leer novelas de Antonio Gala. Todo eran malos presagios. Pero un día de repente se calmó. ¿Por qué? Ya te he dicho que sólo soy un narrador, no lo sé todo. Lo que sí he descubierto es la frase que le atormentaba tanto. “Ahora hacen osos de peluche de color verde”.

A Cristina.

viernes, 28 de marzo de 2008

Larry David. Curb your enthusiasm. Creatura Nº 27.

El nombre de Larry David tal vez sea desconocido para muchos. En los créditos de Seinfeld Larry David aparecía como productor ejecutivo y en ocasiones también como guionista. ¿Quién es Larry David? Pues como ese título de crédito indica es el productor ejecutivo de Seinfeld, el hombre junto al que Jerry Seinfeld ideó la comedia televisiva más importante de los últimos años. Tal vez en España el conocimiento de Seinfeld sea mínimo, pero en Estados Unidos sus episodios eran más seguidos que los de Friends, CSI o cualquier serie que pueda ocurrirse.
Pero hoy no hablaré de Seinfeld como serie, sino que la utilizaré como punto de referencia para analizar el humor de Larry David y su última producción Curb your enthusiasm o Larry David a secas como se llama en España. La serie se nos presenta en el formato de un falso documental que nos narra la vida “real” de Larry, donde Larry es él mismo, el creador de Seinfeld, no es un personaje de ficción, sino que se supone que se representa a sí mismo. Así, bajo esta falsa apariencia de documental (apariencia en la forma: sonido, calidad de la imagen, movimiento de la cámara) Larry cuenta su falsa vida a través de la constantes que recubren su humor La trama en realidad no existe, la narración es mínima, apenas si cuenta un par de anécdotas o tres por capítulo. A veces esa anécdota se alarga en algunos episodios más, pero no sirve más que de conexión a una serie de incidentes o episodios que suceden en la vida de Larry. En realidad el tema de la serie, como sería finalmente el de Seinfeld, y el de todo el humor de David no es más que la sociedad y sus convenciones. Las conversaciones que con más frecuencia se nos presenta son aquellas en las Larry se pregunta por la razón de tal o cual costumbre social ya establecida: - ¿Hasta que hora puedo llamar a una casa? ¿Por qué hay que hacer un regalo de bodas? ¿Es bueno alabar la belleza de la mujer de un amigo? e ideas similares son las que rodean al humor de Larry David, así como lo hacían en Seinfeld. A partir de ahí, David establece su humor como un ataque a esas convenciones con todas las armas que su ingenio le permite utilizar. La pretensión de David no es acabar con esas convenciones, sino hacerlas notar, señalarlas, llamar la atención sobre ellas, sobre qué son, por qué existen, de dónde nacen y sobre todo por lo poco que de naturales, de absurdo tienen bien miradas todas esas convenciones.
Así, la principal consecuencia que se desprende de esto es la inadaptación social del hombre frente al medio que le rodea (esto, aunque no lo parezca es una constante dentro de la obra de cualquier humorista, o dentro de cualquier obra de humor, véanse sino los casos de La Celestina, El Lazarillo, El Quijote o Tres sombreros de copa entre cientos y cientos). Resulta, pues, que el personaje construido por David es incapaz de adaptarse a esa realidad social convencional que le rodea, bien por su propia torpeza, bien por la cerrazón de esa sociedad, bien por el absurdo de la convención.
Para construir sus relatos absurdos y descabalados utiliza las armas clásicas de cualquier humorista: la ironía, la paradoja, el ataque a los tópicos y a las frases hechas, el humor físico, el humor ingenioso, pero donde se percibe mejor el talento de David es en sus historias de casualidades. Tanto en Seinfeld, como en esta serie la casualidad es uno de los motores del humor: la mujer a la que se dio con la puerta en la nariz un día resulta ser la mujer del médico que nos trata y que por ello no quiere volver a hacerlo o lo hace negligentemente.
Además es conveniente señalar que los personajes creados por David tienen una serie de dificultades añadidas a la del medio hostil en que toda persona se mueve: son pesimistas patológicos, paranoicos, obsesivos, miserables, hipocondríacos, etc. Están siempre bordeando o dentro de la enfermedad mental, leve, ya que ha de producir la carcajada, pero cierta. El ejemplo más palmario es el propio David, que cuenta con todos estos defectos y alguno más, como un ojo clínico para meter la pata y equivocarse. Así, su comportamiento social deja mucho que desear, bien por su afectación de esa enfermedad, bien por su propia condición de miserables que siempre pretenden quedar por encima o porque esperan una recompensa de su mal comportamiento.
Un ejemplo, Larry llega puntual a su cita con el médico pero al pasar el último pide que se cambie el sistema utilizado hasta el momento, que el primero que llega de los citados es el que pasa. Pide que sea el sistema horario el que prevalezca. Pero como a la siguiente cita vuelve a ser el último en pasar a la consulta monta en cólera y vuelve a pedir que se corrija el sistema ya que a él no le va bien.
Bien mirado los personajes de David y los de Seinfeld tienen todos los ingredientes de la comedia clásica: Charlot, los Marx, etc. Son torpes, pícaros, ingeniosos, aunque, a diferencia de estos nunca son tiernos.
El resultado es finalmente una serie de humor atípica y de gran calidad humorística.
Larry David se emite en TNT y en LaSexta.

martes, 12 de febrero de 2008

Los zapatos rojos de Marisol. Creatura Nº 26.

Delirio vano è questo!

Los zapatos rojos de Marisol.

Marisol, rubia a veces, morena a veces, pelo rizado a veces, liso a veces, tenía unos zapatos rojos que se ponía siempre que podía, lo que no quiere decir que se los pusiera siempre.
Ya de niña Marisol le había cogido cariño a unos zapatos rojos. Fue después de ver como la pequeña Dorita taconeaba con los suyos para volver a la granja de sus tíos. Así que Marisol se pasaba los días dándose taconazos a ver si así conseguía ser enviada con el espantapájaros o el hombre de hojalata. Al león cobarde no quería verlo ni en pintura porque tenía una pinta como de peluche rarito que en cualquier momento te puede babear o comer un poco el bazo. Pero Marisol, que no era ninguna tonta, se dio cuenta de que sus zapatos no estaban hechizados por ninguna bruja, así que tras unos años de dar taconazos dejó de hacerlo para siempre. También influyó el hecho de que los zapatos no le valían porque ya calzaba un cuarenta y tenía veintidós años.
Marisol, libre ya de sus fantasías, se dedicó a eso que se dedican las mujeres. ¿A qué? Se pregunta usted que es un hombre de tomo y lomo y no sabe de mujeres ni lo que pone en el manual de instrucciones. ¿Pues a qué va a ser, hombre? A hacerse una mujer a base de estudiar, trabajar y buscar un novio, a ser posible rico y religioso que esos eran los buenos porque ni se van con suripantas ni te protestan cuando te compras un bolso de más de cincuenta euros.
Y como el que busca encuentra, resultó que Marisol encontró a ese novio religioso y rico un día que salía del supermercado, que desengañados amigos, es donde de verdad se encuentran los novios y las novias y no en los bares y demás antros donde lo más que se encuentra es una patata frita si llegas temprano y sin hambre.
El novio en cuestión de nombre Rodrigo, aunque conocido por todos como Alberto porque su padre se llamaba Juan, era moreno y aburrido como una película iraní. Alberto iba a la iglesia todos los días, aunque algunos días iba sin ganas y otros iba con un perro pequeño que era muy amigo suyo. Alberto tocaba la guitarra y cantaba esas preciosas canciones que suelen escucharse en todas las iglesias españolas: “Ave María, cuando serás mía.” “Si Tú me dices ven, Señor, lo dejo todo” y la que más éxito tenía “Amor de hombre” que en verdad no era una canción religiosa pero que gustaba mucho al cura y a la sección dura de beatillas que se sentaba en las últimas filas para no perderse detalle de nada. Además de a tocar la guitarra y cantar en misa Alberto se dedicaba a sostener pobres. Tenía tres pobres, todos de muy buena familia, a los que sostenía continuamente, tanto que cuando querían dormirse tenían que convencer a Alberto para poder tumbarse en sus duras y frías camas de plumas suecas. Los pobres eran muy graciosos y le contaban a Alberto unos chistes graciosísimos de loros y él se los contaba a su madre y a Marisol que no se reía nunca porque no le hacían gracias esas cosas de loros.
Marisol y Alberto eran cada día más novios. Iban juntos a la iglesia, sostenían a los pobres entre los dos, aunque más Alberto que Marisol porque Alberto era todo un caballero español, iban a dar catequesis a los muchachos descarriados, les tiraban miguitas de pan a las viejecitas. Todo muy entretenido y eso. Como ya iban haciendo mayores, tenían casi veinticinco años cada uno, pensaron en casarse, más que nada porque el cura y los pobres se lo preguntaban todos los días y ya estaban un poco hartos de contestar, así que un día dijeron:
- Nos casamos el 17 de Mayo.
Y se quedaron tan anchos. Como lo habían dicho tuvieron que empezar a hacer esas cosas que se hacen cuando uno se va a casar: comprarse un tostador, comprase una aspiradora, comprarse una liga que luego corten las amigas, comprarse un montón de lacitos cursis para adornar el coche del hermano de tu padre que es en realidad tu tío y otras cosas aún más aburridas.
Una semana antes de la boda fue la despedida de solteros de cada uno. Marisol fue llevaba por sus amigas a un lugar oscuro donde hombres untados en aceite e incluso en vinagre se contoneaban más o menos sugerentemente según te gusten o no los hombres untados en aceite. A Marisol aquello le gustó, pero tampoco demasiado.
Alberto fue conducido por su grupo de catequesis a un famoso lugar donde mujeres lúbricas y tal vez extranjeras se desnudaban y más. Entre todos se fueron animando, sobre todo los catequistas más favorables al viejo y duro catecismo, y se armó un lío descomunal. Al terminar la noche nadie sabía dónde había ido a parar Alberto.
Tres meses después Marisol recibió una postal desde Lupercia en la que Alberto le explicó que se había ido a vivir allí con una de las chicas de la fiesta, que era protestante, divorciada y madre de tres niños de padres diferentes.
Marisol tenía un berrinche grande como la nariz de Cleopatra. Para ver si se calmaba se fue de compras. Mirando escaparates fue a dar con el de una zapatería que tenía catorce pares de zapatos rojos. Los había de todas las clases, con lentejuelas, con mucho tacón, con poco tacón, de chúpame la punta, de no me chupes la punta y todos los que se puedan imaginar. Marisol los compró todos.Ya en casa se los fue probando e iba chocando los tacones sólo por divertirse y jugar a ser niña. Cuando iba por el par once ¡pum! los zapatos resultaron ser mágicos y la transportaron, no al mundo de Oz, sino al de Coz donde conoció a un hombre que no era de hojalata, a un atrae ardillas y a un perro valiente. Se casó con el hombre no de hojalata y se fueron a vivir a una casa grande en Coz, que en realidad estaba dos calles más allá de la casa donde Marisol siempre había vivido.

Dedicado a Marisol y a sus zapatos de cualquier clase, sobre todo los rojos.

lunes, 21 de enero de 2008

Verosimilitud y realismo. Creatura Nº 25.

Verosimilitud y realismo.

En toda narración, literaria o no, nos encontramos con dos elementos que sirven de conexión con los procesos mentales de recreación que realiza el receptor, son estos, como ya indica el título la verosimilitud y el realismo.
Realismo viene a definir la narración, entendiendo por narración algo muy amplío, una novela, un cuento, una película, pero incluso un cuadro o una fotografía, que se ajusta a lo real. No que sea real en sí misma, ya que como indicamos en anteriores artículos la realidad sólo se encuentra en el mundo real, si no que parezca real, que recuerde y remede a lo real.
Verosímil está relacionado con real, pero no es igual. Verosímil es la continuidad en unos hechos que no resultan extraños en un mundo ficticio. Lo entenderemos mejor con un ejemplo. Nadie espera que en una novela de Galdós aparezca repentinamente por la puerta un dragón. Sería inverosímil. Sin embargo sí es posible en un libro de Harry Potter. En el mundo ficticio de Harry Potter la realidad nos indica que no es inverosímil que encontremos, entre otras cosas, un dragón.
Un tercer elemento podemos incluir en esta terna: credibilidad. No es necesario que un dragón entre por la puerta para que algo resulte increíble. De hecho el dragón de Harry Potter es creíble, ya que responde a su verosimilitud. Y puede ocurrir que en una narración realista ocurra algo, no inverosímil, ya que entra en los presupuestos de ese mundo ficticio, pero sí increíble.
Vayamos al ejemplo que es donde mejor comprobaremos este hecho. Tomemos dos universos irreales similares que parten de la misma base y que pretenden representar un mundo realista: nuestro mundo, en nuestra época de hecho:
C.S.I Las Vegas y C.S.I Miami.
Ambos parecen en un primer vistazo mundos realistas. En ambos encontramos un equipo de científicos policías que resuelven asesinatos, generalmente, por medios técnicos y tecnológicos avanzados. En el mundo ficticio creado por los guionistas, en apariencia el mismo, es verosímil la existencia de asesinos, de pruebas rápidas de ADN y de tantas otras cosas que están en el límite mismo de lo realista, pero que resulta siempre verosímil.
Sin embargo podemos encontrar entre ambas producciones importantes diferencias que colocan a una en el mundo no sólo de lo inverosímil, sino también de lo creíble.
Mientras los personajes (héroes y villanos), las narraciones (asesinatos más o menos cruentos), los procedimientos y demás suenan creíbles, verosímiles y hasta realistas en la serie de Las Vegas, los guionistas (que no son más que narradores al fin y al cabo) de la serie de Miami han elegido para su serie el camino de la grandilocuencia, que suele estar reñida con la verosimilitud, el realismo, la credibilidad. Esto, que no tendría que ser malo de por sí, trae finalmente una consecuencia innegablemente fatal, el hecho de que la serie pase de ser un producto digno a ser una broma de millones de dólares. En un análisis más pormenorizado podríamos indicar cosas como la gran diferencia entre los protagonistas de ambas series: el primero Grissom, es un personaje anónimo, que huye de la notoriedad, que no busca justicia, ni siquiera a un malo, sólo la verdad. El gran afán de Horatio es aplicar la pena de muerte a todo raterillo de Miami. Pero vayamos más allá, a momentos concretos donde encontrar esos fallos de realismo, verosimilitud y credibilidad. Ya hemos visto que los personajes principales, radicalmente distintos tienden uno a la verosimilitud, que no estrictamente a la realidad, y el otro a lo más increíble. Resulta que Horatio es capaz de hacer estallar un camión cargado de explosivos con un bazoka a menos de 500 metros de distancia y sin ningún daño para nadie. Jack Bauer debe estar riéndose, por vez primera por cierto, como un poseso, a la vez que sus guionistas. Es absolutamente inverosímil en el mundo de los CSI no sólo que aborten un ataque terrorista a una central nuclear, sino que lo hagan con un bazoka haciendo estallar el camión que porta los explosivos. He ahí lo inverosímil, aún más, lo increíble. Otro elemento de inverosimilitud insoportable son los malos a los que se enfrentan un grupo y otro de investigadores: los de Las Vegas se enfrentan a humanos que comenten errores o quieren sacar provecho de la maldad. Los de Miami son malos caricaturizados que parece que gusten del mal como los demás disfrutamos del postre tras la comida. Son malos peores que la quina, malos que quieren destruir el país, que matan por placer a la mujer de Horatio, malos que huyen de las positivas motivaciones de todo ser humano que ya señala el Arcipreste de Hita: mantenimiento (dinero, riquezas, posición social) y ayuntamiento con hembra hermosa (sexo), que son ni más ni menos que las motivaciones que también señaló Freud. Es decir que unos se acercan a la realidad y otros no sólo se separan de la realidad, sino de lo verosímil (terroristas islámicas en minifalda) e incluso de lo real (en lugar de avisar a un artificiero hacer explotar un coche bomba en una playa desierta). He ahí aplicados los conceptos que describíamos. Aplíquense ahora a tanta y tanta nueva literatura: histórica, romántica y cualquiera que se ocurra a ver qué sucede.
(Excusas por el tono joco-serio)

jueves, 3 de enero de 2008

Hacemos Creatura. Creatura Nº 24

Delirio vano è questo!

Hacemos Creatura.

Vosotros queridos lectores, os preguntaréis ¿Cómo se hace Creatura? Bien, ahora que su cumple nuestro segundo aniversario en la calle vamos a dar respuesta a ese interrogante que no os deja dormir, comer, ni fumar. Cada colaborador de Creatura como si un científico loco fuese, tiene su propia forma de inspirarse. El Sr. Rossi baja al bar y se pide una gaseosa y un bote de aceitunas. Moja las aceitunas en la gaseosa y después: hop, se le ocurre una idea. El Lobo Estepario se come dos o tres ovejas y después: hop, tiene una idea. Yo mismo paseo un par de kilómetros, veo dos partidos de fútbol, hablo con tres jubilados, me doy tres duchas frías y: hop copio una idea de Los Simpson. Bien, pero no es a esto a lo que me refería cuando hablaba de cómo se hace Creatura. La fase importante del Creatura está en su reunión mensual. Antiguamente, hace un par de meses, cada colaborador llegaba con su trabajo bajo el brazo y lo entregaba a Ángel para que este, de forma misteriosa, lo convirtiera todo en un fanzine. Ahora, con las nuevas tecnologías todo se hace por correo electrónico. Pese a ello no hemos perdido las buenas costumbres y seguimos manteniendo nuestras reuniones mensuales, que son pese a todo, lo mismo de divertidas. Normalmente nos citamos para la reunión a las 21
horas, pero siempre todos llegamos tarde, excepto el Kebrantaversos y Ana. Los demás llegan su propia opinión: 21, 21:15, 21:30. Y así. Excepto el Pinky que tiene otra hora distinta y viene cuando quiere.
La reunión se desarrolla en el O’Conell, bar que todos conocéis, porque todos nos conocemos y sabemos de que píe cojeamos, ¿verdad? ¿Os imagináis a los colaboradores del Creatura haciendo su reunión en la Casa de la Cultura, en un parque, en la piscina, en la Casa Parroquial, en el Ayuntamiento, en los baños del Polideportivo? Yo no. Bueno excepto en los baños del Polideportivo. Bien, allí, entre humo, cerveza y mucho ruido vamos destilando nuestra creatividad en forma de sugerencias para próximos números:
- ¿Por qué no hacemos un número dedicado a Paris Hilton?- Dice uno que siempre dice lo mismo.
- ¿Por qué hacemos un número dedicado a Panero?- Dice Ramón.
- ¿Por qué hacemos un número que hable de la muerte en todo su contexto?- Dice el alegre del grupo.
Pero al final siempre hacemos lo mismo que es lo que no sale más o menos bien, o eso creemos nosotros. Pero pasemos a contemplar la reunión más al por menor. Al frente de las reuniones suele estar Ángel, que es el que nos encauza cuando se nos va la pinza. Saca su agenda mágica y nos dice:
- Faltan tres páginas. – No os preocupéis amigos lectores, siempre, en algún momento de la noche faltan tres páginas.
En esto el avaricioso de 13X21, yo, siempre dice:
- Yo puedo hacer dos.- Pero nunca se las dan porque es muy pesado y no pone dibujos en su sección.
Cuando todo se ha ido solucionando llegamos a la segunda conclusión:
- Sobran dos páginas.- Por supuesto que ahora no digo ni pío.
Pero esto como lo otro también se arregla. El fanzine queda compuesto y cerrado dándose que a uno le toca hacer la portada (el habilidoso), a otro la contraportada (el habilidoso también) y a otro el editorial (el que no sabe hacer otra cosa).
En estas ha venido Pinky que deja tres ideas buenas sobre la mesa, pero son tan buenas que nos sobrepasan, porque nosotros somos un poco mantas, y tenemos que dejarlas pasar.
El Kebrantaversos dice que no a tres ideas y luego que no a una cuarta que le gusta y luego dice: “Bueno” sin percatarse de que el que hace las cosas buenas del Creatura es él. Ana mira el reloj tres veces cada media hora. Nunca sabemos a dónde debe ir, pero debe ser importante.
Mientras tanto el Largo y Gabe, a lo suyo, se ríen de qué sé yo, porque estoy sordo y ellos se ponen lejos.
El Lobo Estepario mira el reloj, más para despertarse o cerciorarse de que está donde debe estar, y piensa en que debería estar en casa con su mujer. No sabemos si es que su mujer le regaña o si es que quiere estar con ella.
El hombre de múltiples personalidades, Julio y todos sus alter egos, manda más de lo que parece. Y se va riendo para sí mismo cuando piensa o dice lo que va a hacer el próximo día.
A Leticia no le llegan los pies al suelo. Sé que esto no es bonito, pero es cierto. Además trae sus dibujos que dan un poco de miedo y otro poco de gusto.
Pedro del Cerro no se entera mucho, y le pedimos que hable. Yo siempre le confundo con Pedro del Hierro y le imagino más que escribiendo su sección, diseñando bonitas bufandas.
Suena un teléfono. Ana se va. Leticia se va con ella. Gabe y el Largo tienen que ¿madrugar? Ramón se cansa. Ángel se queda con Pinky. Me marcho con otros dos. Y aquí se acaba. Así se hace Creatura.Si quieres comprobarlo, por favor, ven a vernos. Y nos invitas a algo.
Dedicado a todos los que nos ayudan a hacer Creatura: colaboradores, patrocinadores y sobre todo lectores.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Realidad y ficción. Creatura Nº 23.

Doce de la noche de un día cualquiera. Andreu Buenafuente comienza su monólogo diario en su programa de televisión. Los monólogos de Buenafuente, como todos los monólogos humorísticos, van contados en primera persona, con lo cual es el propio Andreu el protagonista de la narración, pues no es otra cosa un monólogo que una narración. Así son también los que inician los episodios de Seinfeld, o los de cualquier humorista. En el monólogo Andreu va contando sus experiencias propias en torno a un tema de mayor o menor actualidad. Funcionan sus monólogos un poco como un artículo de opinión, toman un punto de partida en un tema actual y después se vuelven a la propia experiencia del autor. La pregunta surge al pensar si lo que Buenafuente nos cuenta es real o no, es cierto o no, es realidad o ficción. Los personajes que se suceden en sus narraciones: él mismo, su madre, el famoso de turno, sus amigos, sus ligues, existen en la realidad, pero ¿son reales? La respuesta es evidente: no. Ni siquiera el Andreu de los monólogos es real, por más que sea él mismo el que nos lo cuenta de viva voz y con vivos gestos. Los monólogos de Andreu son una ficción. Una ficción con apariencia real, pero ficción al fin y al cabo. Tomemos otro ejemplo. Otro humorista. Joaquín Reyes. Conocido por sus “imitaciones” de personajes famosos, es fácilmente comprensible que los personajes que presenta en sus gags Joaquín Reyes no son reales. Ni siquiera, como sí ocurría en el caso de Andreu, realistas. Son una ficcionalización de la realidad para volverla más humorística, más conveniente a su propósito de, en principio, hacer humor.
Es decir, que tanto Andreu como Joaquín toman la realidad como punto de partida y a partir de ella la cuentan a su forma para conseguir un propósito: hacer humor. Ficcionalizan la realidad al contarla. La modelan a su manera para lograr un propósito, para contar una historia. ¿Falsean la realidad? No estrictamente, pero lo que cuentan es claramente mentira.
Generalicemos. Podemos decir que todo aquello que se contiene en una narración literaria o con un propósito de literaturización es ficticio. Todo aquello que se cuenta en una novela, pese a que pueda estar basado en la realidad, es ficticio. Incluso novelas históricas (dejemos a un lado la supuesta nueva novela histórica y fijémonos en la del siglo XIX) como La espada de San Fernando o El señor de Bembibre que narran hechos que ocurrieron en la realidad no son más que artificios, narraciones, ficciones al fin y al cabo por mucha realidad que contengan. Es, en consecuencia, posible afirmar que todo aquello que es narrado con afán de ser “literario” en un sentido amplio de esta palabra es ficción. Incluso si cuenta una historia real y verdadera que aconteció a personas reales y verdaderas de un tiempo y un lugar reales y verdaderos.
No parece posible, pues, la confusión entre la realidad y la ficción. Sólo lo narrado con vocación de contar una experiencia, estamos refiriéndonos a las narraciones orales de cualquier persona que cuenta algo que un día le sucedió, es en principio y con salvedades, real. Cabría añadir aquí que una definición correcta de qué es un hombre no puede menoscabar la afirmación de tantos profesores de gramática: el hombre es un ser narrativo. Continuamente estamos narrando al resto de hombres nuestras vivencias, experiencias que sí son en precipicio reales, pero una vez introducidas en un ámbito literario, por mínimo que sea, dejan de ser realidad para convertirse en ficción, se han ficcionalizado. Así sucede en la novela, en el teatro, en el cine, en los monólogos humorísticos.
Confusión realidad y ficción.
Si el camino que separa a la realidad de la ficción se muestra tan claro, por qué sucede entonces la confusión. Podemos afirmar que en ocasiones esa
confusión es buscada por el autor. Buenafuente busca
que sus monólogos sean realistas, tengan una apoyatura fuerte en lo real y puedan así ser más creíbles. Estamos ante un nuevo término: realismo. A lo más que puede aspirar una narración es a ser realista, nunca será real por las razones que hemos ido exponiendo, por la fuerza de la narración literaturizada que hace que todo lo narrado se convierta en ficción.
La confusión entre realista y real es más plausible, aún así es evidente que lo real y lo realista no son coincidentes. No creemos en la existencia de ese Buenafuente oficinista ni en la de los personajes de Dickens por más realistas que ambos sean.
La confusión entre realidad y ficción es mucho más complicada de explicar en otros ámbitos. Nadie cree las historias de Superman, ni las de Groucho Marx. No son realistas. No son verosímiles. No son reales. Son ficción pura y dura y la confusión ahí es mucho menor, pese a que ocurra en ocasiones. Cómo alguien puede pensar en la realidad de estas narraciones escapa a nuestro entender. Tal vez la fuerza de la narración, la sugestión de los personajes o la inexperiencia de los receptores de la narración.Concluyamos esta somera y un tanto confusa aproximación a lo real y lo ficticio con un pensamiento de Javier Marías: “No es bueno confundir la realidad con la ficción”.
A Cristina. En realidad debiera estar dedicado a otra persona. Pero como esa persona no quiere que se le dedique nada va para Cristina, que defiende, empero, que todo vaya para esa persona.

miércoles, 24 de octubre de 2007

La mujer que no podía dejar de hacer preguntas y el hombre que sólo podía decir no. Escena de amor. Creatura Nº 22.

Delirio vano è questo!

La mujer que no podía dejar de hacer preguntas y el hombre que sólo podía decir no. Escena de amor.

La escena es una cafetería. Mesas, sillas, ocupadas o llenas al fondo. En primer plano un hombre y una mujer. Ella es rubia y con el pelo rizado. Él no. Hay, sobre la mesa, un café, los restos de un azucarillo, un bolso y un refresco del que él bebe de vez en cuando. Cuando sube el telón la conversación ya hace rato que ha comenzado.

Mujer: ¿Quieres venir al cine el viernes?
Hombre: (Sorprendido) No.
Mujer: ¿Y el sábado?
Hombre: (Turbado) No.
Mujer: ¿Y el domingo?
Hombre: (Más turbado todavía) No.
Mujer: (Empezando a enfadarse) ¿Será posible? ¿No te gusta el cine?
Hombre: (Sincero) No.
Mujer: (Más calmada ya) ¿Es que te asusta la oscuridad?
Hombre: (Seguro) No.
Mujer: (Un poco incitante) ¿Tienes miedo a que te ataque cuando se apague la luz?
Hombre: (Tontín) No.
Mujer: (De nuevo enfadada) ¿Por qué no? ¿Es que crees que no puedo hacerlo?
Hombre: (Abstruso) No.
Mujer: (Confusa) ¿Lo crees o no lo crees?
Hombre: (Frío) No.
Mujer: (Aliviada) ¿Es posible entonces que vengas al cine conmigo?
Hombre: (Sincero) No.
Mujer: ¿Entonces podemos ir al teatro?
Hombre: (Convencido) No
Mujer: ¿No te gusta tampoco el teatro?
Hombre: (Mentiroso) No.
Mujer: ¿Es porque es aburrido?
Hombre: (Sin convicción) No.
Mujer: ¿Es porque ya no hay buenos autores?
Hombre: (Confuso) No.
Mujer: (Escamada). ¿Crees que hay buenos autores?
Hombre: (Recuperando la seguridad) No.
Mujer: ¿Ves?
Hombre: (Rotundo) No.
Mujer: ¿No ves que nos gustan las mismas cosas?
Hombre: (Más rotundo) No.
Mujer: ¿No ves, amor mío, que somos almas gemelas?
Hombre: (Rotundísimo) No.
Mujer: (Llorando a moco tendido) ¿Es que no me quieres?
Hombre: (Con la mosca tras la oreja) No.
Mujer: (Llorando más aún) ¿Es que no soy atractiva?
Hombre: (Valorándola) No.
Mujer: (Al borde de la apoplejía por llanto) ¿Tan fea soy?
Hombre: (Mirándola el escote) No.
Mujer: (Calmada de repente) ¿No soy fea?
Hombre: (Sonriente) No.
Mujer: (Con cierto aire de suripanta) ¿No crees que hay por ahí muchas mujeres mucho más guapas que yo?
Hombre: (Engatusándola) No.
Mujer: (Casi melosa) ¿Crees que soy más atractiva que Scarlett Johansson?
Hombre: (Casi jurando sobre la Biblia) No.
Mujer: (Una vez más enfadada) ¿Serás…?
Hombre: (Inconsciente) No.
Mujer (Pensativa) ¿Crees que Elsa Pataki es más atractiva que yo?
Hombre: (Mintiendo como un bellaco) No.
Ella se acerca y lo besuquea por todas partes, él se muestra un poco indiferente, sobre todo al principio, luego resignado y finalmente complacido. Cualquiera podría pensar que ella ya le ha cogido el truco a él.
Mujer: ¿Así que soy la mujer más atractiva de España?
Hombre: (Con certidumbre) No.
Mujer: (Sorprendida) ¿No?
Hombre: (Con más certidumbre) No.
Mujer: (Volviendo a enfadarse porque, aunque parezca mentira, no ha cogido el truco, aunque tal vez lo vaya pillando ya) ¿Soy la más atractiva de Toledo?
Hombre: (Con tanta certidumbre que asusta) No.
Mujer: (Empezando a perder los nervios) ¿Soy la más atractiva de Illescas?
Hombre: (Certidumbre y media) No.
Mujer: (A punto de darle de bofetadas) ¿Me quieres decir quién es más atractiva que yo en este pueblo?
Hombre: (Asustado) No.
Mujer: (Comprendiendo de repente) ¿Hay en Illescas una mujer más atractiva que yo?
Hombre: (Meloso) No.
Mujer: ¿Hay en Toledo una mujer más atractiva que yo?
Hombre: (Tierno) No.
Mujer: (Manejando ya la situación) ¿Me odias?
Hombre: (Más meloso) No.
Mujer: ¿Me detestas?
Hombre. (Todavía más meloso) No.
Mujer: ¿Estarías con cualquier otra antes de estar conmigo?
Hombre: (Timándose con ella) No.
Mujer: ¿Es cierto que no me quieres?
Hombre: (Pudoroso) No.
Mujer: (Que en el calor del momento se equivoca) ¿Así que me quieres?
Hombre: (Confuso) No.
Mujer: (Con la felicidad extrema de quien ha conseguido lo que quería) ¿Hay una mujer en el mundo a la que quieres más que a mí?
Hombre: (Rojo de vergüenza) No.
Mujer: (Extasiada) ¿Podríamos ser más felices?
Hombre: (Feliz) No.
Mujer: (Viendo su oportunidad) ¿Te gustaría casarte con mi hermana?
Hombre: (Negando también con la cabeza) No.
Mujer: (En el momento más feliz de su vida porque por fin ha sido mejor que su hermana) ¿Quieres que no nos casemos en mayo?
Hombre: (Sincero) No.
Mujer: (En el paroxismo mismo del disfrute) ¿No es fantástico?
Hombre: (Resignado) No.
Pagan, se marchan de la cafetería y se alejan ambos cogidos de la mano, mientras estúpidamente cae el TELÓN.
[Dedicado a los amigos que desde México visitan tan frecuentemente este blog.]