lunes, 12 de abril de 2010

JOSÉ LUIS GARCI. CREATURA 51. ESPECIAL CINE.

La obra de José Luis Garci está enturbiada por los prejuicios y los supuestos. Se supone que Garci es el director de los académicos, el director aburrido, el director de una determinada tendencia política, el director pedante que envuelto en una nube de humo habla de la maravilla de una toma, el director, en fin, que toda una rama cultural ha tomado como blanco de sus críticas, como elemento de broma.

Parece olvidarse que sobre todo de lo que está llena la obra de Garci es de buenos momentos de cine.

Desgraciadamente se hace necesaria una reivindicación de la obra de este cineasta español, el primero en conseguir un Óscar de la academia americana, el autor de películas que iremos repasando, brevemente, en este artículo.

Antes que hablar de su obra parece necesario hablar de Garci como hombre de cine, como divulgador del hecho cinematógrafico en sus programas de televisión, ¡Qué grande es el cine español! Y ¡Qué grande es el cine! él ha ayudado a difundir películas inolvidables, a directores, por desgracia sí olvidados a grandes actores cuyos nombres no sabemos aún pronunciar.

La obra de Garci cubre treinta años de la historia de España. Los treinta últimos, años de cambio social, artístico, cultural, humano. No es el de Garci un cine pegado a su tiempo, es un cine que podría suceder en cualquier lugar, en cualquier tiempo, un cine con un aire universal, de marcadas influencias del Hollywood clásico. Sus historias, escritas casi siempre por él mismo, son historias que se despegan de la historia y van a lo humano, a lo que afecta a todo hombre en cualquier momento de la historia. Lo social, el contexto histórico, es en Garci un marco en el situar su historia, una forma de concretar unos personajes en un lugar. Poco más. Esta desinhibición de lo histórico ha costado mucho a muchos artistas. El olvidar lo concreto y fijarse en lo permanente, en lo que quedará siempre, en lo humano, al fin y al cabo, ha marcado la obra de muchos a partir de la Guerra Civil. Se les llamó evasionistas. También algo de eso hay en la furibunda crítica a Garci. En su obra encontramos temas que son propios de todo momento y todo lugar: el amor, la añoranza, la soledad, el desconsuelo y el desconcierto ante la vida que nos va llevando, etc.

No es el de Garci un cine de género único. Ha visitado muchos de ellos, desde la historia de amor con la que debutó en 1977 Asignatura Pendiente, historia de dos amantes que no encontraron su tiempo para amarse y lo deben encontrar después, en otro momento, en otro lugar, historia de todos y cada uno, que hemos tenido un amor que no se hizo y que siempre, incluso casados como los personajes de la película, querremos hacer. El amor también lo encontramos en una de sus últimas grandes películas Historia de un beso, donde realmente encontramos la historia de tres besos, de seis personajes que se encuentran y se aman. Película donde encontramos uno de los besos más emocionantes del cine español: “¿Cuándo es el mejor momento para visitar París? Cuando tú vengas, ese será el mejor momento...” y el beso que empieza tímido en los ojos de la protagonista y se va haciendo grande y deseado en los ojos del espectador.

También ha tocado Garci el cine negro con dos grandes películas que nos descubrieron a Alfredo Landa como un gran actor, no sólo como un gran cómico. El Crack y su continuación, El Crack dos, cuentan la historia de un detective que busca venganza, una historia filmada y contada de un modo que no nos extrañaría encontrar en clásicos como Ford o Eastwood.

Pero sobre todo habla Garci de lo humano de lo que a todos afecta. La muerte y la añoranza y la esperanza en su película más premiada Volver a empezar. O el desconsuelo de vivir, la tristeza de a dónde nos lleva la vida en Las verdes praderas obra que cuenta la historia de un hombre que se ve empujado a una vida que no quiere, que quiere salir de sí mismo y del círculo que le envuelve y le empuja a ser lo que no quiere ser. Historia que podría ser de todos lo hombres. Y también historia de cómo la destrucción de un sueño, supuesto, es cierto, puede ser un éxito. Y de cómo la aceptación de la verdad, de cómo dejando de engañarnos a nosotros mismos (lo más fácil de todo es mentirnos a nosotros mismos como dice el protagonista de Historia de un beso) puede llevarnos incluso a la felicidad.

miércoles, 17 de marzo de 2010

martes, 16 de febrero de 2010

PROCESOS DE IDENTIFICACIÓN. CREATURA Nº 49

Partamos de una teoría previa: el hombre es un ser narrativo. Es decir, que el hombre está hecho para contar. Su vida, sus mentiras, sus ficciones, su sufrimiento, su alegría, su placer, etc. Es narrativo por definición. Por eso todo el rato nos estamos contando qué hacemos, dónde vamos, qué queremos. Unos a otros. Por eso hay tantos medios de comunicación y se inventan y proliferan otros nuevos: teléfonos, cartas, telegramas, mensajes, internet, MSN, tuenti, y los que vendrán. Sirven para lo mismo, para contarnos y que nos cuenten. Para trasmitir nuestra vida y la de los demás a un público más o menos atento.

Ya sabido esto, vamos con lo que hoy nos ocupa. En toda narración, y no sólo narración, también en casi todas las manifestaciones artísticas, se establece una relación íntima entre el receptor y el emisor. Es decir, que toda actividad artística es un acto comunicativa entre un autor que emite y un receptor que recibe un mensaje. Pero no es una comunicación normal, no es un mensaje de los habituales donde queremos simplemente transmitir un mensaje, una información, queremos algo más, queremos transmitir una sensación.

El receptor de esa sensación la interpreta, pero no sólo eso, la hace suya, la siente, la vive de una manera u otra, en primera persona.

Es decir, se identifica con el emisor. Pongámonos un segundo ante un momento artístico universalmente reconocido: el grito de Edvard Munch. Todos conocemos esa figura, pero ¿quién no se ha visto a si mismo profiriendo ese grito? ¿Quién no se identifica con el dolor de esa figura que pese a todo no parece absolutamente humana, transida, seguramente, por el dolor? Ese proceso se ha producido al mismo tiempo que la comunicación, han dejado de estar uno a cada lado, emisor y receptor, a estar los dos en el mismo lado, los dos como emisor de esa sensación. O lo que es lo mismo, nos hace vivir ese momento, esa historia, ese sentimiento, y nosotros a su vez lo hacemos nuestro, lo hacemos íntimo y propio, nos convertimos en emisores del mensaje que nosotros mismos recibimos. Nos hemos identificado con el artista, con su mensaje, con el protagonista de la representación artística.Hemos dado ahora con una palabra importante, protagonista. La identificación tenderá a ser con el protagonista del acto comunicativo. Cuanto más concreto, más próxima y más certera será esa identificación. Cuanto más abstracto, más lejano a una interpretación personal, más difícil será ese proceso.

Si hay un protagonista, si existe, sea la voz del poeta, sea un personaje que vemos en una película, sea una figura escultórica, podremos identificarnos con él.

De ahí que comenzáramos hablando del hombre como ser narrativo. Si bien estos procesos identificativos se pueden dar en cualquier arte, se dan preeminentemente en aquellos que tengan la facultad de trasmitir una historia, una narración. Así, el hombre como ser narrativo, pretende que los demás se identifiquen con él, no sólo informar de sus hechos, presumir de ellos, también hacer sentir lo que él sintió.

En la narración existirán una serie de personajes. De personas fingidas por así decirlo. Y la posibilidad de identificarnos con ellos, protagonistas, secundarios, malos incluso, es muy fácil, muy primaria.Tomemos cualquier película. ¿Quién no siente los golpes que le dan a Indiana Jones? ¿Y quién no disfruta y sonríe cuando este saca el látigo? O vayamos a una comedia, ¿quién no siente bochorno antes las estupideces del Inspector Crusoe? ¿O ante las meteduras de pata de Ross Geller? Es por el proceso identificativo. Porque nos identificamos, nos sentimos como ellos, ellos al fin y al cabo.

Es un proceso básico en toda narración, hacernos sentir payasos, héroes, amantes, amados, triunfadores, miserables, morir y renacer, y volver a hacerlo muchas veces.

Es el proceso básico que se da en un género tan poco estimado como el porno. ¿Cómo se podría suponer el triunfo de este género sin la suplantación que del protagonista hacen los espectadores? ¿Cómo se explica este éxito si no es porque el espectador se pone en la piel del protagonista de la escena?

He ahí la identificación, ese proceso tan importante en el arte. Tanto que si un protagonista lo consigue, la obra trascenderá.

viernes, 22 de enero de 2010

CUATRO AÑOS. DELIRIO VANO É QUESTO! CREATURA Nº 47 Y 48

Este fanzine cumple cuatro años. En cuatro años, multiplicad, os hemos ofrecido, cuarenta y ocho números. Unas 1.400 páginas. No todas han sido buenas, pero todas tienen la marca Creatura. Todas tienen la intención de divertiros, interesaros, informaros, rogaros, por Dios, que nos leías.

Creatura lo hacemos entre un grupo, más bien pequeño, de gente.

Están los jovencitos, Gabi y Largo. Que siempre andan un poco despistados y que tardan en entregar, pero que lo hacen muy bien y les perdonamos por ello. Y que nos hacen reír. Y si no nos reímos, no somos nadie. No somos humanos.

Están los del final. Pedro y Víctor, que sin quererlo forman algo así como un pareja compacta. Un estilo rock and roll perfecto que nos ha salido sin querer y que nos queda muy chulo, porque nos da una clase y un estilo que ni muertos soñaríamos. Cierran el fanzine, y le ponen el broche perfecto después de tantas cosas raras y burras que hemos dicho los demás.

Luego están las chicas. Que son lo más bonito de Creatura. Y que siempre han sido lo más delicado. Como la rosa entre los cardos, así nuestras chicas entre nosotros.

Noemí que tiene la palabra delicada como esa rosa y que a veces pensamos, ¿qué hace entre estos cardos?

Ana que es la que tiene más talento de todos. Y que si tuviera mala leche nos mandaría a paseo porque no pagamos. O porque hablamos todo el rato de porno. O porque es tan buena que podría hacer lo que ella quisiera.

Y Leticia, que ya no estará más, pero que nos llena de miedo y de ensueños. La echaremos de menos.

Luego está Tais. Que nos cuenta cosas que no sospechábamos. Que nos hizo a todos satánicos aunque fuera sólo un mes.

Están los que vienen nunca. Armando, que viene cuando hace falta, a recitar, y mientras es el poeta oficial de Creatura.

Y Juan Francisco, que dejó de venir porque quiso, como lo hace todo. Y nos cuenta la vida. Porque la vida es un punto de vista. Y eso nos cuenta Juan Francisco, un punto de vista.

Laura no está entre las chicas, porque no está aquí. Está siempre en otro lado. En el lado de allá. Y no sabemos cómo, pero nos hace llegar sus crónicas al lado de acá.

El alma del fanzine es el Kebran. El pone todo lo que tiene. Es nuestro espíritu. Sin él no soplaríamos como lo hacemos. Sin él no nos conocerían más allá de Ugena. Siempre lo pone todo por Creatura. Algún día se lo devolveremos.

Pinky y Julio son también, de cierta forma, una pareja.

El Bar y el Hombre Irónico comparten la misma idea. Y como han crecido juntos en los bares, Pinky y Julio a veces parece que piensan lo mismo.

Pinky vive en la calle. Y se nota en La historia de la gente. Sólo uno de ellos puede contar esa historia.

Julio vive en otro sitio. Como en un punto más alto. Aquello está lleno de cómics y parece que al final se le ha contagiado la mirada.Todo lo ve como una historieta. Con nostalgia. Como un friky. Con ironía. Como en dibujos.

Y están todos los demás.

Los que se fueron. Sobre todos Ángel. El color de Creatura. Las letras de Creatura. Él, como hizo Prometeo con el hombre, nos dio forma. Y nos enseñó el fuego. Y cómo se utiliza. No está con nosotros en persona. Pero su espíritu queda.

Y Marcos, y el Bala, y Javier Menes y Amable, y todos los que han pasado por estas páginas y no han podido quedarse.

También está el futuro de Creatura. Que es un poco Miguel, y sus crónicas, y su forma de ver las cosas. De ahí vendrá el futuro. Lo estamos esperando.

Todos nosotros hacemos Creatura. Y vosotros también. Porque si no nos lee nadie, si nadie mira nuestros dibujos, nuestras chorradas, Creatura está muerto.

Hazlo vivir. No sé si merecemos cuatro años más. Pero lo intentaremos.

A Creatura, y la idea que defiende. Y a todos los que la defienden.

domingo, 6 de diciembre de 2009

UNA IDEA CON ÉXITO. CREATURA Nº 46

En el mundo del arte hay ideas que parecen tocadas por el éxito. Ideas que se repiten una y otra vez. Ideas tan buenas que son usadas después por las generaciones siguientes con el mismo o más éxito.
En 1848 nació una de esas ideas exitosas que después ha sido profusamente repetida con una fortuna similar. Alejandro Dumas hijo escribió, a partir de una experiencia personal, la novelita La dama de las Camelias. La obra, una historia sentimental donde el lenguaje y los tópicos del romanticismo son fundamentales, fue un éxito desde el principio. Se agotaban las ediciones y las nuevas se volvían a agotar. Este éxito motivó que pocos años después el autor adaptara la obra al teatro. En 1852 se estrena la versión teatral. Un nuevo éxito. Un fulgurante éxito. La historia de la cortesana “aristócrata” que se enamora de un jovencito y sus penosos y tristes amores entusiasmaba a mujeres y hombres. El lenguaje del romanticismo y los tópicos de la época hacían propicio este éxito. Tenía todos los ingredientes necesarios para que el público la aplaudiera: amor, tristeza, emoción, un nuevo lenguaje en boga en el momento, expectativas que se incumplían continuamente, identificación por parte de la audiencia…
Estos ingredientes hicieron que la idea de Dumas hijo fuera un éxito del momento.
En esa época romántica, algo lejano de París, lugar de acción y de explosión de este éxito, Verdi conoce la historia de la cortesana y el joven y le inspira la creación de una ópera. Este hecho no es novedoso en el músico italiano. Durante la época romántica compondrá obras basadas en varios textos románticos tales como La forza del destino o Il trovatore basadas en obras románticas españolas ( Don Álvaro o la fuerza del sino y El trovador).
Con Francesco Maria Piave como letrista, Verdi compone la mejor ópera de la historia del género, la ópera de las óperas, La traviata. Corre el año de 1853, un año después del estreno de la versión teatral, cinco, sólo cinco, después de la aparición de la novela. Y ya es un exitazo. La ópera es la cima del género, la historia de la cortesana y el jovencito, de sus amores desgraciados se ha convertido en universal, ha saltado de género dos veces, de idioma, se le ha añadido música, se ha cambiado el medio, el lenguaje y aún así sigue siendo un éxito.
Sigamos en el mundo musical. La obra sigue conquistando adeptos. Basándose en la música de otro gran romántico, Chopin, el coreógrafo alemán John Neumeier realiza en 1978 un ballet en el que se desarrollan de nuevo las aventuras de Margarita y Armando o de Violeta y Alfredo y que nuevamente se convierte en un éxito.
Pero la cosa no queda aquí. Un nuevo lenguaje artístico empieza a desarrollarse a comienzos del siglo XX, un lenguaje que aprovechará cualquier idea buena de los otros, que, de alguna forma, puede aglutinarlos todos: es el cine.
Desde 1911 el texto de Dumas ha sido adaptado a la gran pantalla. La fuerza de la historia y su éxito ha atraído a numerosos directores, guionistas, actores de múltiples nacionalidades. La historia sigue interesando, sigue gustando, sigue adaptándose, sigue presentándose como emocionante para el público.
Tanto es así que en 2001 aparece una nueva visión de la obra de Dumas. Baz Lurhman adapta la obra sólo que le cambia el título, ahora pasa a llamarse Moulin Rouge. En la nueva obra se mezclan conceptos. La idea es la misma, un joven llega a París y quiere comerse el mundo. Conoce a una cortesana de la que se enamora. Y ella de él. Pero ella está enferma. Hay que añadir algún lío sentimental (en todas las versiones la historia se complica continuamente). Y el trágico final. Además se le añade música. Pero no la música de Verdi, sino música actual, música pop. Es decir, que se ha adaptado y actualizado la idea. Y esta vuelve a tener un gran éxito. Taquillazos continuos. Pases televisivos con gran audiencia. Y dos Óscars.La idea ha ido dando vueltas, ha ido adaptándose al momento o al arte que la ha requerido. La misma historia ha tenido varias versiones, varios lenguajes y aún así sigue enganchando al público. Es sin duda una idea exitosa esa que tuvo en 1848 Alejandro Dumas. Él contó una historia personal. Pero se convirtió en una historia universal. A él le valió la fama y el dinero. A todos los demás nos ha dejado sus representaciones, sus versiones, su éxito.

sábado, 7 de noviembre de 2009

LA RUMOROSA. CREATURA 45

Le cantaban eso de “A la lima y al limón, que no tienes quién te quiera, a la lima y al limón, te vas a quedar soltera, que penita y que dolor, que penita y que dolor, la vecinita de enfrente, solterita se quedó”
Eso mismo le paso a Merceditas, Mercedes, doña Mercedes casi ya.
Todo soltero tiene un vacío que debe llenar: el tiempo. Tiene tiempo de todo, le sobra el tiempo y como nadie le molesta ni le obliga a hacer cosas, el soltero se ve abrumado por el tiempo. Eso lleva al soltero a tener ideas peregrinas. Porque tiene mucho tiempo libre. Y lo usa para pensar. Y se le ocurren muchas ideas. Casi todas malas.
Así le pasaba a Mercedes, que como tenía mucho tiempo libre lo tenía que ocupar en algo y lo ocupaba en inventar historias. Esto estaría bien si las hubiera escrito y se hubiera hecho unas tarjetas en las que pusiera: “Mercedes López. Escritora.” Pero no le gustaba escribir, a ella lo que le gustaba era contar cosas, hablar, hablar, hablar. Se podía pasar el día entero hablando. Si te cogía por la calle y le dabas un poco de carrete estabas perdido. En concreto tu tiempo estaba perdido. Te contaba todas las historias del vecindario, las de su familia, las de tu familia, las tuyas propias.
Por eso la llamaban La Rumorosa, que parece un nombre de zarzuela o de cuplé. Y es un poco de cuplé y de zarzuela había en Mercedes.
Un día veía pasar a una moza con un chiquito por la ventana de su casa y pensaba: “¿No serán novios estos dos?” como al día siguiente volvieran a pasar ya decía: “Confirmado, estos están liados.” Y lo propagaba a los cuatro vientos. Si eran dos solteros daba un poco lo mismo (menos cuando tenían intereses ajenos) e incluso se daba el caso de solteros que oían el rumor de que estaban juntos y se lo creían y salían juntos y se casaban. Y todo eso se lo debían a la Rumorosa. El problema era si uno de los dos estaba casado. También había provocado divorcios la Rumorosa, alguno divorcio agradecido, querido por ambos que no se atrevían, empero, a solicitarlo. Algún ramo anónimo le llegó a la Rumorosa, que feliz y contenta pensaba que tenía por ahí un admirador que la hiciera no ser soltera por nunca jamás.
Sus rumores favoritos eran los de parejas. Se complacía emparejando a la gente aunque fuera en sus historias. Alguna había que tenía en su haber más conquistas que ladrillos la catedral de Toledo. Por eso se granjeaban fama de chicas fáciles. Y cuando un muchacho no conseguía nada con ella decía: “Será perra, conmigo no quiere y con los demás…”
Cuando una mujer pasaba mucho tiempo sola delante de su ventana ella decía: “Esta es una estrecha” y esa fama crecía y crecía. A pesar de trabajar en el famoso club Leo. Pero la muchacha se complacía en ello, como Clark Kent en su doble identidad.
También cabía la otra posibilidad, Mercedes era una imaginativa mujer. Cabía la posibilidad de que fuera lesbiana. Y si siempre llevaba pantalones ya estaba claro: era lesbiana. Alguna probó las mieles del bello sexo sin habérselo nunca propuesto. Y dicen las malas lenguas que le gustó.
La Rumorosa inventaba a más y mejor. Pero nunca lo muy evidente. Si pasaba un chico con mucha pluma, nunca pensaba decir que era esto o lo otro o lo de más allá. Pensaba en que podía inventarle un novio, un marido, un hijo secreto de una vez que tuvo un desliz con una señorita.
Desde su ventana veía la Rumorosa pasar un hombre muchas veces. Y se preguntaba qué hacía aquel hombre siempre por allí, dando vueltas. Solo. No sabía qué pensar qué inventar. Se le pasó por la cabeza inventar que estaba allí por ella. Pero no le parecía creíble.
Un día en el mercado el pollero le dijo: “Mercedes que me han dicho que te has echado novio” ella miró extrañada y sonrío: “Ojalá, Marianín” y luego en los congelados: “Mercedes, quién es novio que te has echado” “No sé quién será pero a ver si lo conozco ya”Y en todos los puestos igual. Empezó a pensar si no era cierto. Si no tendría un novio y ella no lo sabía. Así que cuando vio al hombre aquel paseando ante su ventana se arrancó y le dijo: “¿Qué? ¿Vamos donde siempre?” Y él dijo. “Claro Merceditas donde siempre, pero hoy, antes pasamos por la Iglesia a ver como va lo de nuestra boda”. Pero la historia de la boda de la Rumorosa ya es otra.

domingo, 11 de octubre de 2009

LA PERVIVENCIA DE LA IDEA QUIJOTESCA. CREATURA Nº 44

Tal vez la forma más sencilla de definir un clásico es decir que es una obra que por más que pasa el tiempo no pasa de moda, que se puede seguir disfrutando como el primer día, incluso que el tiempo ha ido enriqueciendo sus matices, su calidad.
De entre todas las obras de la literatura española tal vez la que mejor entra en esta definición de clásico sea el Quijote. Añadamos a esto que un clásico es una obra que también tiene una influencia comprobable en el resto de la producción artística de ese u otro arte. Esa pista es la que seguiremos ahora con el Quijote.
El trazo quijotesco se percibe en muchas obras a lo largo de la literatura y el arte mundial. En varias de sus facetas. La creación de una pareja antitética que se complementa y que va variando según varía el otro personaje es tomada después por muchos otros. Tal vez el mejor ejemplo es el del escritor inglés G. K. Chesterton, declarado quijotista, que en sus novelas siempre introduce esta dualidad de personajes, de un personaje que es todo imaginación y de otro que es práctico. La huella que el Quijote deja en Chesterton llega incluso a la composición de una obra llamada La vuelta de Don Quijote.
Esta idea de la pareja de personajes (recordemos que la pareja es el mejor ingrediente para cualquier comedia) no es la única en la que el Quijote ha influido. La principal influencia, y creación pues es original de la obra cervantina, es la de un personaje que asume la ficción como un hecho real, que confunde la realidad con la ficción. Ejemplos recientes de esto podemos encontrar en la que es tal vez la obra cómica más importante de los últimos veinte años, Los Simpsons. Los guionistas de la serie cuentan con Homer un personaje que confunde la realidad con la ficción que ha contemplado en películas o en la televisión. Homer es un personaje quijotesco en el sentido de asumir la ficción como una realidad, de creer que las cosas son como aparecen en la ficción, en sus películas, igual que el Quijote confunde la realidad con lo que aparece en los libros de caballería.
Así la interpretación de la realidad por parte de Homer se asemeja a la del Quijote y si este ve gigantes donde sólo hay molinos, lo mismo le sucederá a Homer cuando contemple en la realidad algo similar a lo que él ha visto. Ejemplos de esto hay muchos durante la serie, pero baste señalar el episodio en el que Homer entra en la universidad. Todo lo que se desarrolla a partir de entonces es una lucha entre la realidad de la universidad y la realidad de Homer que entiende que esa realidad ha de ser la que él conoce de películas sobre universidades como Los albóndigas en remojo, Desmadre a la americana o La revancha de los novatos.
Como no, y siguiendo su inevitable camino de copias, en Padre de Familia encontramos el mismo esquema. Peter y sus amigos creen ser el equipo A y salen a la calle a salvar a la gente del caos que ellos mismos provocan. ¿Algo más parecido a Homer? ¿Algo más parecido al Quijote?
Pero pongamos el énfasis de este breve recorrido por una de las pervivencias del quijotismo en una obra de suma importancia. Una obra que revolucionó los esquemas de su arte, que cambió la forma de pensar y trabajar de aquellos que se dedican al mundo el cómic. Hablamos de Watchmen, la obra que Allan Moore publicó entre 1986 y 1987. En ella vemos como un grupo de personas normales tratan de salvar al mundo asumiendo el cargo de vigilantes. ¿Cómo llegan a eso? Búho Nocturno el primero de estos vigilantes, algo así como superhéroes sin poderes que luchan contra el crimen, lee muchos cómics de héroes y piensa y desea ser uno de ellos. Un día decide que ha llegado el momento de dejar de desear y de pasar a la acción y empieza a salir a patrullar las calles vestido con el traje de un búho. Influido por sus lecturas, impresionado por ellas, decide poner en práctica lo visto, decide ser un héroe. Al igual que Alonso Quijano que de tanto leer libros de caballerías acaba por creerse uno de ellos y sale con una anticuadísima armadura a desfacer entuertos, Hollis Madison se viste como un superhéroe y decide solucionar el crimen en la ciudad.Como vemos la importancia de una obra se ve no sólo en su calidad, en su éxito, sino también y fundamental en la huella que deja en lo porvenir.