viernes, 9 de enero de 2009

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS. CREATURA Nº 35

José Antonio Muñoz Rojas, nacido en 1909 en Antequera, es tal vez el poeta vivo español más nombrado en las quinielas que se traban en relación con los distintos premios literarios que en este país se dan. Eterno y ninguneado candidato al Cervantes, cada año parece que su no concesión al poeta malagueño será la definitiva, pues cada año parece que no llegará a la próxima elección. Opinión normal si tenemos en cuenta que el poeta roza ya los cien años de vida.
Pese a su edad el poeta ha vivido una senectud prolífica y según muchos es la mejor etapa de su producción.
Esta producción se inicia a finales de los años 20, alejada, no obstante, de la fuerte presión que el momento ejercían los movimientos de vanguardia. Sus primeros libros están más en la línea neo-romántica que se enlaza con la obra de la llamada generación del 36 : Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Leopoldo Panero y el más tardío José García Nieto. Este grupo está a la vez vincula a la producción del “recreador” de la poesía romántica en el siglo XX, Pedro Salinas, cuyo silencioso apradinajmiento sobre este grupo es más que evidente.
Su poesía es pues, más clásica que vanguardista, más tradicional que rupturista. Con unos temas que van más a lo personal que a lo universal. Con una visión particular del mundo, desde el yo, desde la visión íntima del poeta, que no traba relación con lo universal, con los problemas colectivos del hombre. Su poesía es íntima. Es propia. No busca ejemplarizar ni socializar al hombre. Sólo contar la realidad tal cual la ve.
Sin embargo su producción inicial y segunda andan un poco perdida en un mar de poetas que se expresan sobre los mismos temas y con cierta similitud en formas que hacen que para distinguirse un poeta tenga que sobresalir mucho. Este momento le llega a Muñoz Rojas en el año 54 y con un momento trágico. En ese año publica el autor la primera versión de sus Cantos a Rosa. Poesía amorosa en la que encontramos una distinción. Rosa, la mujer y amada del poeta ha muerto. Es un libro, pues, de elegías. Tal vez contenga las mejores elegías de la segunda mitad
Del siglo XX, tras las dedicas a Ramón Sijé por Miguel Hernández y la doble al torero Ignacio Sánchez Mejías. “¡Es tan bello cantarte! Yo estaría cantándote y cantándote (...) soñando en detenerla se me fue la vida.”
A partir de este libro el poeta no cambia su estilo, pero sí es más conocido por la crítica y el público. Su poesía es un un punto y seguido, no deja de crecer desde su inicio, pero no sufre variaciones fuertes en ningún momento. Es decir, que su conocimiento tiene más que ver con un aldabonazo en un tema poco manido que con una variación en sus formas y en sus temas.
De hecho el del amor será una constante en la poesía de Muñoz Rojas. Tal vez sea, junto con la vida y Dios, el gran tema de la poesía de Muñoz Rojas. “Hay compañías perfectas, las que no hablan y dicen tantas cosas sin hablar, (...) Los labios que tú sabes y no olvido” escribe en 2001 (Entre otros olvidos). En el mismo poemario encontramos: “No me dejes, tengo el corazón a medio romper”. O “Dije un día: la infinita extensión de tu cuerpo. Los poetas decimos a veces verdades que decimos sin saber” En este poema encontramos también otra de las preocupaciones fundamentales de la poesía del poeta antequerano: la propia poesía. Sus reflexiones sobre la poesía y la palabra llenan su obra. “Yo sólo sé escribir esto porque no sé hacer otra cosa” Objetos perdidos 1997. O “Escribir es morir, si alguien no espera la palabra, y la entiende y la hace suya.” Oscuridad adentro 1980.
Otro tema que recorre su poesía es del yo y su visión: “Si cuando pienso en la isla desierta no estuviera pensando en mí mismo (...) si me desenterrara y me rayera de este yomismo que soy, quizá fuera un hombre libre” Entre otros olvidos.
Por último destacar el tema de Dios: “¡Oh libertad de Dios ¡Oh vasta vida! ¡ Oh voluntad de paz que de ella mana!” Al dulce son de Dios 1945 “Señor que me has perdido las gafas, por qué no me las encuentras?” Objetos perdidos. Como vemos un Dios cercano, como una poesía cercana, de palabras fáciles y directas, como toda las de Muñoz Rojas. Poeta cercano al hombre y sus preocupaciones y su palabra. Se ha editado su poesía completa en verso: Obra completa en verso, Pre- Textos.

jueves, 11 de diciembre de 2008

UN MACHO ALFA UN MACHO OMEGA DELIRIO VANO É QUESTO! CREATURA Nº 34.

Un macho alfa, un macho omega.

Un bar de noche. El Macho alfa (alto, rubio, fuerte) y el Macho omega (ancho, castaño, fláccido) comparten copas y conversación. Alrededor hay poca luz, alguna de colores estridentes. Bastante gente. Tienen copas en la mano. La conversación ya está iniciada cuando nosotros la captamos.

M.A. Así fue...
M.O. Hombre, así contado parece fácil.
M.A. Es que fue fácil.
M.O. Claro para ti esas cosas son fáciles.
M.A. Bueno, para que nos vamos a engañar, es verdad que yo ahí tengo facilidad. Con mi verborrea tengo mucho ganado.
M.O. (Irónico) Sí, es verdad que tienes verborrea..
M.A. Y tú si quieras podrías tenerlo igual de fácil. Sólo tienes que proponértelo, y dejarte la barba, dejarte el pelo largo, a lo mejor cambiar un poco el estilo de la ropa...M.O. Sí, claro, hacerme un minitú pequeñito, no te jode.
M.A. Pues a mí no me va mal siendo yo, así que a lo mejor siendo un miniyo te iba bien.
M.O. A mí tampoco me va mal.
M.A. Hombre, pero digo que a lo mejor tenías más éxito entre el personal femenino con un poco más de modernidad en tu estilo.
M.O. No creo, las mujeres se pirran por hombres seguros.
M.A. Eso es la mitad, echarle morro.
M.O. Pues esa mitad la tienes superada. Y yo creo que compensa tu otra mitad, porque tienes morro para las dos caras.
(Entra en su campo de visión dos parejas, mujeres del montón de las guapas, aunque sin excesos. Un poco pijas)
M.A. A esa me la he tirado yo.
M.O. A mí me suena. A lo mejor he pensando en ella mientras me la meneaba...
Es un poco pija para tu estilo, ¿no?
M.A. Las pijas se vuelven locas por tipos como yo, así con esta pinta de modernitos, de guays, de machotes.
M.O. Va a ser eso por lo que a mí no me hacen ni caso. (El Macho Alfa comienza a reírse mucho, tal vez fruto del alcohol)
M.A. ¿Ves a la otra? Es la prima y también me la he tirado.
M.O. Eres un cabrón... A mí me suenan mucho los novios.
M.A. ¿También te pajeas pensando en ellos?
M.O. (Con retintín afeminado) No, ya sabes que yo eso sólo lo hago pensando en ti.
M.A. ¡Cómo debe ser!
M.O. Yo creo que los novios son de mi barrio, ese se llama Joaquín o Pepe.
M.A. Dos nombres muy parecidos.
M.O. Mucho, mucho.
M.A. Voy para allá.
M.O. ¿Qué haces? Nos van a partir la cara... Que tú pegarás hostias como panes, pero yo soy un mariquita.
M.A. No te preocupes, voy a marcar un poco de territorio, a que se reconozca quien es el macho de verdad en este bar. Ya verás como se ríen ellas cuando me acerque.
(El Macho Alfa se acerca a las dos mujeres Ellas sonríen al verle, y le tocan un poco losbrazos y tienen un brillo en la mirada que el Macho Omega sólo ha visto en las películas, los novios le sonríen también y le saludan como si fueran hermanos suyos. El Macho Omega se relaja y piensa “¡Qué cabrón!” El Macho Alfa vuelve junto a su amigo)
M.O. Un día nos van a partir la cara. Eso sí, nos la partirán pero habremos disfrutado de momentos como este.
M.A. Qué no nos parten la cara, hombre, si me admiran. Las chicas me han dado el teléfono. A lo mejor las llamo mañana.
(El Macho Omega mira renconrosamente, otra mujer pasa por delante. Es del montón de las feas)
M.A. Mira una de las tuyas.
M.O. A veces te odio.
M.A. Anda, si sé que me quieres.
M.O. A esa me la he tirado yo.
M.A. (Mira medio divertido, medio con mirada de cabroncete) Y no la saludas...
M.O. Las que se acuestan conmigo no suelen sonreírme después...
(Cae el telón lentamente mientras la noche sigue)
A Julio.

lunes, 27 de octubre de 2008

ANA PÉREZ CAÑAMARES. LA ALAMBRADA DE MI BOCA. CREATURA Nº 33.

Ana Pérez Cañamares es una joven escritora canario-madrileña. Sabemos que en esto de la literatura la palabra joven no se aplica con la misma medida que en otras disciplinas. Para un futbolista ya es muy tarde cuando para un escritor es aún demasiado pronto. Así que sin hablar ahora de su edad ni de otras cosas, diremos siemplemente que Ana Pérez Cañamares es una joven escritora. Participante en diversas antologías, fanzines, revistas literarias, nuestra autora ha dado a la prensa dos libros en solitario, el libro de cuentos En días idénticos a nubes y posteriormente este que nos ocupa, de poemas, La alambrada de mi boca.
Su libro de cuentos, con un estilo actual, con personajes siempre en esa edad indefinida (lo mismo 12 que 92) de la adolescencia, con una tendencia que mezcla lo íntimo con lo irónico y lo realista con cierta tendencia a lo mágico, es difícil de encontrar, que no de leer, según propias palabras de la autora.
Pero vayamos ya al libro que nos ocupa este artículo de hoy. Publicado por la editorial Baile del Sol el libro parece que de momento está teniendo más vuelo que el anterior. También es cierto que la autora es más madura en estas lides, no sólo como artista, sino también como “presa” de editoriales y del mundillo editorial y literario.
El libro, pubicado en 2007, aparece divido en tres partes o capítulos. Tres, Dos y Una son sus títulos. Con ello se marca la relación la poeta con otras personas: tres son la propia poeta, su hija y su madre; dos la poeta y su amor; una es la propia poeta. Realmente y como no podía ser de otra manera, la verdadera protagonista de las tres partes es la autora, la poeta y sobre ella y su biografía pivota el total de la obra. Si bien en cada una de las partes lo que encontramos en su particular visión o su forma de relacionarse tanto con su madre como con su hija o su amor.
Estamos ante un poesía íntima, poesía del yo (la poesía que más en boga está y la más real o cierta que tal vez se pueda encontrar y por tanto la más sincera y la más necesaria). Es una poesía contruída a base de cotidianeidad, a base de biografía íntima, de momentos de intimidad, de gotitas de vida de la propia poeta que nos desgrana no sólo su vida grande de aspiraciones literaria y vitales, sino también y sobre todo su vida pequeña, su vida diaria que nos explica la verdad sobre alguien, sobre su propio interior. Esta poesía, como ya comentamos en otra ocasión, puede tener el problema de llegar a ser demasiado personal, de volverse intrascendente para un lector imparcial. No parece este el caso de Ana Pérez Cañamares, que sabe darle finalmente un vuelo a sus poemas para que sean no sólo entendidos y asumidos por el lector, sino sobre todo y ante todo compartidos, como si la experencia de la autora fuera universalizante a pesar de lo pequeña que pueda parecer o que realmente es. Tal vez sea este el mayor acierto de la poesía de la autora canario-madrileña, la capacidad para trascender de su yo y llegar al lector.
Para ello y ayudando mucho a esta labor encontramos que es una poesía hecha con palabras básicas, con palabras de la vida normal y cotidiana. Con un ritmo que no se sale de lo normal, que hace que los poemas parezcan contandos por una amiga que nos los va diciendo mientras bebe con nosotros una cerveza. Una poesía que no sé si por casualidad o pretendidamente huye de las complejidades y se hace básica a la vez que se ve básica la vida que nos va trasladando. Y que hace que la vida básica que nosotros conocemos nos recuerde a esa que leemos y que podamos así no sólo entenderla sino incluso asumirla como propia de nuestra experiencia, de nuestra vida.
Destacable es cierta presencia de la literatura en el devenir de esta poesía, referencias mínimas, casi escondidas a esta literatura que ha formado parte de la autora, que forma la vida de quien nos cuenta y que hace que lo nos cuenta se refleja en ello. Así tenemos una visión un tanto literaria de la realidad, todo es un poema, todo es material literaturizable (“Contar una historia es fácil...” y otro ejemplos que por falta de espacio no citamos).
De entre sus poemas podríamos destacar dos, Ortodoncia, que casi da título al poemario y “He sido la última entre mis hermanos...” Concluyendo, poesía de la experiencia que parece trascender, poesía simple y humana.


A Cristina, nuevamente.

jueves, 18 de septiembre de 2008

LA INCREÍBLE Y DISPRATADA HISTORIA DEL ZARPERO SIN NARIZ. CREATURA Nº 32. DELIRIO VANO É QUESTO!

La increíble y disparatada historia del zarpero sin nariz.

Cuando se despertó notó una sensación extraña en el pecho o quizá más arriba. No sabía que era. Parecían unas ganas terribles de estornudar y un no poder hacerlo. Abrió la boca y bostezó como un león del circo que fuera a comerse a tres domadores. En el espejo miro su cara un rato. No era buena. Tanta fiesta le estaba dejando una arrugas prematuras y unas bolsas en los ojos para los que no servirían de nada todas las cremas que se compraba. Se lavó la cara, las manos, detrás de las orejas. Se quitó las legañas persistentes. Pero seguía habiendo algo raro. Se paró ante el espejo y estuvo un rato pensando. Pero como no podía concentrarse todo lo que le salía era la alineación del Real Madrid: “Casillas, Ramos, Heinze, Pepe, Marcelo mira que es malo el Marcelo ese, Guti...” Al llegar a Guti el pensamiento se le fue de una forma imparable a Arancha de Benito y luego a Bibi Andersen. Meneó la cabeza para tratar de recuperar el orden de sus pensamientos. Volvió a mirarse en el espejo y salió
del baño, pero antes de salir dio un respingo y volvió a mirarse al espejo. ¡No tenía nariz! Era eso lo que le faltaba, la nariz. “Joder” pensó “¿Qué me ha pasado? ¿Y mi nariz?” Su nariz no era muy hermosa, pero sin duda era útil. Le servía para respirar y para oler, para apoyar las gafas de sol y sobre todo para su ocupación más querida: la zarpa. Tuvo momentos de histeria. Volvió a la cama y la revolvió a ver si encontraba su perdida nariz, pero allí no estaba. Desolado se sentó en la cama revuelta y pensó en qué hacer. Respirar respiraba, no sabía cómo pero lo hacía. Fue al médico. Este le hizo pruebas y le dijo que no pasaba nada, que se podía vivir sin nariz, que él respiraría bien y que más o menos olería y eso. Para las gafas de sol y para la zarpa no le dio ninguna solución. Su vida, su vida de joven y de diversión y de alegría, su vida más completa, estaba a punto de acabarse. Fue al bar donde se reunía con sus amigos. El cachondeo fue general. Todos le decían que era un despistado, que si había perdido también otra cosa que ahora no se veía y esos chistes tan típicos de los bares y tan finos todos. Sus más íntimos después de las risas le dieron un poco el
pésame ¿Qué iba a hacer ahora? Eso era lo que él se preguntaba y lo que todos le preguntaban. Pidió una cerveza para consolarse. Sus amigos, sensibilizados, pensaron en no consumir delante de él durante cierto tiempo. Otros le acompañaron en sus pasos de la noche anterior por si encontraban la nariz, fue inútil. Uno, el más sabio, le dijo que no se preocupase, que había muchas más cosas aparte la zarpa: “Está el cristal, M, anfetas, porros, keta, qué sé yo, sólo tienes que buscar, algo encontrarás.” Él sólo pensaba en la pintada que había en la fachada de enfrente del bar : “La zarpa es el postre más dulce” Sí la zarpa era el postre más dulce. Y el plato principal. Y los entrantes. No había nada tan dulce. Buscó nuevos métodos para consumirla. Se la comía, la untaba por la piel en una especia de emplasto, pero nada le servía. Hicieron una prueba científica para comprobarlo. Midieron la tensión y las pulsaciones de un amigo con zarpa y luego las suyas. Las suyas no subían. Ni sus pupilas se dilataban, ni sentía ese estupendo estado de euforia y satisfacción que le daba el postre más dulce. La vida era más triste, más anodina sin la zarpa a su lado. Acompañaba a sus amigos en sus
incursiones sólo para sentir el reflejo de su gloria y revivir los tiempos pasados ¡Era tan dulce el recuerdo! ¡Tan dulce el postre que no podía probar! El resto de sustancias no le hacían el mismo efecto. Además bebía menos y se emborrachaba más. Sus amigos le dejaban rebañar y untarse en las encias lo que sobraba. Por un momento todo parecía ser como antes pero no era así. A veces para que el recuerdo no fuera tan duro se quedaba con los que no se metían. Le parecían de una indigencia social insoportable. Como teniendo nariz y zarpa al alcance no la utilizaban. Cabrones. Decidió ir a un cirujano plástico. El médico le prometió una nariz nueva, pero tendría que pagar mucho dinero. Casi una montaña de zarpa sobre una mesa como había visto en aquella película tantas veces en los últimos meses. Empezó a ahorrar. Dejó de salir, de beber y de todo por no gastar. Tenía un objetivo, recuperar su nariz y sus funciones antiguas. A los dos años volvió, tenía una nueva nariz, además muy atractiva. Pero eso a él le daba igual, lo que valía era que había recuperado el postre más dulce.

viernes, 22 de agosto de 2008

LA POESÍA DE FÉLIX CHACÓN. CRETURA Nº 31.

La poesía de Félix Chacón.


Félix Chacón, Villafranca de los Caballeros, 1972, es un joven escritor toledano que últimamente está más centrado en su trabajo como prosista (Uno de los dos y Entelequia sus últimos trabajos corred a compradlos )y en su trabajo como docente que en su faceta de poeta, que culitva pero que no da a la imprenta más que nada porque pagar para que le publiquen le parece un timo.
Su único libro de poesía publicado es Intimátum en 2003. Y es sobre él sobre el que vamos a centrar nuestro artículo de hoy.
Para Chacón la poesía no es una cosa seria y pétrea que se deba venerar y respetar, algo inamovible y absoluto que ha de buscar la belleza o la paz o la justicia. No, para Chacón la poesía puede ser dos cosas: un drama o una comedia, como la vida misma y así es factible entender su obra poética, como una gran comedia o como un drama. Es decir, que su poesía tiene mucho de juego con el lector, de juego poético, de juego simplemente. Juega uno a vivir y juego uno a escribir, a escribir poemas en este caso.
Y como el juego es diversión, es fácil captar en
su poesía momentos de un innegable humorismo. “Todos queremos el dinero, a ver tranquilidad, que yo he llegado primero” Dice en uno de sus epigramas. Vemos claramente el juego y el humor.
Esta es una característica fundamental de su poesía, el humor, pero como todo humor deja un rastro de drama tras él y se puede captar en algunos poemas un drama íntimo oculto por una sonrisa: “Posiblemente yo tampoco sea malo pero estoy entrenando planeo torturas horribles y golpes despiadados.” Vemos claramente esos dos lados de la vida que el poeta nos muestra para elegir, el humorístico y el dramático. Él parece decantarse por el humorístico, porque el dramático queda al fondo, pero ese es un recurso fundamental de todo humorista, no lo olvidemos.
Afortunadamente, la poesía de Félix Chacón no está en lucha más que consigo misma, con el mismo autor. Fácil es encontrar en la poesía moderna (y en lo que no es la poesía, la música, el rock y el hip hop están llenos también de esto) una queja constante del poeta sobre el mundo que le rodea y del que forma parte, si bien una parte distinta que parece salirse de la norma, que tortura y disminuye a la gente, que no es más
que una masa informe de estúpidos que se dejan engañar, no como el poeta, que está sin embargo en lucha por esos idiotas, que espera que los idiotas se salven y descubran la trampa del mundo que él ya ha descubierto y ha ido evitando.
Bien, la poesía de Chacón huye de ese tópico, no se considera superior a la media, no está en lucha contra la sociedad de consumo o la sociedad sin más. Sólo está en lucha consigo mismo, una lucha por ser feliz, sin más, sin que importe la gente.
“Estoy buscando un camino para ser aún mejor conmigo mismo aunque lo que me beneficie haga daño a los demás”
Con este fragmento entramos en otra característica de la obra de Chacón, la subjetividad de su poesía. Es una poesía del yo, pero del yo egoísta y consciente de serlo, del ser humano en sí.
“Amarme es tan terrible que a veces nadie existe y me paso las horas pensando sólo en mí (...) pero siento que soy el universo y no hay nadie que pueda convencerme de lo contrario." Como vemos es un egocentrismo casi animal.
Desde el punto de vista formal, la escritura de Félix Chacón es rápida, casi oral, bien construida, basada en juegos de palabras, en contrastes, con mucho de la cultura de los últimos años, de referencia a lo actual o lo personal de una generación que se lo ha pasado muy bien y se lo va a pasar aún mejor. Tiene mucho diálogo con el lector o con el objeto del poema, como la amada. Puede encontrarse cierto punto de torpeza en el poeta a la hora de expresarse, torpeza que se convierte en cómica (igual que el narrador incompetente en la novela de humor). “(...) qué desastre fíjate, yo quería escribirte un poema de amor y te he escrito esto” dice el autor consciente de su propia impericia, de su torpeza, de la imagen cómica que va a dar.
En resumen es una poesía actual, divertida, con un punto de canallesca, de noche, de mundo vivido por todos, que busca activar esos recuerdos que guarda nuestra memoria, dejando así, sin duda alguna un gusto dulce al leerla. Si queréis hacerlo y conseguir el libro visitad http://www.felixchacon.com/

viernes, 25 de julio de 2008

EL HOMBRE QUE UNA VEZ LEYÓ UN LIBRO. CREATURA Nº 30. DELIRIO VANO È QUESTO!

El hombre que una vez leyó un libro.

Había una vez un hombre que vivía solo en su casa. Como el resto de los hombres nuestro hombre se dedicaba a ver fútbol, escuchar canciones ruidosas, buscar sexo y esas otras cosas que hacen los hombres y que vosotros que sois más listos que yo ya sabéis.
De vez en cuando nuestro hombre leía un periódico. No uno de verdad sino uno de esos que sólo hablan de amor y sentimientos: un periódico deportivo. Cogía el Marca y se podía estar con él toda la mañana, mirando las fotos de Raúl González Blanco (El que nunca hace nada), mirando las fotos de Guti o mirando otras fotos amorosas. A veces incluso leía los artículos de opinión y hasta las crónicas de los partidos.
Sucedió que un día nuestro hombre, que ya es hora de que lo sepáis era alto y feo como un edificio moderno, estaba aburrido sin saber qué hacer. Se había ido la luz y no le funcionaba la tele, ni el ordenador ni otros proporcionadores de porno. Las revistas de mujeres desnudas se las había regalado a la Iglesia para los pobres que también necesitan aliviar su situación. Se puso nuestro hombre a buscar cosas que hacer: rellenó treinta y tres crucigramas (copiando siempre las soluciones), miró todos los cuadros que tenía en casa (tres) y todas las
fotos (quince) y al final muerto del aburrimiento se puso a buscar entre las cosas que tenía de una novia o similar (con similar digo que tal vez no fuera una novia novia sino una novia novio) que se fue un día a comprar tabaco y no volvió. Entre esas cosas encontró nuestro buen hombre un libro. Sólo uno. Al principio lo abrió sólo para mirar las fotos, que eran bastantes, pero luego empezó a leerlo y a leerlo y a leerlo. Sin darse cuenta habían pasado tres horas, había vuelto la luz y había leído diez páginas. El libro aquel le estaba encantando a nuestro hombre. No entendía mucho de lo que decía porque parecía estar escrito a mala leche, para que no se entendiera bien a la primera y hubiera que comprarlo otra vez para volver a leerlo y ver si te enterabas de lo que pasaba de verdad. El libro estaba escrito por un tal Antonio Gala y trataba de una mujer que se enamora y lo deja todo por amor. Nuestro hombre deseaba ser ese hombre fuerte y duro por el que la mujer deja todo lo que conoce. Pero él no era de esos hombres en la vida real. En la otra sí, en la de los libros, y así se fue aficionando a leer. Tres meses más tarde ya había comprado una estantería que ocupaba gran parte de lo que ahora él llamaba su despacho. Antes era el cuarto del perro que ahora dormía donde podía. La estantería era grande y parecía aún más grande con los cuatro libros que había en ella.
Tres de esos libros esperaban a que terminara el primero que había empezado. Cuando le cogió el ritmo era capaz de leer veinte páginas en un día, un libro en mes y medio. Así leía y leía y leía. Fue aprendiendo cosas. En África la gente era negra porque los negros eran más simpáticos y así podían bailar toda la noche sin cansarse. Por eso ganaban siempre las olimpiadas. También aprendió que las mujeres siempre quieren que les regalen flores y que les toquen con delicadeza los tobillos. Llegó un punto en el que había leído ya veinte libros. Estaba hecho todo un experto. Iba a la librería – papelería del barrio y se pasaba allí cuartos de hora enteros eligiendo su posible nueva victima. Así le gustaba llamar a él a los libros que leía. En la papelería había una dependienta muy guapa que media metro ochenta y tenía unas manos gigantescas. Ella se enamoró de él. Pero él estaba a otras cosas. Lo que él quería más que ninguna otra cosa era leer. Pero las insinuaciones de la papelera le llevaron a fijarse en otra cosa. En la papelería vendían bolígrafos y cuadernos. Él podía comprar uno y empezar a escribir. Sólo tenía que contar cosas como las contaban los otros que tampoco eran tan buenos. Bueno algunos sí, pero los otros eran malísimos y no tenían ni idea de cómo se debe de verdad escribir. Compró el cuaderno y un boli bic y se puso a escribir febrilmente. A los cuatro meses ya tenía tres novelas y
un volumen de cuentos preparados para ser publicados. Lo que no entendía era por qué las editoriales se los devolvían siempre. Su afición a la lectura y a la escritura le llevó a descubrir las bibliotecas. Pero no le gustaban porque estaban llenas de bibliotecarios que decían muchas cosas sobre autores que él sabía de buena tinta que eran unos mamarrachos. Así que seguía con su librería – papelería y su cuaderno y su boli bic. A veces se iba al parque a leer o a escribir. Le relajaba. Allí se le acercaba gente y le preguntaba qué leía o qué escribía. Él contestaba dependiendo de si preguntaba una mujer o un hombre. A los hombres les despedía con cajas destempladas o templadas no sabemos muy bien cómo usaba él las cajas. A las mujeres trataba de impresionarlas con su erudición. Pero sólo conseguía eso. No conseguía llevárselas a la cama. Como todo está relacionado empezó a leer revistas literarias. Aunque en ellas solían escribir filólogos. Los filólogos son tipos siniestros que viven de lo que escriben los demás porque ellos no saben escribir. Unos fracasados. Enviaba cartas a esas revistas y siempre recibía buenas repuestas. Se fue creciendo. Le publicaron algunas cartas. Y fue tan feliz que, como a Remedios la Bella, un día el viento se lo llevó.
A Juan Pablo, José, Leandro y Juan Ignacio.

jueves, 26 de junio de 2008

PACO DE LUCÍA ENTRE DOS AGUAS. CREATURA Nº 30. BIZARRO. EL SONAJERO.

Francisco Sánchez, conocido por todos como Paco de Lucía nace en Algeciras, Cádiz, hace ya mucho tiempo. Perteneciente a una familia muy vinculada al flamenco, su padre era tocador, así como su hermano Ramón de Algeciras o su otro hermano, cantaor y letrista Pepe de Lucía, padre de la última hornada de artistas de la familia, Malú. De Paco son muy conocidas sus propias composiciones, su maestría para entender y reflejar con su propia visión la música del flamenco, sus versiones de temas clásicos (véase el Concierto de Aranjuez), sus interés por otras músicas (como sus discos de Jazz con el nada difícil pseudónimo de Francisco Sánchez), pero es poco conocida su relación con Camarón y el gran impulso que dio junto a este para la universalización del arte flamenco, tan en decadencia hasta la época. Con la colaboración de Paco y Camarón, así como la aparición de Enrique Morente y de Manolo Sanlúcar (su disco Al Viento es imprescindible) alcanza el flamenco las cotas que le eran propias y hace que las nuevas generaciones puedan trabajar con el sentido y capacidad que lo hacen ahora en todas las múltiples ramas del flamenco (así Vicente Amigo, Duquende o Sara Baras).
Pero si hay algo de Paco de Lucía que trascenderá en el tiempo es Entre dos Aguas. Perteneciente al disco Fuente y Caudal de 1971, la canción es un auténtico éxito desde el principio. Primero su bajo intenso después, su ya clásico punteo y luego su ritmo de rumba de pellizco, tan fácil y tan
majestuoso a la vez. Más tarde entran los timbales y la composición crece y se vuelve la canción más triste o la más alegre del mundo. Porque la canción varía contigo, crece contigo y te hace distinto dependiendo del momento. No sabemos qué pensaría Paco cuando la estaba componiendo, pero ha resultado, así como el que no quiere la cosa, la composición más grande la música española en los últimos 40 años.
Por último una curiosidad. Un tiempo antes de que naciera Entre dos Aguas el grupo las Grecas cantaba “Te estoy amando locamente…” ¿No recuerda mucho ese ritmo de rumba al que después encontramos en Entre dos Aguas?

Rumba de pellizco, dos compases:
La m, Si m, La m, Si 7ª.