jueves, 4 de junio de 2009

VINDICACIÓN DEL PAGAFANTAS. CREATURA Nº 40 DELIRIO VANO E QUESTO!

Sabiendo que tenían tanto en común y habiendo coincidido o habiéndose conocido unos a otros bien por internet bien en sus salidas nocturnas, bien por amigos u otras coincidencias, ser reunían los Pagafantas siempre que podían en un sitio que era conocido por ellos. Bueno, por ellos y por todos, pues no era más que un parque donde aprovechaban para tostar su pálida piel y para comer pipas con una velocidad, pasión y precisión difíciles de igualar.
Tenían bastantes temas de conversación, cómics, películas, canciones, poemas amorosos, juegos online, consolas y otras ocupaciones meramente intelectuales como teoría del fútbol o de cómo cambiar rápidamente una rueda de un monoplaza fórmula 1. Sin embargo sus conversaciones siempre eran muy parecidas y acababan por tender hacia el objeto de su deseo, hacia aquello que jamás llegarían a conseguir, hacia sus bienamadas mujeres deseadas, sus “recibe fantas” del corazón y el alma.
Eran mujeres fabulosas, todas hermosas, candorosas, buenas, tiernas, inteligentes, divertidas y con muchas otras hermosas cualidades que adornaban sus preciosos cuerpos, sus deseados y adorados cuerpos.
Esas mujeres y su imposible amor eran la obsesión de todos los pagafantas del mundo y de estos por supuesto también. Esas hermosas mujeres y sus despechos y sus desvaríos y sus Buenos días, sus buenos momentos en que se percataban de ellos, de su existencia, y se volvían a ellos y los tomaban como amigos, esos amigos que hacían lo que fuera necesario y más por ellas, que pagaban sus fantas o lo que fuera, que hacían lo que ellas querían, que opinaban lo que ellas opinaban, que deseaban lo que ellas deseaban.
Así algunos eran aficionados a los dibujos de Hello Kitty, otros veían con fruición telenovelas venezolanas, muchos escuchaban horripilantes discos de cantantes hermosos y adolescentes, otros se apuntaban a clases de pilates, aquaeróbic, judo, danza del vientre. Todos eran un poco chóferes. Un mucho almohadones para dormir o pañuelos de lágrimas. Tenían un repertorio de frases hechas, estás estupenda, qué bien te queda, es horrible, qué divertido, pega con tus ojos. En realidad querían decir otras cosas, te metía de todo menos miedo, qué tetas te hace, es horrible, me lo paso genial pero me lo pasaría mejor si…, con esas tetas que tienes nadie va a mirar si hace o no juego con tus ojos.
Cada uno tenía su amada: Pilar, Alicia, Gemma, Ana, Rita, Irene, Noemí, María, y cada una de ellas era mejor que la otra, siempre según el parecer de cada pagafantas al que preguntaras.
Y todas eran hermosas y con cierta tendencia inefable a la perfección. Cierta falsa tendencia a la perfección. O a la perfección según ellos. No tenían defectos. Les hacían llorar por las noches y rezar a Dios o lo que fuera para que ellas un día…Ellos sin embargo no eran nada agraciados. Eran feos. Muy feos. Por eso el resto de los hombres no les veían peligrosos. Y hasta los novios les dejaban sin problemas, sin celos en compañía de sus novias toda la tarde. Incluso en la casa, en la habitación de ellas.
Eso les impedía, según ellos, llegar a ellas. Eran feísimos. La gloria era para otros, para los guapos. La Gloria y todas las demás.
Por suerte para ellos siempre había una fea que al final les quería, o más bien quería casarse con ellos y les acompañaba (que era lo más que podían conseguir, compañía) durante toda la vida.
Los más afortunados llegaban a querer a esas otras mujeres. Otros no.
En los foros de pagafantas se daban consejos de cómo dejar a la mujer amada. No verla en un día, luego la ves y estás dos sin verla. Luego cinco sin verla y un día con ella y así hasta que no la tengas que ver más. ¿Y si me llama? No seas absurdo, ¿cuántas veces te ha llamado en la vida? Ninguna. Pues eso. Pocos lo conseguían. Lo que sucedía era que ellas al final encontraban a otro y les daban de lado. Y ellos se quedaban con un palmo de narices y más tristes que un móvil lleno de fotos de un perro.
Eran, sin embargo, tipos optimistas estos pagafantas. No cejaban en su amor por más que todo les fuera mal. Eran como un aficionado del Atleti, que perdía por tres y decía, bueno, aún quedan seis minutos. Y ellos creían, a pesar de no tener ninguna opción ni oportunidad. Pero soñar es gratis. Y ellos soñaban y soñaban y soñaban. Era tan bonito soñar. Todos soñaban con ser el Gran Pagafantas. Aquel que consiguiera ser amado por su amada, aquel que consiguiera el sueño. Pero ninguno lo conseguía. Muchos soñaban sólo con ser capaces de meterse en la cama de la chica, de poder, por qué no decirlo, acostarse con ella, darse al menos ese gran capricho. Pero pasaban generaciones y generaciones de pagafantas y ninguno lo conseguía. Se hizo mítica la historia del que hasta el momento era el Gran Pagafantas.
Mateo, con ese nombre no se esperaba de él otra cosa que ser un pagafantas, consiguió que un día esa mujer, la gran mujer, la mujer a la que amaba… le diera un beso. Es lo más a lo que ha llegado nunca un pagafantas. A nada más. Ella, de nombre Lidia, estaba un día borracha. Él la cuidaba. Ella lloraba. Otro la había dejado. Él, Mateo, odiaba a aquel otro. Le hubiera partido la cara. Y así lo dijo. Y ella entonces, entre la confusión, la pena y el agradecimiento, le besó. Tampoco se crean que fue una cosa espectacular. Fue un piquito. Una cosa más bien triste. Pero ese beso, ese gesto, se hizo mítico y todos querían ser Mateo, y pagaban copas y copas a sus amadas a ver si borrachas… y criticaba y criticaban a los otros a ver si enfadadas… pero no había manera. Nadie lo conseguía, ninguno lo repitió. Por eso Mateo era el Gran Pagafantas, el único que había conseguido un beso.Grandes tipos estos Pagafantas, generosos y optimistas, amantes, de amor bonito. Poetas. Artistas. Dios les bendiga y les proteja. Falta hace.

lunes, 27 de abril de 2009

FERNANDO PERDIGUERO - ÓSCAR PIN. CREATURA Nº 39

Fernando Perdiguero es un nombre básico en el humor español. Es un doble nombre. El de un padre y un hijo que, cada uno en su tiempo y a su manera, hicieron que un género o una forma de contar las cosas llegara a cotas difícilmente igualable. Dice Antonio Mingote que no es que ya no haya un género humorístico, sino que ese género ha conseguido introducirse en todo, acoplarse a todo y que así es muy difícil encontrarle solo. En parte estas palabras son ciertas. Hay mucho humor mezclado en muchas cosas. Pero por desgracia aún no está en todo.
Fernando Perdiguero es el nombre del gran factótum de La Codorniz, su secretario. Perdiguero, conocido como Cero o Menda en sus alías más famosos, era el brazo ejecutor de la gran revista humorística, espejo de muchas que nunca consiguieron ese reflejo. Álvaro de Laiglesia era el director, la cara. Perdiguero era el secretario, el brazo, la cabeza, las piernas y la cabeza de la revista.De este hombre injustamente tratado, detenido y afortunadamente indultado es hijo el otro Fernando Perdiguero, del que hablamos hoy. El segundo Perdiguero, que siempre ha firmado como Óscar Pin y al que así llamaremos para no complicar mucho la cosa, inicia su colaboración en la revista muy jovencito. Desde muy niño, imitando a su padre, se encierra en su habitación a escribir, a hacer humor. Escribe las cosas que le divierten, que le hacen reír. Su padre en principio dibujante pasa después a la palabra. Pin es narrador desde el principio y su obra resume perfectamente la evolución y el esplendor del humor en la segunda mitad del siglo XX.
Cero comienza con Mihura, Tono y Neville en las revistas de los años 20, y su humor tiene mucho que ver con la vanguardia. Ruptura de tópicos, visión atípica de la realidad, desmontaje de la sociedad, sobre todo a través del lenguaje que es lo que configura la realidad, la vida a las gentes.
Con ese bagaje llega la segunda generación de humoristas. Más realistas, por necesidades del guión (recrudecimiento de la situación económica, social y sobre todo política) y por la petición del público (o del director de la revista en nombre de ese público). Este humorismo más realista cuenta con nombres ilustres que aún perduran, con su obra o en nuestra memoria. Mingote, Azcona, Gila, Chummy Chúmez, Evaristo Acevedo, Laiglesia, Pin, y muchos más publican en periódicos, revistas, novelas, teatro, cine. Su obra vuelve la cara a la realidad, no para criticarla (no se puede, la censura aprieta, el régimen castiga), pero sí para contarla y que ella misma se retrate.
En ese ambiente, protegidos por el idealismo de la primera generación y aupados por el éxito y la necesidad de un humor más realista, los nuevos autores combinan las dos expresiones consiguiendo un producto que sirve a la vez de regocijo y conocimiento de la realidad, siquiera sea por omisión.
Conviven con la antigua tendencia, pero su visión es distinta, necesariamente.
Las novelas y los cuentos de Óscar Pin tienen, dentro de lo posible, un píe en cada extremo de las posibilidades. Jugando con lo real y con la imaginación. Con el ataque al tópico y la visión de lo real y criticable. Esta combinación es difícil y por ello hay que prestar mucha atención en lo leído para encontrar lo que decimos. La obra de Óscar Pin es extensa y se extiende hasta prácticamente nuestros días (prepara una nueva novela y hace un año salió una Antología Breve). Se inicia con El rey y Mari Pepi, un debut más que interesante. Es una novela en la que encontramos todo lo bueno del humor del 27, destrucción de tópicos lingüísticos y sociales, configuración de un mundo particular donde las reglas son parecidas a las del mundo real, pero no son las del mundo real, dándole un cierto aire de parodia. Tal vez destaque la creación de un gag que después será muy aplaudido cuando Mihura lo incorpora a Maribel y la extraña familia, el padre de Mari Loli trabaja de visita en casa de unos señores. Y no sólo eso, también de “coco”. Destacables también son Cuando no hay guerra da gusto, Los náufragos del Queen Enriqueta, Divina comedia dos, Devuélveme la visa, nena o El Cambiazo, donde encontramos a un hombre atrapado en un ministerio casi eternamente por culpa de la burocracia. Una obra rica, divertida, con matices, de un escritor, que como todos los de su género es poco apreciado.

domingo, 5 de abril de 2009

PANTOFILIA. DELIRIO VANO É QUESTO! CREATURA Nº 38

- ¡Pantofilia!
- ¿Pantofilia?
- Sí, pantolofilia.
- Pantofilia…
- Sí, y deje ya de repetirlo, pantofilia, pantofilia, pantofilia.
- ¿Qué es la pantofilia, doctor?
- Una vez más te repito que no soy doctor, que soy psicólogo.
- ¿Qué es la pantofilia, psicólogo?
- No me llames psicólogo, sabes como me llamo.
- ¿Qué es la pantofilia, Jacinto?
- La pantofilia es un trastorno poco grave, no tienes que preocuparte.
- ¿En qué consiste?
- Bueno, yo sólo le pongo nombre, la definición seguro que tú la conoces mucho mejor que nadie. Es básicamente lo que te pasa a ti. De hecho, no la he descubierto en ti, pero casi, casi, hay pocos pacientes de esto en el mundo.
- Pantofilia… Me dices más o menos en qué consiste, es para explicárselo a mis amigos y a la gente que me pregunte.- Viene del griego, “Pan”, todo, “filia” amor. Es decir que te gusta todo, que todo te parece bien, te parece bonito, amable, necesario, que todo te atrae.
- Ajá.
- Sí. Mira esta foto de Elsa Pataki, ¿qué te parece?
- Me gusta mucho, doctor.
- No me llames doctor.
- Bueno, me sigue gustando mucho.
- Vale, mira esta de mi portera barriendo el portal, con el pelo sucio y sus 63 años.
- Me gusta mucho.
- Vale, mira esta foto de George Clooney.
- Me gusta mucho.
- Bien, y esta del feo de los Calatrava…
- Me gusta, ¿por qué dice que es feo? No es nada feo, tiene una belleza fabulosa.
- ¿Ves? A eso me refiero con lo de la pantofilia, con lo de que todo te gusta, no sabes discriminar lo bello de lo no bello y todo te gusta y te parece bien.
- ¿Por eso mi extraña afición última de alabar la belleza de los hombres?
- Sí.
- ¿Y por eso que todo me parecía bien y me gustaba?
- Sí.
- ¿Y por eso me gustaba hasta la comida del bar de debajo de mi casa?- Por eso mismo.

Después de toda esta conversación Damián salió de la consulta del psicólogo. Estaba más tranquilo. Había pasado unos últimos días muy duros. Todo le parecía bien. Todo era bello y bonito.
Veía un hombre por la calle y le daban ganas de decirle un piropo retrechero y de seguirle y de pedirle el teléfono y de invitarle a una copa o dos, o de ponerle un piso.
Pero le pasaba también si se cruzaba con una señorita. Y si se cruzaba con una mujer. Y si se cruzaba con un perro.
Todo esto le sumía en una confusión enorme. ¿Seré homosexual? ¿Seré tonto? ¿Estaré volviéndome loco?
Sólo la última respuesta era válida. Ahora tenía que aprender a vivir con este trastorno tan raro, aprender a no hacerle caso a lo que antes no le hacía caso y seguir haciéndole caso a lo que le hacía caso.
Los consejos del psicólogo habían sido que se relajara que no pensara las cosas que siguiera viéndolo todo y que aprendiera, que con el tiempo el estado de ansiedad en el que vivía se pasaría.
Se puso a ello con temor, le resultaba muy difícil, no sabía discriminar lo feo y todo era bueno y bello. Todas las gentes hermosas, todas las cosas bellas, todas las cosas deseables. El problema principal era conservar su estatus de heterosexual. Le resultaban atractivas las mujeres. Y ahora veía a los hombres también como hermosos. Lo único que los diferenciaba era que a los hombres no quería practicarles las mismas cosas que a las mujeres.
Pero la vida le resultaba dura. Miraba a los hombres por la calle. Y eso no le parecía bien. Y miraba a las mujeres por la calle. Y eso no le parecía bien. Vivía una vida distinta a la que quería.
Incluso miraba a los perros. Y él odiaba de siempre a los perros.
Necesitaba un sistema para poder abstraerse de todo. Se le ocurrieron dos: rechazar las ideas y sumergirse en ellas.
Rechazar las ideas era difícil y le hacía poner caras raras. Así nunca conseguiría novia.
Sumergirse en las ideas era duro. Seguía sus ideas hasta lo más absurdo, hasta el momento en que besaba o peor a un hombre, a un perro, a una marmota. Hasta encontrarlas el punto divertido. Era divertido imaginarse morreando a un loro, a una tortuga, a una marmota (qué bigotes más bonitos y más suaves tenían las marmotas) pero encontrarle la gracia a verse morreándose con el conductor de la EMT era difícil al principio. Luego le fue cogiendo el punto. Y se veía morreando a todo el mundo. Al cobrador del frac, al estanquero, al perro policía, a la vecina. Eso sí que era pantofilia. Todo el mundo amado y querido por él.
Un día le sucedió que no consiguió imaginarse con una mujer. Esa habría de ser la suya.

lunes, 23 de febrero de 2009

RETÓRICA. LA ALITERACIÓN. CREATURA Nº 37

Comenzamos hoy una nueva experiencia en esta sección. Vamos a explicar un poco que es la retórica y sus figuras, ¿por qué? ¿para qué? Buenas preguntas siempre. Porque así se entienden mejor las obras literarias o con propósito literario. Para que así entendamos mejor estás obras.
La retórica y sus figuras son esas cosas que nos explican en el colegio (y que se siguen explicando) cuando se trata de que entendamos mejor los textos. Una vez pasado el colegio (e incluso en este) la gente se olvida de la retórica, de sus figuras, de para qué sirve y de cómo son.
El humilde propósito de esta sección es el de explicar y rescatar algunas de estas figuras retóricas y acercarlas a los lectores, improbables sin duda, de este fanzine y esta sección.
Comenzamos hoy con una de las figuras más sugerentes, la aliteración. La aliteración consiste, en una definición doctrinal en una figura que, mediante la repetición de fonemas, sobre todo consonánticos, contribuye a la estructura o expresividad del verso.
O lo que es lo mismo en una forma más llana: la repetición de letras o sonidos para crear una sensación en lector o mejor dicho en el receptor.
Veámoslo con el ejemplo clásico:
“Bajo el ala aleve del leve abanico…” Vemos la repetición de la letra y el sonido “l”, que da sensación de que ese abanico está sonando, está siendo agitado y suena “lllllll” o “flap flap flap”.
Dice la definición que la repetición se hace con fonemas o sonidos consonánticos, pero vemos como aquí también la repetición de la “a” ayuda a remarcar ese sonido.
Pero como la función de la sección de hoy es ser útil y aprovechable para el lector acerquemos la aliteración al arte popular.
Por ejemplo la canción pop o pop – rock, tal vez el más popular de todos los artes actuales.
Comencemos con un ejemplo de los 80, Radio Futura en su canción han caído los dos: “Han caído los dos, cual soldados fulminados al suelo (…) vigilados por el ojo incansable del deseo voraz sometidos a una insoportable tensión de silencio.” Vemos en este último verso la repetición de la letra o sonido “s”, que como un susurro se nos va colando en la cabeza o en el oído. ¿Qué indica dicha repetición? Pensemos en el sonido que oímos “ssssssss” repetido. ¿Qué suele indicar dicho sonido? Pues aunque sea un contrasentido ese es el sonido que se utiliza para pedir silencio. Repasemos el verso: “sometidos a una insoportable tensión de silencio” parece que no es algo aleatorio, que esa repetición es buscada, que nos indica adrede silencio, palabra con la que termina la frase. “sssssss” callemos pues.
Busquemos más ejemplos. La canción ahora es Prometeo de Extremoduro. Toda la canción es una continua aliteración de un sonido. Pero fijémonos en una parte concreta: “… me revuelco por el suelo y me revienta la polla de pensar en ti: me desangro y riego tu jardín…”
Evidentemente el sonido repetido, aliterado, es el de la vibrante múltiple “rr” toda la canción se queda en el oído con ese zumbido constante “rr” de hecho a continuación sigue la canción “Ronca de madrugada…” ¿Pero es el del ronquido el sonido que nos quiere indicar el autor? No lo parece. El sonido “rrr” es más indicado (y así aparece en algunas onomatopeyas, del cómic por ejemplo) para mostrar enfado, mal humor: rabia al fin y al cabo. Y toda la canción despide esa rabia concentrada en esos versos que hemos remarcado: “… me revuelco por el suelo y me revienta la polla de pensar en ti: me desangro y riego tu jardín…” Rabia por la desilusión amorosa. Por el desamor. O, en una canción de este corte, por no llegar a la culminación del amor “… me revienta la polla de pensar en ti…”
Un último ejemplo, de una canción de éxito, Por la boca vive el pez de Fito y los Fitipaldis: “…no quiero ver la aurora, quiero mirar tus ojos del color de la coca cola…” Al buscarse habitualmente la eufonía (sonido agradable) en las composiciones, una aliteración del sonido “k” no será fácilmente encontrable. Aquí Fito consigue una aliteración de este sonido y que además no sea cacofónico, sino que sea eufónico que suene bien, y se quede. Esta repetición parece indicar dureza, aspereza. Así lo que se encuentra en esos ojos marrones, duros. Y así no hay más que buscar en otras canciones, poemas, o cualesquiera expresiones lingüísticas.

viernes, 6 de febrero de 2009

LA PAREJA PERFECTA. DELIRIO VANO É QUESTO! CREATURA Nº 36

La pareja perfecta había sido presentada por unos amigos, como todas las parejas perfectas. Y sus amigos, gente original sin duda, les dijeron antes de presentarlos: “Has de concerlo, es perfecto para ti” y al revés. Y una vez presentados y emparejados decían a todo el mundo: “Hay que ver, que pareja más perfecta hacen estos dos”. Y quienes les habían presentado sacaban pecho y decían: “nosotros, hemos sido nosotros los que los hemos presentado” como diciendo, “sí, sí, son muy perfectitos, pero si nosotros no los presentamos y se lo decimos aún seguirían solteros los muy merluzos, o aún peor, estarían con una pareja que no sería la suya, la perfecta para ellos.”
¿Por qué eran la pareja perfecta? Bueno, todos conocéis alguna de esas parejas que son perfectas, que terminan las frases del otro, que son iguales de guapos, que tienen unos gustos similares, que saben besarse en el momento exacto, que llevan una ropa similar y perfecta la una para el otro, como si se hubieran llamado y se hubieran combinado expresamente antes de salir para parecer perfectos.
Además siempre eran muy atentos el uno con el otro, siempre juntitos, diciéndose sus bondades, sin tonterías, sin estupideces, dándose cariño y dándose amor sin cortapisas y en el momento justo. Eran pues la pareja perfecta y como tal eran la envidia de todos los que los miraban y que pensaban o decían: “Yo quiero eso” “Yo quiero que me cojan de la mano y que me abracen y que me paguen las copas y que me den un pañuelo si tengo mocos y que me den dinero para pagar las copas y que me quieran como ellos se quieren, yo quiero eso.”
Su boda, ni que decir tiene, fue perfecta. ¿Esperaban ustedes otra cosa? Se casaron en la iglesia más bonita, con el más bonito día de primavera de la historia, la novia iba guapísima y el novio dijo unas palabras fantásticas, propias del mejor y más enamorado de los poetas. Las palomas aquel día abandonaron la plaza de la iglesia y en lugar de arroz una lluvia de pompas de jabón, pétalos de rosa y algodón de azúcar cayó sobre los novios al abandonar la perfecta iglesia que acaba de asistir a la confirmación ante Dios y ante los hombres de su amor perfecto.
La luna de miel fue perfecta. Y la aprovecharon para aliviar la miseria de algunos pueblecitos del país que visitaron. ¡Qué encantador detalle!
Su casa era perfecta, más que las de las revistas, y su coche era tan brillante que por la carretera de noche y con niebla se sabía que en él iba aquella perfecta pareja. Sus amigos no se cansaban nunca de ellos, siempre eran ingeniosos, educados, preocupados, eran los amigos perfectos. Daban unas cenas estupendas, donde, a pesar de ir todos borrachos, una perfecta borrachera, nadie decía impertinencias y era todo perfecto, hasta los chistes tontos de los borrachos. La pareja perfecta se pasaba el día juntos, trabajaban juntos y hacían un gran trabajo. No precisaban de nada ni de nadie más. Hacían mucho dinero y grandes negocios, pues todo el mundo se fiaba de ellos.
Todos querían saber el secreto de aquella perfección y cuando lo preguntaban, ambos se miraban tiernamente y decían “Somos así, eso es todo”.
Y eso era todo.
Eran así.
Empezaron a aparecerles imitadores, gentes que querían ser como ellos eran, gente que quería esa perfección y esa felicidad que destilaba la pareja perfecta.
Trataban de sonreír igual, de imitar su vestuario, su comportamiento, eran amables, atentos, educados con su pareja. Pero no les funcionaba. Al cabo de cuatro o cinco semanas estaban tan casados y aburridos el uno del otro que no querían volver a verse jamás en la vida.
Algunos consiguieron aguantar años enteros haciendo lo mismo que ellos y se querían y eran felices, pero su felicidad siempre acababa truncada por algunas cosas, detalles pequeños que al principio parecían encantadores, pequeños fallos que eran el alma de su relación de repente se fueron convirtiendo en momentos de una abrumadora pesadumbre. En un constante cabreo. Reprimido, sí, pero cabreo. Pero disimulaban y daban un paseo y se daban, en secreto, escondiendo en el coche las botellas, a la bebida. Volvían a casa borrachos y ya dispuestos a aguantar lo que nunca hubieran aguantado si no fuera porque veían que esa felicidad era perfecta y que se podía conseguir. Los más listos, los que más se querían, se daban cuenta después de un tiempo de mucho sufrimiento, que lo mejor era no imitarlos. Y que si tenían que irse tres días de borrachera con los amigos, o ver el fútbol o eructar delante de su pareja, no habría problema, pues al fin y al cabo se querían y si se querían que más daba que fueran o no perfectos.
El resto fue infeliz. Y una ola de infelicidad cubría gran parte de la ciudad por culpa de aquella pareja perfecta.
Ellos mientras tanto seguían siendo igual de perfectos, igual de guapos y de bien avenidos, igual de estupendos y encantadores. A nadie le extrañaba verlos siempre juntos, sonriendo, verlos siempre con ese aire de felicidad.
Lo que nunca nadie supo era el secreto de su felicidad. Ese secreto que ambos conocían y que no querían contar, y que no podían contar porque sería ya un poco tonto y porque habían mantenido su posición y su fama durante muchos, muchos años.Ese gran secreto era que no se querían, que no se habían querido nunca, que simplemente se toleraban, que estaban juntos por no estar solos, que actuaban ante los demás, para parecer lo que no eran y que actuando a veces hasta conseguían un esbozo de felicidad, pero no eran felices sólo lo parecían. Y nunca conocieron el amor, y el enfadarse por quererse, y la pasión, y la reconciliación y el miedo a la pérdida. Sólo fueron capaces de fingir.

viernes, 9 de enero de 2009

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS. CREATURA Nº 35

José Antonio Muñoz Rojas, nacido en 1909 en Antequera, es tal vez el poeta vivo español más nombrado en las quinielas que se traban en relación con los distintos premios literarios que en este país se dan. Eterno y ninguneado candidato al Cervantes, cada año parece que su no concesión al poeta malagueño será la definitiva, pues cada año parece que no llegará a la próxima elección. Opinión normal si tenemos en cuenta que el poeta roza ya los cien años de vida.
Pese a su edad el poeta ha vivido una senectud prolífica y según muchos es la mejor etapa de su producción.
Esta producción se inicia a finales de los años 20, alejada, no obstante, de la fuerte presión que el momento ejercían los movimientos de vanguardia. Sus primeros libros están más en la línea neo-romántica que se enlaza con la obra de la llamada generación del 36 : Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Leopoldo Panero y el más tardío José García Nieto. Este grupo está a la vez vincula a la producción del “recreador” de la poesía romántica en el siglo XX, Pedro Salinas, cuyo silencioso apradinajmiento sobre este grupo es más que evidente.
Su poesía es pues, más clásica que vanguardista, más tradicional que rupturista. Con unos temas que van más a lo personal que a lo universal. Con una visión particular del mundo, desde el yo, desde la visión íntima del poeta, que no traba relación con lo universal, con los problemas colectivos del hombre. Su poesía es íntima. Es propia. No busca ejemplarizar ni socializar al hombre. Sólo contar la realidad tal cual la ve.
Sin embargo su producción inicial y segunda andan un poco perdida en un mar de poetas que se expresan sobre los mismos temas y con cierta similitud en formas que hacen que para distinguirse un poeta tenga que sobresalir mucho. Este momento le llega a Muñoz Rojas en el año 54 y con un momento trágico. En ese año publica el autor la primera versión de sus Cantos a Rosa. Poesía amorosa en la que encontramos una distinción. Rosa, la mujer y amada del poeta ha muerto. Es un libro, pues, de elegías. Tal vez contenga las mejores elegías de la segunda mitad
Del siglo XX, tras las dedicas a Ramón Sijé por Miguel Hernández y la doble al torero Ignacio Sánchez Mejías. “¡Es tan bello cantarte! Yo estaría cantándote y cantándote (...) soñando en detenerla se me fue la vida.”
A partir de este libro el poeta no cambia su estilo, pero sí es más conocido por la crítica y el público. Su poesía es un un punto y seguido, no deja de crecer desde su inicio, pero no sufre variaciones fuertes en ningún momento. Es decir, que su conocimiento tiene más que ver con un aldabonazo en un tema poco manido que con una variación en sus formas y en sus temas.
De hecho el del amor será una constante en la poesía de Muñoz Rojas. Tal vez sea, junto con la vida y Dios, el gran tema de la poesía de Muñoz Rojas. “Hay compañías perfectas, las que no hablan y dicen tantas cosas sin hablar, (...) Los labios que tú sabes y no olvido” escribe en 2001 (Entre otros olvidos). En el mismo poemario encontramos: “No me dejes, tengo el corazón a medio romper”. O “Dije un día: la infinita extensión de tu cuerpo. Los poetas decimos a veces verdades que decimos sin saber” En este poema encontramos también otra de las preocupaciones fundamentales de la poesía del poeta antequerano: la propia poesía. Sus reflexiones sobre la poesía y la palabra llenan su obra. “Yo sólo sé escribir esto porque no sé hacer otra cosa” Objetos perdidos 1997. O “Escribir es morir, si alguien no espera la palabra, y la entiende y la hace suya.” Oscuridad adentro 1980.
Otro tema que recorre su poesía es del yo y su visión: “Si cuando pienso en la isla desierta no estuviera pensando en mí mismo (...) si me desenterrara y me rayera de este yomismo que soy, quizá fuera un hombre libre” Entre otros olvidos.
Por último destacar el tema de Dios: “¡Oh libertad de Dios ¡Oh vasta vida! ¡ Oh voluntad de paz que de ella mana!” Al dulce son de Dios 1945 “Señor que me has perdido las gafas, por qué no me las encuentras?” Objetos perdidos. Como vemos un Dios cercano, como una poesía cercana, de palabras fáciles y directas, como toda las de Muñoz Rojas. Poeta cercano al hombre y sus preocupaciones y su palabra. Se ha editado su poesía completa en verso: Obra completa en verso, Pre- Textos.

jueves, 11 de diciembre de 2008

UN MACHO ALFA UN MACHO OMEGA DELIRIO VANO É QUESTO! CREATURA Nº 34.

Un macho alfa, un macho omega.

Un bar de noche. El Macho alfa (alto, rubio, fuerte) y el Macho omega (ancho, castaño, fláccido) comparten copas y conversación. Alrededor hay poca luz, alguna de colores estridentes. Bastante gente. Tienen copas en la mano. La conversación ya está iniciada cuando nosotros la captamos.

M.A. Así fue...
M.O. Hombre, así contado parece fácil.
M.A. Es que fue fácil.
M.O. Claro para ti esas cosas son fáciles.
M.A. Bueno, para que nos vamos a engañar, es verdad que yo ahí tengo facilidad. Con mi verborrea tengo mucho ganado.
M.O. (Irónico) Sí, es verdad que tienes verborrea..
M.A. Y tú si quieras podrías tenerlo igual de fácil. Sólo tienes que proponértelo, y dejarte la barba, dejarte el pelo largo, a lo mejor cambiar un poco el estilo de la ropa...M.O. Sí, claro, hacerme un minitú pequeñito, no te jode.
M.A. Pues a mí no me va mal siendo yo, así que a lo mejor siendo un miniyo te iba bien.
M.O. A mí tampoco me va mal.
M.A. Hombre, pero digo que a lo mejor tenías más éxito entre el personal femenino con un poco más de modernidad en tu estilo.
M.O. No creo, las mujeres se pirran por hombres seguros.
M.A. Eso es la mitad, echarle morro.
M.O. Pues esa mitad la tienes superada. Y yo creo que compensa tu otra mitad, porque tienes morro para las dos caras.
(Entra en su campo de visión dos parejas, mujeres del montón de las guapas, aunque sin excesos. Un poco pijas)
M.A. A esa me la he tirado yo.
M.O. A mí me suena. A lo mejor he pensando en ella mientras me la meneaba...
Es un poco pija para tu estilo, ¿no?
M.A. Las pijas se vuelven locas por tipos como yo, así con esta pinta de modernitos, de guays, de machotes.
M.O. Va a ser eso por lo que a mí no me hacen ni caso. (El Macho Alfa comienza a reírse mucho, tal vez fruto del alcohol)
M.A. ¿Ves a la otra? Es la prima y también me la he tirado.
M.O. Eres un cabrón... A mí me suenan mucho los novios.
M.A. ¿También te pajeas pensando en ellos?
M.O. (Con retintín afeminado) No, ya sabes que yo eso sólo lo hago pensando en ti.
M.A. ¡Cómo debe ser!
M.O. Yo creo que los novios son de mi barrio, ese se llama Joaquín o Pepe.
M.A. Dos nombres muy parecidos.
M.O. Mucho, mucho.
M.A. Voy para allá.
M.O. ¿Qué haces? Nos van a partir la cara... Que tú pegarás hostias como panes, pero yo soy un mariquita.
M.A. No te preocupes, voy a marcar un poco de territorio, a que se reconozca quien es el macho de verdad en este bar. Ya verás como se ríen ellas cuando me acerque.
(El Macho Alfa se acerca a las dos mujeres Ellas sonríen al verle, y le tocan un poco losbrazos y tienen un brillo en la mirada que el Macho Omega sólo ha visto en las películas, los novios le sonríen también y le saludan como si fueran hermanos suyos. El Macho Omega se relaja y piensa “¡Qué cabrón!” El Macho Alfa vuelve junto a su amigo)
M.O. Un día nos van a partir la cara. Eso sí, nos la partirán pero habremos disfrutado de momentos como este.
M.A. Qué no nos parten la cara, hombre, si me admiran. Las chicas me han dado el teléfono. A lo mejor las llamo mañana.
(El Macho Omega mira renconrosamente, otra mujer pasa por delante. Es del montón de las feas)
M.A. Mira una de las tuyas.
M.O. A veces te odio.
M.A. Anda, si sé que me quieres.
M.O. A esa me la he tirado yo.
M.A. (Mira medio divertido, medio con mirada de cabroncete) Y no la saludas...
M.O. Las que se acuestan conmigo no suelen sonreírme después...
(Cae el telón lentamente mientras la noche sigue)
A Julio.