No podría decir la razón pero últimamente todo me vuelve a ti. Y eso siempre es lo peor. No saber la razón de las cosas. Desde que empecé a acostarme con ella, a saber que la quiero, que estoy enamorado de ella ha aparecido tu recuerdo. Deberías saber que he estado mucho tiempo sin pensar en ti, que ni siquiera cuando me hablaban de ti pensaba en ti. Era como si hablaran de otra persona distinta, de una persona que yo había conocido y que tenía tu nombre, una persona que estaba en los mismos escenarios y con los mismos personajes que tú, pero no eras tú exactamente. Había conseguido sustituirte por otra, por una mujer que no eras tú, una mujer que tenía tu cuerpo, tus palabras, pero que no eras tú. Había conseguido eliminar lo esencial de ti en ese recuerdo. Supuse durante ese tiempo que todo lo había creado yo de alguna manera. Que no habían sucedido las cosas tal y como las recordaba. Y que por eso todo pasaba de ese modo. Por eso te podían mencionar sin que yo pensara nada. Sin que yo pensara en ti. Pero desde que ella está en mi vida tú estás empeñada en volver. Una imagen en una revista. Una mujer fuma. Su escote es pronunciado y parece mínimo. Su muñeca baja con displicencia mientras sujeta el cigarrillo. Los ojos son grandes. El pelo parece negligentemente peinado. Esa misma pose la tenías tú mientras fumabas. Tiene incluso el mismo escote mínimo e insinuante al que me asomaba. Se me ocurren las mismas palabras que entonces yo te decía al oído. Las mismas palabras sobre tu sujetador. Sus muslos blancos y mates aparecen entre la sábana. Ni tus muslos ni los de las chica de la imagen serán tan mates ni tan blancos. Todo parece ahora irreal. Las palabras en tu oído. Tus miradas. Tus escotes insinuantes. Tus preguntas. Tu cigarro. Nada de eso parece haber sucedido. En ese tiempo yo recreaba un futuro que nunca podría existir. Incluso entonces lo sabía. Y tú mejor que yo. Aunque siempre estuvieras poniéndome a prueba. Aunque siempre pareciera un aspirante al que tú examinabas. En ese futuro tú estás en mi cama como no lo estuviste nunca, en mi cama como sí lo está ella. Tus muslos desnudos y seguramente no tan mates como los suyos eran los que se aparecían entre las sábanas probablemente más lujosas, más sedosas que estas que nos resguardan ahora a ella y a mí. Caminamos por la calle mientras tú me coges del brazo y yo protesto una vez más, pero me miras y te ríes y yo me río y te aprietas aún más contra mí y no puedo evitarlo y no puedo protestar si quiera y te quedas ahí agarrada. Ella nunca se agarra a mi brazo y por eso la quiero tanto. Nuestra casa es grande y luminosa y no está aquí donde vivo yo. No está con la gente que quiero estar. Está lejos de todo lo que siempre he conocido y amado. Lejos de ella, por supuesto. Pero estás tú cada vez que me asomo al jardín o cada vez que voy a salir de casa y te doy un beso aunque esté tan enfadado contigo que en realidad te odio casi con todo ese odio que sólo tengo guardado para mí. Y tenemos lugares habituales y gentes que me saludan con la mano y me preguntan por ti. Y voy a sitios que no son míos sino que son nuestros. Me agobia tanto este pensamiento que tengo que girar la cabeza hacia esos muslos blancos y mates. Mis manos se acercan y los acarician una vez más como lo haría si fueras tú y ese el futuro. Pero no lo es. A pesar de que aparezcas una y otra vez con una insistencia que no comprendo. Este juego de mi mente es absurdo porque no llevará a ningún lado. Porque no podré pagarlo con nadie. No podré pagarlo con ella que duerme ahora mientras yo miro a la pared. Tú te hacías pequeña a mi lado. Me lo decías continuamente. Me siento pequeña contigo. Ella se agiganta y es más de lo que parece. A mí me da mucho miedo. Porque estoy condenado a perderla. A ti no te perdí. Las otras siempre me dieron igual. Las eché. Otras han pasado, por un rato, por mi cama. Más parecidas a ti que a ella. Más pequeñas. Con unos senos mínimos e insinuantes. No lo digas. No te intentaba sustituir. Nunca te amé. No necesité ocupar tu espacio. Otras pasaron por mi cama y ninguna me hizo pensar en ti. Ninguna me recordó el deseo que tenía de ti. Pasaban y las echaba. Ninguna dormía como duerme esta ahora a mi lado. No sé si a ti te hubiera echado. No sé si lo hubiera hecho como lo hice con ellas. A esta mujer de ahora no puedo echarla. Porque el vacío que deja es más grande que todo el espacio que necesito. Por eso sus muslos tan blancos y tan mates están ahora en mi cama mientras ella duerme y yo no. Tú estarás persuadiendo a alguien de algo. Seduciendo a alguien. Haciéndote la posible. Como esa mujer que fuma en la fotografía. La memoria de los últimos días permanece en mi memoria. Me dijiste que te gustaba la realidad que yo inventaba para ti. Para ella no tengo que inventar la realidad. Con ella me basta con vivirla. Espero que a ella también. Esa memoria permanece. Algo tendré que hacer para borrarla.
lunes, 21 de febrero de 2011
UNA EXPLICACIÓN. CREATURA Nº 60.
jueves, 30 de diciembre de 2010
AQUEL DICIEMBRE. CREATURA Nº 59
miércoles, 1 de diciembre de 2010
DOS HÉROES. CREATURA 58.
jueves, 4 de noviembre de 2010
18 DE AGOSTO DE 2010. CREATURA 57. DELIRIO VANO È QUESTO!
jueves, 30 de septiembre de 2010
CREATURA Nº 56. EL VIAJE
Fue a mediados del siglo XIX cuando el viaje se estableció como elemento de ocio en la sociedad moderna. Empezó siendo un elemento de lujo, sólo disponible para unos pocos privilegiados, pero con la aparición de la Agencia Cook, poco a poco el privilegio llegó cada vez a más y más personas que demandaban el producto como un elemento más de la sociedad de ocio y consumo que se iba construyendo entorno a la base de la oferta y la demanda capitalista. Los viajeros de la Agencia Cook podían aparecer en cualquier lado del mundo. Los destinos exóticos eran los favoritos de estos. Egipto, África, España, lugares ignotos y con resonancias aventureras en las mentes de los viajantes. Los viajeros de la Cook fueron mil veces parodiados en obras literarias. Eran viajeros cotillas que aparecían en cualquier momento sin que nadie lo esperara y que se comportaban como si estuvieran en el portal de su casa. Era el nacimiento del turista.
¿Qué diferencia a un turista de un viajero? El turista viaja por placer, el viajero tiene más intereses para hacerlo. La proliferación del viaje conllevó una explosión de la literatura de viaje, que si bien existía desde, al menos, la Edad Media, sufrió un importante crecimiento. Además supuso el nacimiento de las guías de viaje. Con esta proliferación y la entrada en el mercado de consumo del viaje nació algo más, nació la necesidad del viaje. Como artículo accesible se volvió no sólo deseable, sino necesario. Y en torno al viaje se creó toda una mitología, toda una publicidad positiva que hizo del viaje una experiencia vital absolutamente imprescindible en la vida de una persona. Así, poco a poco se ha ido articulando una teoría del viaje como elemento básico no sólo en el ocio de una persona, sino en su formación intelectual y social, en su formación básica. Se habla del viaje como elemento indispensable. No como opción, sino como obligación.
“¿Dónde has estado?” No parece que la respuesta pueda ser en ningún sitio. Sólo los incapaces permanecen quietos. Ahora bien, ¿qué hay de cierto en esa necesidad creada, en esas expectativas que vertemos sobre el viaje? ¿Realmente forma la persona? ¿Forman la capacidad crítica? ¿La comprensión? ¿Nos forma el viaje? El planteamiento inicial dice que sí, que ver otras culturas, otras gentes, oír otras lenguas, probar otros sabores forma nuestro espíritu. Si bien este hecho es discutible (¿por qué debemos aprender sólo cuando vemos o probamos como si fuéramos Tomás apóstol? ¿no sirve el conocimiento previo de la alteridad para saber que hay otros y que los otros no son en todo, aunque sí en lo básico y humano, como nosotros?) parece uno de los tópicos generalmente aceptados por todos: alguien viajado será mejor. Pero no parece que sea siempre así. Parece más bien que se ha invertido la polaridad y que sucede lo contrario. Que la gente pasa por los sitios, pero que los sitios no pasan por la gente. El nacimiento del turismo como negocio contribuyó a la facilidad de ocupar los sitios, de visitar lugares, de que sean accesibles. De esta forma pasa la gente por los sitios como quien pasa por un catálogo. Parece que el gran objetivo del viaje es tachar de la lista un lugar, poder decir “yo he estado allí”. Como quien ama a una mujer para poder contarlo después, para poder decir ella estuvo un día en mi cama.
El lema es: “Juan estuvo aquí”. Poder escribir ese letrero es el objetivo. Abundan los viajes organizados donde cada diez minutos hemos de observar una de las maravillas que guarda la vida local. ¿Qué descubrimiento se hará en la cola de acceso a un monumento? ¿Qué importancia tiene realmente ese monumento? ¿Quién lo estableció como tal? ¿Qué importa? ¿Y aquel museo? ¿Dónde reside el alma de un lugar? ¿Lo captaré de alguna manera? ¿Será esta la de visitar sus lugares marcados en el mapa? La catalogación de lugares parece el primordial de los objetivos del viaje: fotos, vídeos, souvenires que vuelven a decir “Yo estuve allí” “Yo lo he ocupado” “Yo lo he visto”. Y bien, yo estuve allí. ¿Y qué sucedió allí? ¿Se produjo en mí la catarsis anunciada? ¿Comprendí de pronto la realidad? ¿O simplemente abrí la boca y observé lo que me indicaban?
domingo, 22 de agosto de 2010
ESCRITOR. DELIRIO VANO È QUESTO! CREATURA Nº 55
De esto también puedes hacer literatura. Yo puedo hacer literatura de todo. Eso dije. De todo. No es cierto. Y es pretencioso. Me daba la mano y me dijo, mira nos reflejamos en el cristal. Pero no nos reflejábamos en el cristal. En medio del cristal nos separaban franjas de metal. Justo a la altura de nuestras manos juntas. Me miraba y sonreía. América está en tu boca es un título estúpido. Absurdo. Me cuentas que has escrito un relato. Literatura. Soy más feliz cuando no escribo. No quiero escribir. Pero escribo. Ahí sí que podía haber literatura. Todo lo puedo convertir en literatura. Salgo a correr.Mis huellas se marcan en la arena. Al volver intento volver a pisarlas. Literatura. Chelo dice: me gusta como escribes. No me conoce. No me lo dice siquiera a mí. Sólo hemos coincidido un breve momento. No nos vimos. Ni una palabra. Tu tenías los píes puestos encima del salpicadero. En su sitio. Dos semanas sin sexo. Literatura. Fran y yo cambiamos ideas. Pretenciosas. Que sólo valen en esta conversación y para nosotros. Literatura. Hablamos un poco como en una novela. Nos reímos de nosotros. Chelo manda un mensaje. Pura literatura. Todo lo estoy inventado yo. En el bar tú y yo cambiamos papeles que vamos rellenando con estupideces. Eso no es literatura. Pero el momento sí. (Es el momento de decir que el deíctico, que “tú”, es universal, que marca a todas las personas de este planeta, incluso a mí. Y vale para todas las personas y no siempre va a ser la misma) Y en ese momento no me interesaba la literatura. Sólo subirte encima de la mesa y que folláramos. Literatura. Me miras. Sonríes. Me mientes. Sonríes. Literatura. Me cuentas historias de tu vida que tienen toda la pinta de ser inventadas. Literatura. Mientes muy bien. Dan ganas de creerte. De quererte. Pero no lo hago. Es pura literatura. No me gusta escribir. Me parece absurdo, tonto. Lo mejor es que nadie lo lee, que a nadie le interesa. Demasiadas letras juntas. Pienso en ti. Eso no es literatura. Tengo una erección. Pienso en ti durante la erección. Pienso en otra. En otras. No me masturbo. Estupidez. Abro un libro y busco una respuesta. Escribo y tengo mil preguntas. Salgo a pasear. Respiro. Pienso. El calor me hace sudar. Mi sudor huele un poco dulce. Sonrío. Vivo. A la mierda la literatura. Me paro delante de una papelería. Miro las nuevas Waterman. Me enamoro de la dependienta que las vende. Más literatura. De esto también puedes hacer literatura. Los vecinos pasan y piensan que somos novios. ¿América está en tu boca? Eso me suena mucho. Nebraska no sirve para nada. El funambulista es un dibujo de Gaspar. Te miro los pechos. Pequeños. Tal vez puntiagudos. Deseo. Literatura. La literatura es deseo y tus pechos son deseo. Luego tus pechos son literatura. Me voy de tu lado. Seguro deque me equivoco. De que debí hacer otra cosa. Pero ¿Ves? Una vez más hago literatura. Escribo el momento. Lo rehago. Tu cigarro en mi mano ha dejado un olor a tabaco que después en casa tardo mucho en borrar. Me lavo las manos. ¿América está en tu boca? En la cama no puedo dormir. Quiero decirte que pienso en ti y no me dejas dormir. Deseo. Literatura. No sé qué cojones pasa. Escribo un mensaje. Yo sólo quiero dormir. Escribir no sirve para nada. Alicia no es Ilsa Lazlo. Luisa no es Dorita. Literatura. La palabra es más fácil. Palabras para ti. No las pronuncies. Deseo. Amor. Literatura. De mi cumpleaños no te olvidarás. Tengo buena memoria. Recuerdo muchas cosas. A ella más que a ti. Cuento mi vida. Tu vida. Odio el drama ¿Ya nos podemos reír de esto? Nos podemos reír de todo. Eres más feliz si eres infeliz. Escribo una declaración de amor. No está escrita para ti. No está escrita ahora (ya era hora de que lo dijera). Conventos. Pueblos abandonados. Ventanas de instituto. Literatura. ¿No sé decir las cosas sin inventarlas? Te miro a los ojos y te insulto. Soy sincero. Literatura. Tiene mi polla en su boca. Esto sí que es literatura. Lo he leído. Y cuando me ha pasado lo he pensado. Literatura. Deseo. No puedo dormir por el calor. Pienso en ti. Y en ella. Y en esa otra. Mi cabeza es un tiovivo. Los nombres llegan y se van a una velocidad que no puedo controlar. Las caras vienen con los nombres. Esta frase sirve para el facebook. Leo a Sabines. Escucho a Gershwin. I wants to stay here. Una mujer que se aupa en unos pies. Hago rabiar a alguien. No entiendo a Mahler. Sentado ante el ordenador. Me masturbo. Y escribo. Es lo mismo. Marco un número de teléfono. Me siento culpable. Resisto la culpa. El domingo por la tarde quiero odiarme. Me gusta más odiarme que odiarte. Odiarte es absurdo. Si me sonríes. Literatura. La terapeuta y los patos. Literatura. Eres más guapa que tu hermana. Yo sé hacer muchas cosas. Sé hacerlas mejor. Pero esta mujer es tan guapa. Tan fotogénica. Te miento. Me mientes. Literatura. Gema María me dice que no le gusta lo último que he escrito. Que no le gustan muchas cosas que escribo. Ya era hora de que alguien lo dijera. Doy vueltas con ella girándome. Puedo hacer literatura también de esto. Pero no quiero. La literatura es una mierda. Y yo no quiero escribir.