viernes, 28 de agosto de 2009

EN LA CAMA. CREATURA Nº 43

Como ya habían terminado de hacer lo que tenían que hacer estaban los dos en la cama, quietos y silenciosos sin saber qué decir ni qué hacer. Ya habían conseguido lo que querían y sabían que este tiempo les sobraba. En el bar donde se habían conocido ya se lo habían dicho todo. Qué brazos tienes. Gracias voy al gimnasio. Un guiño, una sonrisa. Todo hecho, todo dicho. Luego a la casa, los besos, la desnudez, los gemidos, el sudor, los líquidos. Y se acabó. Ahora ya no tenían nada que decirse. Ambos buscaban una excusa para quedarse solos, uno para irse, la otra para que se fuera. Ahora mismo ya se molestaban. Qué tío más pesado, por qué demonios no se va ya con su mujer o con su madre, lo que sea que tenga. Qué tía más plasta a ver cuando puedo largarme, que se haga ya la dormida. Ella lo cogió, se hizo la dormida, o la despistada. Él aprovecho para quitarle un cigarro y un billete de diez y se fue. Bueno, antes trató de averiguar cómo se llamaba, pero no lo consiguió. Bueno, pues María mismo, que es universal.
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Como ya había terminado de hacer lo que tenían que hacer estaban los dos en la cama, quietos, esperando que el otro hablara. La situación era un poco ridícula. Claro que había sido ridícula desde el principio. No te llamas Carmen. No. Pues yo me enamoré de una Carmen, era más fea que tú. Risitas tontas. Toma una copa. Toma un cigarro. No fumo, eso es malo para hacer ejercicio. Qué ejercicio haces. El amor. Será para menos. No, soy un profesional. Habrá que comprobarlo. Claro. Besos y esas cosas. Y luego a la casa de él. No era la casa de un atleta. La nevera estaba llena de refrescos para mezclar con alcohol. El congelador lleno de hielo. En el baño múltiples artículos depilatorios. Muchos perfumes y cremas. Parecía su casa y era la de él. Después del ejercicio, sudor, gemidos, te gusta ¿eh? No digas que no te gusta, besos, abdominales cuidados, cama perfecta, condones de sabores, líquidos, estaban ahora los dos tumbados. ¿Por qué no me dice ya lo bueno que soy? ¿A qué espera? Joder, este tío es un gilipollas. Y no es tan bueno. Me han hecho cosas mucho mejores. Y ya en voz alta, ¿A qué ha gustado, eh? ¿A qué no mentía? Y ella pensando en la compra.
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Como ya había terminado de hacer lo que tenían que hacer estaban los dos en la cama, quietos, hablando, sin dejar de hablar, eran como dos cotorras. Y encima se reían. Qué buen rollo pensaba él. Qué buen rollo pensaba ella. No habían dejado de hablar desde el principio. Desde que se habían conocido en el bar. De dónde eres. A qué te dedicas. Estás sola. Esas son mis amigas. Son más guapas que tú. Imbécil. No habían dejado de reírse todo el rato. Parecían un poco tontos. Incluso durante los besos, las caricias, los gemidos, les había salido también la risa. Un poco se habían cortado. No lo estaré haciendo tan mal que se está riendo de mí. Y un poco sí era así. Pero eran dos inexpertos. Y lo importante era ahora. Reírse. Hablar. Seguir con los vaciles. El rollito que se traían. Podrían quedar otro día. Seguir hablando, riéndose, mejorando sus técnicas. Él tenía que mejorar muchas cosas. Ella también. La había mentido. No lo hacía tan bien como ella creía. Pero así podría mejorar. No pensaban callarse. Parecía que iban a estar así toda la noche. Que les quedaba mucha cuerda. El vecino pensó que se podían callar de una vez, joder.
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Como ya habían terminado de hacer lo que tenían que hacer estaban los dos en la cama, quietos. Ella hablaba y hablaba. No había dejado de hablar en todo el rato. Él no había hecho nada en realidad. Sólo había dicho su nombre y había puesto las orejas. Ella había hablado de su ex, de su madre, de su perro, de su trabajo y había dicho justo cuando él ya tenía la excusa perfecta para largarse ¿vamos a mi casa? Y se habían ido a su casa. Allí ella no había dejado de hablar en ningún momento. Temió por las partes importantes de su anatomía, porque ni siquiera con la boca llena parecía que iba a dejar de hablar. Por suerte lo hizo. O más bien se dejaba la boca vacía y hablaba. Era una pesadilla. Describía hasta el placer, palabras todo el rato. Le había desconcentrado. Claro que eso le había hecho aguantar más. Ahora ella seguía hablando ya no sabía bien de qué, tendría que escucharla para ver si cogía algo y decir sí o no o algo. Repescó la excusa para largarse que tenía pensada y la usó. Pero ella seguía hablando y no se dio por enterada. Rezó para que algún día parara. Pero también habló en sueños.

lunes, 3 de agosto de 2009

LUIS DURÁN. CREATURA Nº 42

No soy un gran conocedor del noveno arte. Ni está entre el primero de mis intereses. Pero tengo que reconocer que de un tiempo a esta parte ha ido ganando en mi consideración muchos enteros. A la lectura, como muchos otros, llegué con Tintín, Asterix, Spirou (cómo me gustaban las aventuras de Spirou y Fantasio) o Mortadelo. Pero lo que no sabía todavía es que más allá de presentar historias clásicas de aventuras, historias bien dibujadas, divertidas y entretenidas, el cómic podía llegar más allá ser más.
Por casualidad llegué a Luis Durán. Fue una recomendación y me entregué a su lectura. Comparando su obra con lo que conocía del cómic me chocó. No era un cómic como los otros. No tenía color, sus dibujos no eran llamativos. En él no se presentaba la historia de un héroe, de un héroe de los clásicos, de los antiguos, un héroe que se enfrenta a un problema y que gracias a sus cualidades y a su determinación consigue derrotar ese problema, consigue salir vencedor de cualquier circunstancia por dura y complicada que sea. No eran así los héroes que encontré en las obras de Luis Durán. Eran héroes que no querían serlo, héroes solitarios, que no tenían tras sí una colectividad, un grupo humano que salvar, sino simplemente una historia personal. Eran héroes torturados, con problemas de aceptación, de situación en el mundo. Héroes expulsados de la realidad, de la sociedad.
Busquemos ejemplos. En Caminando por las colinas de arena nos encontramos con un héroe. Es un indio americano. Para conseguir ser un hombre y aceptado por la tribu ha de realizar un ritual de paso. Ha de matar a un oso sin armas. Pero como no es héroe, no un héroe consciente de serlo, un héroe poderoso, huye y se exilia de la tribu a la que no podrá volver ya nunca. Este es el héroe típico de Luis Durán. Uno que no lo es. Y como mucho es obligado a serlo. Otro ejemplo, Atravesado por la flecha. Bernard se distingue en el campo de batalla como un gran guerrero. Pero no le gusta su trabajo. La guerra. Es herido. Está muerto sin estarlo. Es atravesado por una flecha que al ser sacada provocará su muerte. Y es ahí donde se convierte en un héroe a pesar suyo. Los demás le toman como ejemplo Un grupo cada vez mayor de gente sigue a Bernard que no les lleva a ningún lado. Que no puede ser su héroe, su jefe, pero que acaba siéndolo pues las circunstancias le obligan a serlo. Y se convierte en la referencia para muchas personas, en la esperanza de un mundo mejor. Bernard sabe que no puede ofrecerles ese mundo y prefiere morir finalmente antes que seguir engañando a la gente.
Estos son los héroes de Luis Durán. Héroes que lo son a sus expensas. Héroes que no buscan ser héroes, empujados por las circunstancias y por el momento a ser lo que no han querido ser, lo que, por otra parte, no tienen más remedio que ser.
Además encontramos que esos héroes que no quieren ser héroes son reflejos de los héroes de los cómics clásicos, de los géneros típicos de los tebeos: caballeros, piratas, indios, etc.
Otra cosa de los tebeos de Durán que sorprende es la facultad del autor de contar historias. Parece como si hubiera comprendido que básicamente el hombre es un ser narrativo, que tiene la necesidad de contarse a sí mismo de contar su historia y la del mundo que lo rodea para así poder entenderlo, conocerlo, saberlo y tal vez transmitirlo a los demás.
En los libros de Durán hay siempre alguien que cuenta una historia. Alguien aparte del narrador. Tienen que contar su vida anterior. O un cuento relacionado con algo vivido. Como si la narración fuera la llave del conocimiento. Podemos incluso encontrar interrupciones en la normal narración de las historias, un aparte para que alguien cuente sus historias. Así sucede en Antoine de las tormentas, donde los cuentos de mamá Irene, interrumpen la narración progresiva de la historia, pero a la vez aportan, con un cambio de historia, de perspectiva, un nuevo punto de vista.Hemos de acabar ya pues se nos queda corto el espacio para seguir hablando de la obra de Luis Durán, de sus cómics, de sus historias, de sus personajes, de sus narradores, de su significación última que va muchas veces más allá de lo narrado. Seguiremos como uno de sus personajes, intentando ser animales narrativos.

miércoles, 1 de julio de 2009

COLABORACIÓN BIZARRA. LA HISTORIA JAMÁS CONTADA. LEONCIO VS. LOBEZNO. CREATURA Nº 41

Ahora que ya conocemos su triunfo, hablar de la serie Leoncio no tiene ningún mérito, pero, ¿cómo llegó ese éxito? ¿cómo se convirtió Leoncio en el gran héroe que es? ¿cuál es la historia de su nacimiento? Aunque pocos lo sepan Leoncio no es más que una copia de otro personaje más antiguo. La desaparecida casa de cómics, conocida irónicamente por la “casa de las ideas”, Marvel, creó allá por los años ochenta una serie de cómics basados en héroes dotados de prodigiosos poderes provocados por mutaciones espontaneas de su ADN. Uno de esos héroes era Lobezno. Asociado a un lobo por su aspecto peludo, el héroe de Marvel pasó sin pena ni gloria por la serie X-Men que tampoco fue demasiado exitosa que digamos. La “casa de las ideas” (malas ideas debió tener) cerró a principios de los noventa acuciada por las deudas y la pésima gestión editorial, creativa y económica. Sin embargo de la génesis de sus mutantes y de Lobezno nació la mayor casa editorial comiquera de la historia, la J. Fry. Como todos sabemos el gran éxito de la Fry, tal y como se la conoce, fue Leoncio. Este humano con superpoderes, cura instantánea, rehabilitación, aguante de cualquier dolor, casi inmortalidad, vida larga y tortuosa y torturada, se convirtió desde el principio en la gran baza de la casa que pronto empezó a diseñar y dibujar una serie sólo para él. Al principio Leo, como se le conoce o Hogan su verdadero nombre y con el que los entendidos le asocian, formaba parte de los Mutados, grupo heroico que luchaba contra el mal y contra la superstición que los consideraba poco menos que animales. Pero la personalidad de Hogan era tal y sus posibilidades tan grandes, se le podía dibujar un pasado y hasta un futuro sin fin, puesto que no envejece o no parece envejecer y no muere, que la Fry se lanzó a hacer una serie sólo de nuestro héroe. Allí nos enteramos del duro pasado de Hogan, de la muerte de sus padres, del asesinato de su mujer, de su violenta venganza y de cómo, gracias a su poder de recuperación es sometido a una dura terapia que le convierte en una especie de híbrido de león y humano con una fabulosa melena, un característico rugido (copiado, no lo olvidemos de la Metro) y una garras que le salen de la nada y que son su arma más mortífera y feroz. Además Hogan es un rebelde, un hombre duro, solitario, silencioso, algo así como un nuevo Bogart. ¿Qué fue de Lobezno? ¿Quién lo recuerda? Nadie o casi nadie, sus aventuras son hoy desconocidas. Tal vez sobreviva Lobezno en el espíritu de Leoncio. Tal vez. James Howlett, Logan
Para Jose Luis, creador de grandes éxitos.

INTERNET KILLS THE PORN MAGAZINE. CANALNOSTALGIA BIZARRO. CREATURA Nº 41

Queridos amigos de Canalnostalgia, este mes nos ocupamos de un añorado por muchos elemento de liberación y a la vez un elemento desechado por el tiempo, un invento superado por la imaginación siempre en funcionamiento del hombre moderno, ¡Gloria a la tecnología y el pensamiento digital! Hablamos, queridos míos de mi corazón, de la Revista Porno.
Internet kills the porn magazine
Bender, consumidor de Revistas porno.
“Burger King es una mierda” Porque siendo honestos: ¿Quién negará haber visto, ojeado, hojeado (si es que se podía) una de estas revistas, tan denostadas, que se compraban ocultas con el periódico o la revista intelectual de turno (desde la desaparición del porno cuántas revistas ha vendido Época)? Eran un gran invento, muy útil.
El último representante de esa literatura para leer con una sola mano que tantas alegrías ha dado a tantos. Mujeres lúbricas, en poses fabulosas, con hombres que, no nos engañemos, no importaban un pimiento, hacían las delicias de adolescentes y salidillos en general a lo hora de aliviar sus tensiones. Porque, aunque parezca mentira, la imaginación del pajillero se agota y ahí venía la revista a dar ideas, a mostrar lo que se pensaba, a ayudar a recuperar la perdida potencia.
Guardadas bajo la cama, o escondidas en el fondo de los cajones donde todo el mundo sabía que estaban aunque nadie lo admitiera. “No mires ese cajón que tiene mi hermano ahí el porno”. Y no mirábamos porque aún éramos pequeños, pero más mayores siempre había quién hacía una incursión en esos prohibidos cajones donde mujeres imposibles nos ofrecían todo lo que tenían. ¡Qué hospitalarias mujeres que daban todo por apenas 200 pelas!
Tenían, todos lo sabemos, muchos inconvenientes. Pasar las páginas en esos momentos cruciales no era nada fácil. El hecho de tener que sujetarlas con las manos. Y, por asqueroso que les parezca a muchos y a muchas, sus páginas imposibles de leer porque estaban pegadas.
Por eso la tecnología, que avanza que se las pela y que está dominada, a qué engañarnos por pajilleros pseudoadolescentes, fue arrinconando a la revista porno no en el cajón o en el kiosco, si no directamente en la desaparición lo que ha supuesto por el contrario la proliferación de revistas de caza, motos o confección de flores de papel con papel pinocho.
La revista ha salido de las manos de los adolescentes y los pajilleros (excepto de los nostálgicos o de Bender D. Rodríguez, prodigio de lo digital pero amante del porno analógico) para ser sustituida por internet, ese red global de pornografía (no otra cosa es internet, una forma de universalizar y compartir cualquier perversión que a un tipejo de cualquier lado del mundo se le ocurra y que ya le habrá ocurrido a un japonés antes), que con su muchísima variedad y posibilidades (¡porno en directo, amigos pajilleros!) ha derrotado finalmente al papel. Es verdad que el papel acababa mojado, manchado, pegado y oliendo mal, pero esa posibilidad de tocar a la fabulosa siquiera fuera en papel es difícil de igualar. Lo mismo ha sucedido con el VHS muerto por su incomodidad (adelante atrás todo ese ruido la posibilidad de que se rompa, se enganche) y sustituido por el DVD y su selección de escena y de imagen (por fortuna para los admiradores de Melanie Coste o Nacho Vidal), la revista ha sido sustituida por nuevos formatos, mejores formatos, pero que no tendrán nunca la cualidad y la tangibilidad de la revista. Si bien esa tangibilidad fuera tantas veces tan asquerosa.
Volvamos por un día nuestras fantasías al Lib, al Penthouse, y cambiemos un rato de Canal, dejemos internet y… ¡Squirt, Squirt, Splash!

jueves, 4 de junio de 2009

VINDICACIÓN DEL PAGAFANTAS. CREATURA Nº 40 DELIRIO VANO E QUESTO!

Sabiendo que tenían tanto en común y habiendo coincidido o habiéndose conocido unos a otros bien por internet bien en sus salidas nocturnas, bien por amigos u otras coincidencias, ser reunían los Pagafantas siempre que podían en un sitio que era conocido por ellos. Bueno, por ellos y por todos, pues no era más que un parque donde aprovechaban para tostar su pálida piel y para comer pipas con una velocidad, pasión y precisión difíciles de igualar.
Tenían bastantes temas de conversación, cómics, películas, canciones, poemas amorosos, juegos online, consolas y otras ocupaciones meramente intelectuales como teoría del fútbol o de cómo cambiar rápidamente una rueda de un monoplaza fórmula 1. Sin embargo sus conversaciones siempre eran muy parecidas y acababan por tender hacia el objeto de su deseo, hacia aquello que jamás llegarían a conseguir, hacia sus bienamadas mujeres deseadas, sus “recibe fantas” del corazón y el alma.
Eran mujeres fabulosas, todas hermosas, candorosas, buenas, tiernas, inteligentes, divertidas y con muchas otras hermosas cualidades que adornaban sus preciosos cuerpos, sus deseados y adorados cuerpos.
Esas mujeres y su imposible amor eran la obsesión de todos los pagafantas del mundo y de estos por supuesto también. Esas hermosas mujeres y sus despechos y sus desvaríos y sus Buenos días, sus buenos momentos en que se percataban de ellos, de su existencia, y se volvían a ellos y los tomaban como amigos, esos amigos que hacían lo que fuera necesario y más por ellas, que pagaban sus fantas o lo que fuera, que hacían lo que ellas querían, que opinaban lo que ellas opinaban, que deseaban lo que ellas deseaban.
Así algunos eran aficionados a los dibujos de Hello Kitty, otros veían con fruición telenovelas venezolanas, muchos escuchaban horripilantes discos de cantantes hermosos y adolescentes, otros se apuntaban a clases de pilates, aquaeróbic, judo, danza del vientre. Todos eran un poco chóferes. Un mucho almohadones para dormir o pañuelos de lágrimas. Tenían un repertorio de frases hechas, estás estupenda, qué bien te queda, es horrible, qué divertido, pega con tus ojos. En realidad querían decir otras cosas, te metía de todo menos miedo, qué tetas te hace, es horrible, me lo paso genial pero me lo pasaría mejor si…, con esas tetas que tienes nadie va a mirar si hace o no juego con tus ojos.
Cada uno tenía su amada: Pilar, Alicia, Gemma, Ana, Rita, Irene, Noemí, María, y cada una de ellas era mejor que la otra, siempre según el parecer de cada pagafantas al que preguntaras.
Y todas eran hermosas y con cierta tendencia inefable a la perfección. Cierta falsa tendencia a la perfección. O a la perfección según ellos. No tenían defectos. Les hacían llorar por las noches y rezar a Dios o lo que fuera para que ellas un día…Ellos sin embargo no eran nada agraciados. Eran feos. Muy feos. Por eso el resto de los hombres no les veían peligrosos. Y hasta los novios les dejaban sin problemas, sin celos en compañía de sus novias toda la tarde. Incluso en la casa, en la habitación de ellas.
Eso les impedía, según ellos, llegar a ellas. Eran feísimos. La gloria era para otros, para los guapos. La Gloria y todas las demás.
Por suerte para ellos siempre había una fea que al final les quería, o más bien quería casarse con ellos y les acompañaba (que era lo más que podían conseguir, compañía) durante toda la vida.
Los más afortunados llegaban a querer a esas otras mujeres. Otros no.
En los foros de pagafantas se daban consejos de cómo dejar a la mujer amada. No verla en un día, luego la ves y estás dos sin verla. Luego cinco sin verla y un día con ella y así hasta que no la tengas que ver más. ¿Y si me llama? No seas absurdo, ¿cuántas veces te ha llamado en la vida? Ninguna. Pues eso. Pocos lo conseguían. Lo que sucedía era que ellas al final encontraban a otro y les daban de lado. Y ellos se quedaban con un palmo de narices y más tristes que un móvil lleno de fotos de un perro.
Eran, sin embargo, tipos optimistas estos pagafantas. No cejaban en su amor por más que todo les fuera mal. Eran como un aficionado del Atleti, que perdía por tres y decía, bueno, aún quedan seis minutos. Y ellos creían, a pesar de no tener ninguna opción ni oportunidad. Pero soñar es gratis. Y ellos soñaban y soñaban y soñaban. Era tan bonito soñar. Todos soñaban con ser el Gran Pagafantas. Aquel que consiguiera ser amado por su amada, aquel que consiguiera el sueño. Pero ninguno lo conseguía. Muchos soñaban sólo con ser capaces de meterse en la cama de la chica, de poder, por qué no decirlo, acostarse con ella, darse al menos ese gran capricho. Pero pasaban generaciones y generaciones de pagafantas y ninguno lo conseguía. Se hizo mítica la historia del que hasta el momento era el Gran Pagafantas.
Mateo, con ese nombre no se esperaba de él otra cosa que ser un pagafantas, consiguió que un día esa mujer, la gran mujer, la mujer a la que amaba… le diera un beso. Es lo más a lo que ha llegado nunca un pagafantas. A nada más. Ella, de nombre Lidia, estaba un día borracha. Él la cuidaba. Ella lloraba. Otro la había dejado. Él, Mateo, odiaba a aquel otro. Le hubiera partido la cara. Y así lo dijo. Y ella entonces, entre la confusión, la pena y el agradecimiento, le besó. Tampoco se crean que fue una cosa espectacular. Fue un piquito. Una cosa más bien triste. Pero ese beso, ese gesto, se hizo mítico y todos querían ser Mateo, y pagaban copas y copas a sus amadas a ver si borrachas… y criticaba y criticaban a los otros a ver si enfadadas… pero no había manera. Nadie lo conseguía, ninguno lo repitió. Por eso Mateo era el Gran Pagafantas, el único que había conseguido un beso.Grandes tipos estos Pagafantas, generosos y optimistas, amantes, de amor bonito. Poetas. Artistas. Dios les bendiga y les proteja. Falta hace.

lunes, 27 de abril de 2009

FERNANDO PERDIGUERO - ÓSCAR PIN. CREATURA Nº 39

Fernando Perdiguero es un nombre básico en el humor español. Es un doble nombre. El de un padre y un hijo que, cada uno en su tiempo y a su manera, hicieron que un género o una forma de contar las cosas llegara a cotas difícilmente igualable. Dice Antonio Mingote que no es que ya no haya un género humorístico, sino que ese género ha conseguido introducirse en todo, acoplarse a todo y que así es muy difícil encontrarle solo. En parte estas palabras son ciertas. Hay mucho humor mezclado en muchas cosas. Pero por desgracia aún no está en todo.
Fernando Perdiguero es el nombre del gran factótum de La Codorniz, su secretario. Perdiguero, conocido como Cero o Menda en sus alías más famosos, era el brazo ejecutor de la gran revista humorística, espejo de muchas que nunca consiguieron ese reflejo. Álvaro de Laiglesia era el director, la cara. Perdiguero era el secretario, el brazo, la cabeza, las piernas y la cabeza de la revista.De este hombre injustamente tratado, detenido y afortunadamente indultado es hijo el otro Fernando Perdiguero, del que hablamos hoy. El segundo Perdiguero, que siempre ha firmado como Óscar Pin y al que así llamaremos para no complicar mucho la cosa, inicia su colaboración en la revista muy jovencito. Desde muy niño, imitando a su padre, se encierra en su habitación a escribir, a hacer humor. Escribe las cosas que le divierten, que le hacen reír. Su padre en principio dibujante pasa después a la palabra. Pin es narrador desde el principio y su obra resume perfectamente la evolución y el esplendor del humor en la segunda mitad del siglo XX.
Cero comienza con Mihura, Tono y Neville en las revistas de los años 20, y su humor tiene mucho que ver con la vanguardia. Ruptura de tópicos, visión atípica de la realidad, desmontaje de la sociedad, sobre todo a través del lenguaje que es lo que configura la realidad, la vida a las gentes.
Con ese bagaje llega la segunda generación de humoristas. Más realistas, por necesidades del guión (recrudecimiento de la situación económica, social y sobre todo política) y por la petición del público (o del director de la revista en nombre de ese público). Este humorismo más realista cuenta con nombres ilustres que aún perduran, con su obra o en nuestra memoria. Mingote, Azcona, Gila, Chummy Chúmez, Evaristo Acevedo, Laiglesia, Pin, y muchos más publican en periódicos, revistas, novelas, teatro, cine. Su obra vuelve la cara a la realidad, no para criticarla (no se puede, la censura aprieta, el régimen castiga), pero sí para contarla y que ella misma se retrate.
En ese ambiente, protegidos por el idealismo de la primera generación y aupados por el éxito y la necesidad de un humor más realista, los nuevos autores combinan las dos expresiones consiguiendo un producto que sirve a la vez de regocijo y conocimiento de la realidad, siquiera sea por omisión.
Conviven con la antigua tendencia, pero su visión es distinta, necesariamente.
Las novelas y los cuentos de Óscar Pin tienen, dentro de lo posible, un píe en cada extremo de las posibilidades. Jugando con lo real y con la imaginación. Con el ataque al tópico y la visión de lo real y criticable. Esta combinación es difícil y por ello hay que prestar mucha atención en lo leído para encontrar lo que decimos. La obra de Óscar Pin es extensa y se extiende hasta prácticamente nuestros días (prepara una nueva novela y hace un año salió una Antología Breve). Se inicia con El rey y Mari Pepi, un debut más que interesante. Es una novela en la que encontramos todo lo bueno del humor del 27, destrucción de tópicos lingüísticos y sociales, configuración de un mundo particular donde las reglas son parecidas a las del mundo real, pero no son las del mundo real, dándole un cierto aire de parodia. Tal vez destaque la creación de un gag que después será muy aplaudido cuando Mihura lo incorpora a Maribel y la extraña familia, el padre de Mari Loli trabaja de visita en casa de unos señores. Y no sólo eso, también de “coco”. Destacables también son Cuando no hay guerra da gusto, Los náufragos del Queen Enriqueta, Divina comedia dos, Devuélveme la visa, nena o El Cambiazo, donde encontramos a un hombre atrapado en un ministerio casi eternamente por culpa de la burocracia. Una obra rica, divertida, con matices, de un escritor, que como todos los de su género es poco apreciado.

domingo, 5 de abril de 2009

PANTOFILIA. DELIRIO VANO É QUESTO! CREATURA Nº 38

- ¡Pantofilia!
- ¿Pantofilia?
- Sí, pantolofilia.
- Pantofilia…
- Sí, y deje ya de repetirlo, pantofilia, pantofilia, pantofilia.
- ¿Qué es la pantofilia, doctor?
- Una vez más te repito que no soy doctor, que soy psicólogo.
- ¿Qué es la pantofilia, psicólogo?
- No me llames psicólogo, sabes como me llamo.
- ¿Qué es la pantofilia, Jacinto?
- La pantofilia es un trastorno poco grave, no tienes que preocuparte.
- ¿En qué consiste?
- Bueno, yo sólo le pongo nombre, la definición seguro que tú la conoces mucho mejor que nadie. Es básicamente lo que te pasa a ti. De hecho, no la he descubierto en ti, pero casi, casi, hay pocos pacientes de esto en el mundo.
- Pantofilia… Me dices más o menos en qué consiste, es para explicárselo a mis amigos y a la gente que me pregunte.- Viene del griego, “Pan”, todo, “filia” amor. Es decir que te gusta todo, que todo te parece bien, te parece bonito, amable, necesario, que todo te atrae.
- Ajá.
- Sí. Mira esta foto de Elsa Pataki, ¿qué te parece?
- Me gusta mucho, doctor.
- No me llames doctor.
- Bueno, me sigue gustando mucho.
- Vale, mira esta de mi portera barriendo el portal, con el pelo sucio y sus 63 años.
- Me gusta mucho.
- Vale, mira esta foto de George Clooney.
- Me gusta mucho.
- Bien, y esta del feo de los Calatrava…
- Me gusta, ¿por qué dice que es feo? No es nada feo, tiene una belleza fabulosa.
- ¿Ves? A eso me refiero con lo de la pantofilia, con lo de que todo te gusta, no sabes discriminar lo bello de lo no bello y todo te gusta y te parece bien.
- ¿Por eso mi extraña afición última de alabar la belleza de los hombres?
- Sí.
- ¿Y por eso que todo me parecía bien y me gustaba?
- Sí.
- ¿Y por eso me gustaba hasta la comida del bar de debajo de mi casa?- Por eso mismo.

Después de toda esta conversación Damián salió de la consulta del psicólogo. Estaba más tranquilo. Había pasado unos últimos días muy duros. Todo le parecía bien. Todo era bello y bonito.
Veía un hombre por la calle y le daban ganas de decirle un piropo retrechero y de seguirle y de pedirle el teléfono y de invitarle a una copa o dos, o de ponerle un piso.
Pero le pasaba también si se cruzaba con una señorita. Y si se cruzaba con una mujer. Y si se cruzaba con un perro.
Todo esto le sumía en una confusión enorme. ¿Seré homosexual? ¿Seré tonto? ¿Estaré volviéndome loco?
Sólo la última respuesta era válida. Ahora tenía que aprender a vivir con este trastorno tan raro, aprender a no hacerle caso a lo que antes no le hacía caso y seguir haciéndole caso a lo que le hacía caso.
Los consejos del psicólogo habían sido que se relajara que no pensara las cosas que siguiera viéndolo todo y que aprendiera, que con el tiempo el estado de ansiedad en el que vivía se pasaría.
Se puso a ello con temor, le resultaba muy difícil, no sabía discriminar lo feo y todo era bueno y bello. Todas las gentes hermosas, todas las cosas bellas, todas las cosas deseables. El problema principal era conservar su estatus de heterosexual. Le resultaban atractivas las mujeres. Y ahora veía a los hombres también como hermosos. Lo único que los diferenciaba era que a los hombres no quería practicarles las mismas cosas que a las mujeres.
Pero la vida le resultaba dura. Miraba a los hombres por la calle. Y eso no le parecía bien. Y miraba a las mujeres por la calle. Y eso no le parecía bien. Vivía una vida distinta a la que quería.
Incluso miraba a los perros. Y él odiaba de siempre a los perros.
Necesitaba un sistema para poder abstraerse de todo. Se le ocurrieron dos: rechazar las ideas y sumergirse en ellas.
Rechazar las ideas era difícil y le hacía poner caras raras. Así nunca conseguiría novia.
Sumergirse en las ideas era duro. Seguía sus ideas hasta lo más absurdo, hasta el momento en que besaba o peor a un hombre, a un perro, a una marmota. Hasta encontrarlas el punto divertido. Era divertido imaginarse morreando a un loro, a una tortuga, a una marmota (qué bigotes más bonitos y más suaves tenían las marmotas) pero encontrarle la gracia a verse morreándose con el conductor de la EMT era difícil al principio. Luego le fue cogiendo el punto. Y se veía morreando a todo el mundo. Al cobrador del frac, al estanquero, al perro policía, a la vecina. Eso sí que era pantofilia. Todo el mundo amado y querido por él.
Un día le sucedió que no consiguió imaginarse con una mujer. Esa habría de ser la suya.